A seis meses de tu partida, Eudes Cabral Espinal
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- Categoría: EL JAYA Blog
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14 Dic 2012
- Escrito por María Matilde Alba
Seis meses de tu partida, seis meses de no verte, de no escuchar tu voz, tus buenos días, tus abrazos mañaneros, de no preparar tu jugo natural, tu café… Tu ausencia ha significado el acontecimiento de mayor tristeza en mi vida, una realidad tan dura de sobrellevar, tan cruel, tan real y al mismo tiempo subreal.
Al irte parte de mí se fue contigo, de mi esencia, de mí ser. Pienso que el ser humano no está preparado para afrontar pérdidas de tal magnitud, uno siente que la vida se le va y con ella el deseo de seguir. Con tu partida he experimentado la fragilidad y pequeñez del ser humano, como en un abrir y cerrar de ojos nuestra vida nos cambia, nuestro destino se transforma y nos tenemos que enfrentar a la realidad de que “la vida no es lo que queremos, la vida es lo que es”. Espero algún día sanar mi corazón, y que Dios me otorgue el regalo de poder pensarte y que no se me haga un nudo en la garganta, que mi corazón no palpite a mil, que la melancolía no me invada y lágrimas broten de mis ojos como la única forma de drenar tanto dolor… espero algún día recordarte como lo mereces, por cómo fuiste, alegre, bondadoso, cariñoso, leal. Mientras tanto dame el permiso de llorar, permíteme llorar porque no caminaré en esta vida de tu mano, porque no veré todos los milagros que Dios iba a hacer usando tus manos para sanar enfermos, permíteme llorar porque no veré a nuestro hijo crecer a tu lado… Eudes me falta la vida, me falta el aire, me faltan las ganas de reír, de seguir. No hay un día que no te piense, no hay un instante de mi vida que no esté marcado por tu presencia… y es que aún no estando aquí estas tan aquí, en mi mente, en mi cabeza, en mi piel, en mi corazón. Cada vez que voy entrando a S.F.M. y recorro sus calles, la nostalgia me invade al instante, y cada sábado en mi mente se repite la misma historia, todavía mi corazón palpita rápido al recordar ese día, todavía me entran nervios aún sabiendo cuál fue el final. No voy a encontrar nunca aquella persona que sepa llenarme de la forma que lo hacías tú, ese ser que me complementaba de forma tan perfecta, aquel que era capaz de sacarme una sonrisa aún en los días más grises, quien me molestaba y me “daba cuerda” y luego me abrazaba y comenzaba a hacerme cosquillas para contentarme… “nadie me acerca en las frías noches de este invierno sus pies helados a mis pies sin avisar”, nadie como tú que me admiraba y me lo hacía saber, quien se enorgullecía de cada cosa que yo hacía, de un buen trabajo, de una buena comida, de una buena acción, contigo me sentía importante, como la protagonista de un cuento… lástima que ese cuento haya tenido un final tan triste. Sin embargo, y dentro del dolor que me embarga, doy gracias a Dios por la gratitud, y es que aún en el sufrimiento, se que fui muy privilegiada por haberte tenido a mi lado durante 15 años, como novio, compañero, cómplice, esposo y sobre todo amigo, y aunque todavía no tengo la madurez espiritual para superar esto, ni mucho menos para estar conforme porque mi deseo era envejecer a tu lado, ver tu cabello negro volverse gris, ver tu rostro lozano llenarse de las marcas de la vida, sentarnos en una terraza un día de lluvia a hacer juntos las anécdotas de cuando éramos jóvenes, de las fiestas del Club Esperanza, de los merengues de Fernandito, de nuestros primeros años juntos en el colegio, sé que fui muy afortunada porque amé y me amaron profundamente, porque puedo decir que experimenté ese sentimiento tan bello y sublime, y que el día que muera, moriré viva. En mi mente recrearé lo que anhelabas y lo disfrutaré como si hubiese sido, ver cómo construías ese gran Centro de Oftalmología que soñabas hacer para tu amado pueblo Francomacorisano, ese restaurante que querías tener para atenderlo en tus ratos libres como tu hobby, hacer tu casa como la añorabas así como me la dibujaste aquel día en una servilleta, ver tu rostro de satisfacción chequeando tus pacientes post-operados, y sobre todo, imaginarte al lado de nuestro hijo Eudes Enmanuel, caminar los tres de las manos, y verte contento, disfrutando cada uno de sus pasos, de sus ocurrencias, de su desarrollo, porque sé que ser papá era el rol que más disfrutabas. Te amo mucho Gordo, por siempre y para siempre vivirás en mi corazón. “Hay amores que se esfuman con los años, hay amores que su llama sigue viva, los inciertos que son rosa y son espina y hay amores de los buenos como tú. Mi amor, mi buen amor, mi delirio, no pretendas que te olvide así no más, que tu amor fue mar cuando sedienta me arrimé a tu puerto a descansar, que tu amor, amor, solo el que un día en tu pecho vida mía me dio la felicidad”. Con amor infinito, tu esposa,
María Matilde Alba.

