Jue23102014

Actualizado a las: Mié, 22 Oct 2014 11am

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Soberanía y Autodeterminación

Julio César BurgosCada país de acuerdo a las leyes internacionales tiene el derecho a defender su territorio, proteger a sus ciudadanos, defender sus intereses y todo cuanto entienda venga en beneficio de su población. Es lo que ha hecho el gobierno Haitiano con su socio comercial de la República Dominicana, con relación al intercambio bilateral de diferentes tipos de productos, practicado en los diferentes puntos fronterizos, en los cuales por décadas ha funcionado un negocio informal, que no deja de ser un simple trueque.

Lo preocupante de esta situación es que siendo la República de Haití el segundo socio comercial de nuestro país, después de los Estados Unidos, las autoridades nacionales jamás se hayan preocupado por regularizar este intercambio (comercial) bilateral entre vecinos. Por tanto los millones de dólares envueltos en las transacciones, no dejan de ser simples cálculos aproximados basados en las especulaciones.

Realidad absurda en tiempos de la globalización, en el cual el tránsito de mercancías, capitales, personas y la propiedad intelectual están regulados por la (OMC) Organización Mundial de Comercio. El estado como tal resulta perjudicado, al no tener ningún control de ese mercado plagado de irregularidades.

Algunos dominicanos, escribidores, comentaristas entre otras personas ligadas a los medios de comunicación enfadados, han dejado brotar ese odio que subyace en contra de los haitianos, que lo menos que desean del gobierno dominicano es una declaración de guerra en contra de nuestros vecinos del oeste. Que el pueblo llano desconocedor del derecho de auto determinación de los países hable en estos términos está bien, pero que lo hagan individuos hacedores de opinión pública, sin acusar ningún respeto, solo están contribuyendo a exacerbar la ira en contra de extranjeros de esa raza que residen legal o ilegalmente en nuestro país.

Que se diga que los haitianos son mal agradecidos, que han actuado con mala intención en contra del país quizás tengan razón, pero querer relacionar un problema de índole comercial, con aspectos que involucren el rompimiento de las relaciones diplomáticas e incluso acciones extrema entre pueblos hermanos, va mas allá de la razón. Cierto seria señalar, que ha habido algún interés en dañar y/o perjudicar al país con este tipo de información, sobre todo porque la denuncia responsable del inconveniente no guardan relación con la verdad.

Es lógico suponer que en una negociación de compra y venta entre dos estados deban existir reglas claras. Los problemas surgidos tienen vía de solución, dado el hecho que hay una instancia superior donde acudir, pero si estas no existen es común que sucedan cosas como las que estamos viviendo hoy día. Esto quiere decir, que si previamente hubiese existido un acuerdo comercial discutido y aprobado por los congresos de ambos naciones, amparado en los acuerdos comerciales internacionales, las cosas fueran totalmente diferentes.

Las autoridades haitianas actúan de esta manera consciente de lo que hacen, como saben que no existe nada por escrito de manera oficial entre ambos estados, actúan con ligereza. Conscientes que con medidas de este tipo de una u otra forma se reivindica como país, suenan internacionalmente y crean un cumulo de ideas encontradas, aun sin mucho beneficios en términos tangibles, pero al menos nos hacen ver que ellos existen y con razón o sin ella, nos dicen con su mensaje, nosotros también podemos presionar.

Sin embargo, el pueblo haitiano tiene todo el derecho para decidir que entra o sale de su territorio, sin la necesidad de consultar a nadie, ellos son un país soberano. Sin embargo, la forma utilizada para decretar la veda a los productos dominicanos no fue la más correcta, las relaciones diplomáticas son para ser usadas en este tipo de inconvenientes. Es por ello que consideramos que en este caso el fallo fue doble, tanto en la forma como en el fondo, las motivaciones que las explique el primer ministro haitiano.

Guerra avisada no mata soldado, este aviso debe servir de ejemplo para las autoridades dominicanas. Este es el momento para iniciar conversaciones bilaterales tendentes a regularizar este comercio, que a pesar de ser multimillonario, da la impresión de ser un mercado de pulgas, por informalidad en que funciona. Dejemos la bravuconadas que por más que se diga la veda nos perjudica a ambos, pero el mayor perdedor es el productor nacional y el país, al cerrarse un nicho cercano de exportación cuya logística es manejada por nosotros mismos.

El autor es Ingeniero Agrónomo
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Reside en Chicago IL, USA.