Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 444,
Edición 1
de julio del 2006, Rep. Dom.
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Privatizó las ganancias y socializó las pérdidas

En tiempo de las bárbaras naciones
de las cruces colgaban los ladrones,
pero en estos tiempos de luces
del ladrón cuelgan las cruces

Las miserias y barbaridades que padece el 85 porciento de la población dominicana son las consecuencias directas y visibles de la permisividad, tolerancia e impunidad de la corrupción de ‘cuello blanco’ en sus diferentes manifestaciones.

Ahora que la delincuencia común ha desbordado la capacidad de las autoridades para controlarla, a todos nos asalta el temor de ser la próxima víctima de los desmanes de muchachos que debutan en la ejecución de acciones espeluznantes y terribles sin el menor sentimiento de culpa ni sentido de arrepentimiento.

Con similar decisión y desenfreno ha actuado el pequeño grupo de privilegiados ciudadanos que desde hace muchísimos años ha robado y saqueado al Estado Dominicano sin que nada les pase.
Lamentable y triste es, para el grueso de la población, saber que no hay nadie preso por desfalco al erario nacional, ni por haber quebrado bancos después de disfrutar a sus anchas los recursos que de buena fe les confiaron sus clientes.

Y, pese a todo, el Estado Dominicano ha asumido la responsabilidad de cubrir los déficit y faltantes por robos cometidos por las élites socias de los políticos que han detentado el poder en los diferentes momentos que les ha tocado gobernar.

En otras palabras, el Estado Dominicano ha actuado privatizando las ganancias a favor de los privilegiados y socializando las pérdidas en perjuicio de la población.

Por eso quien esto escribe, Adriano Cruz Marte, estima que no se puede considerar Patria de nadie a la tierra donde se sufre tanta hambre e injusticias como República Dominicana.

Entiendo que se hace urgente que los dominicanos concientes, que sueñan y se esfuerzan por construir un mejor país, nos convoquemos para iniciar una cruzada que acompañe con amor y afecto a la población más humilde hacia un destino más digno y esperanzador.

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