|
Violencia versus educación La ola de crímenes y delitos comunes que afecta a la sociedad dominicana cobra fuerza y se expande al paso de los días. Pareciera como si la difusión de un hecho lamentable sirve de estímulo para que otros actores entren a escena a protagonizar otro más repugnante. La frecuencia y velocidad con que se conocen esos sucesos conducen a preguntarnos: ¿Es que el instinto e impulso bestial se ha incrementado entre los dominicanos?, o ¿Es que existen más medios de comunicación electrónica que incentivan la ocurrencia de tragedias y a la vez los divulgan más rápido?. Cualquiera que sea su respuesta a estas interrogantes, amigo lector, es respetable, por cuanto el 80 por ciento de la conducta del ser humano es violenta y el individuo de hoy está bajo el influjo de diversos estímulos visuales, sonoros y psicodélicos. Además muchísimas personas no saben establecer fronteras entre lo imaginario y lo real. Entonces nada de novedoso tiene que un hecho espeluznante al espíritu y a nuestros sentidos tenga como estímulo el impacto que causó una acción fantástica en quien ahora ejecuta un suceso horroroso. De la magia que poseen los medios de comunicación podemos simplificarla con el siguiente ejemplo. La noticia sobre los daños que causó en Santo Domingo el ciclón San Zenón el primero de septiembre de 1933, se supo parcialmente en San Francisco de Macorís a los cuatro días. Ahora preguntamos, ¿Qué caso o qué cosa ocurre en estos momentos en cualquier recoveco del mundo que no lo sepamos al instante de ser recogido por el periodista, fotógrafo o camarógrafo?. Las perspectivas mediáticas aconsejan a que nos acostumbremos al influjo dinámico de los medios tradicionales de comunicación electrónica como son la radio y televisión, pues con la aparición y desarrollo de la internet ya se cuenta con los periódicos virtuales. No será requisito salir de escuelas de periodismo para comunicar informes o noticias, ya que internet es el medio de más libre acceso para que cualquier persona se convierta tanto en emisor como en receptor las veces que decida. Mientras tanto, el virus de la violencia se combate educando a todas las criaturas humanas, nacidas y por nacer, y cultivando las nobles facultades del espíritu. Así, y sólo así, podremos reducir la violencia social en todas las manifestaciones que conocemos hoy.
|
|