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La delincuencia como moda (¿?) La espiral delictiva y de violencia que se registra tiene temerosa a la ciudadanía. Nunca antes la sociedad dominicana se había sentido tan acorralada como esclava del temor. Sin darse cuenta la gente más cuerda y sensata comienza a sentirse paranoica, a espantarse hasta de su sombra. Y la perspectiva de esta situación en desarrollo es de incrementarse en forma indetenible. Quien esto escribe estima que sicólogos y especialistas de la conducta deben asumir mayor protagonismo frente a este fenómeno social, formulando propuestas y metodologías de cómo afrontar con posibilidades de éxito esta aterrorizante situación. ¿Por qué sugerimos una más activa participación de los especialistas de la conducta humana ante este fenómeno social?. EL JAYA percibe que en esta ola delictiva no sólo participan personas pobres y desesperadas por el desempleo, sino también muchachos que no tienen ninguna necesidad de involucrarse en hechos lamentables. En esta ciudad de San Francisco de Macorís han muerto muchachos muy jóvenes en alegados enfrentamientos con la Policía mientras les perseguían por la comisión de atracos. Sinembargo la familia se enteraba de que su hijo era delincuente cuando les entregaban el cadaver del jovencito. Por lo que percibimos, la juventud de hoy carece de valores espirituales, no tiene figuras modélicas positivas a admirar, no tiene sentimientos de culpa y no mide consecuencias, no pone fronteras entre lo real y lo imaginario y se lanza a aventuras peligrosas, más por moda que por necesidad. Ante esta dramática situación se impone la necesidad de modificar el enfoque de cómo afrontar la delincuencia. Cierto es que el grueso de delincuentes lo constituyen muchachos famélicos y hambrientos, huérfanos de padres vivos. Pero la solución no puede ser pegarle un tiro a cada joven que debuta como delincuente por moda o por hambre. Lo que sí debe evitar la sociedad es acostumbrarse a este fenómeno letal cerrando los ojos o apostando a la indiferencia ya que a la velocidad que se incrementa cuando vengan a llegar los sombreros pueden quedarnos pocas cabezas. |
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