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Un programa que debe extenderse e institucionalizarse en el país En noviembre próximo EL JAYA cumple 20 años. En este intervalo de tiempo no habíamos publicado una noticia noticia como la que ofrecemos ahora acerca de la formación de Mano de Obra Agropecuaria parte de cuyos graduandos aparecen en la foto principal de la primera página. Confieso que no había escrito una glosa editorial con tanta fruición y deleite acerca un tema importante como lo hago en esta edición. Pues bien, esta noticia es importante porque comenzamos a ver que alguien se ocupa de capacitar al hombre rural, al ser social que está llamado a contribuir a dar un giro positivo a la situación de marginalidad y violencia por la que atraviesa el país. Desde siempre los gobiernos de este país han dirigido la nación invirtiendo las prioridades. Por ejemplo, veamos el sistema educativo y evaluemos los resultados de la realidad social dominicana. Los residentes en la zona rural son educados para la vida urbana lo cual impide formar agricultores y ponerlos en posesión de los conocimientos técnicos necesarios para aumentar la producción y productividad de las áreas de cultivo. Es así que en vez de tener verdaderos productores, el país tiene muchos recolectores incluídos los propietarios de extensiones de tierra. Por eso tenemos como resultado grandes ejércitos de desocupados quienes atraídos por las luces y la aparente vida cómoda que ven disfrutar en la ciudad se establecen en los centros urbanos que acaban arrabalizando, cuando lo ideal es que se urbanice el campo creando las condiciones para sus residentes de modo que puedan llevar una vida más digna y decente. Ya en 1882 el maestro José Martí proponía convertir las escuelas del campo en estancias agrícolas donde se enseñaran las técnicas de los cultivos de acuerdos a los rubros de producción propios de cada zona. Ahora que el país necesita aumentar la producción de todos los renglones agrícolas para aprovechar los grandes mercados que se abren con la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio, nos encontramos con que los campos y las ciudades sufren el azote de atracos, robos y toda suerte de violencia que protagonizan los hijos de aquellos desocupados que emigraron a las zonas urbanas. La verdad es que no hay otra opción para revertir esta lacerante realidad que planificar la educación para la producción. Por eso EL JAYA aboga porque se extiendan a todo el país y se institucionalicen programas como el de Capacitación Vocacional Voluntaria de Mano de Obra Agropecuaria que desarrollan la Fundación Loma Quita Espuesta, la Fundación Kellogg y la Universidad Católica Nordestana (UCNE). Así y sólo así podríamos encaminarnos hacia la revolución verde que tanto necesita el país. |
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