A José Israel Cuello—prominente miembro de una fauna en extinción: la de los intelectuales de recia formación—le escuche decir de Balaguer, que para el político que más ha gravitado en la vida nacional «no había cuartos de finales ni peores condiciones» y José Israel se autoproclamaba como «balaguerólogo telescópico», es decir un estudioso de la personalidad del viejo líder reformista, pero a la distancia.
La política es un ejercicio de élites intelectuales. Todo aquel que quiere ser exitoso en una de las actividades más viejas de la humanidad, debe tener un nivel de formación que rebase el común denominador de la sociedad que pretende gobernar, por ello el propio Balaguer, Peña Gómez y Juan Bosch fueron líderes que tenían una cantidad de votos en «los bolsillos», es decir, un liderazgo sólido con un segmento de la población que lo seguía adonde fuera.
Las pruebas están ahí: Juan Bosch sale del PRD en el 73 y muchos creyeron que se hundiría políticamente, pero otros pensaron que la organización política sucumbiría con Peña Gómez, ni una ni otras circunstancias se dieron. Joaquín Balaguer de ser uno de los más importantes personeros del régimen de oprobio de Rafael Trujillo, regresa del exilio en un acto de puro desafío a la autoridad del momento y gana unas elecciones incuestionables dirigidas por un hombre probo y enemigo del régimen de Trujillo: Ángel María Liz.
Eso no ocurrió al azar, detrás de cada uno de estos líderes históricos hay toda una vida dedicada a la formación de sus conceptos, de temas tan importantes como la democracia, los valores y principios de la humanidad, el ejercicio de la política y su resultado más excelso de servir a los demás, en fin, a formar en esencia un verdadero liderazgo.
Me da mucha risa cuando leo que a cualquier politiquero de poca monta le llaman “líder”, porque para serlo realmente se necesita formación, valores, reciedumbre, conceptos claros acerca de los problemas que enfrenta una nación o una comunidad cualquiera, tener condiciones para desentrañar el mundo a su alrededor, poder “leer” en los acontecimientos las proyecciones de beneficios y afectación para el grupo que lidera y, para lograr eso, es necesario que los valores te acompañen desde la cuna y comenzar, momentos después de saltar de ella, a hurgar en los libros, como se dice coloquialmente: “a tirar página pa´la izquierda”.
Ya en la postrimería del pasado año y los meses que han transcurrido del presente, a Leonel Antonio Fernández Reyna le han sucedido acontecimientos que nadie podría pensar que fueran a suceder. “Pierde” unas elecciones internas en el PLD—del cual era su presidente y lo llevó a pisar tres veces las escalinatas del Palacio Nacional como partido de gobierno—renuncia del partido oficial y funda la Fuerza del Pueblo sobre la plataforma política del Partido de los Trabajadores Dominicanos y hoy día se ve compitiendo en los primeros lugares de las preferencias electorales para las elecciones del próximo Julio cinco por venir.
Contra todo pronóstico, Leonel Fernández, no solo ha logrado formar una entidad política capaz de competir con los dos grandes partidos del espectro nacional, sino que en poco tiempo se ha colocado como la fuerza que definitivamente decidirá las elecciones pues los números actuales de los otros dos, no indican por ningún lado que alguno de ellos se irá en la primera vuelta.
La situación electoral de cara al cinco de julio indica que Luis Abinader no ha logrado romper su techo pues sus números andan oscilando por encima del 42% pero menos del 47%, es decir no tiene posibilidad de irse en la primera vuelta, la única posibilidad podría ser producto de un acontecimiento extraordinario que cambie la intención del voto en un grupo importante de la población, sobre todo porque lo que le falta es muy poco para alcanzar el cincuenta más uno que exige la ley.
Pero frente a eso está un partido de gobierno que, aunque tiene el peor de los candidatos de los tres principales que tercian en las elecciones, sigue constituyendo una maquinaria electoral formidable, aunque mermada por la salida de Leonel Fernández, sigue representando una fuerza capaz de posicionar a un mal candidato y crear a su alrededor la “seudología fantástico” de su concepción del éxito, el trabajo, la dedicación, cuando nada de eso esta basamentado en formación y conocimiento, por esa razón a pesar de los esfuerzos no rebasará la línea del segundo lugar.
En tercer lugar, se encuentra el candidato de la Fuerza del pueblo Leonel Fernández quien, sin quizás, es el candidato con más condiciones para ser Presidente de la República por cuarta ocasión. Tiene experiencia de estado a toda prueba, una brillantez intelectual que lo coloca dentro del círculo exclusivo de los más formados que tiene la República, manifiesta un estilo de hacer política con sobrada decencia, nunca ofende ni dice o hace cosas que le obliguen a pedir disculpas públicas, lo que le convierte en un candidato ideal.
En una carrera vertiginosa que parecería increíble, Leonel Fernández reconstruye su figura política, pasa de ser un líder que abandonaba su plataforma, la única a la que había pertenecido, y que parecería acabado (basándonos en la historia de figuras que corrieron la misma suerte: Francisco A. Lora, Hatuey Decamps, Álvarez Bogaert, entre otros), pero como el liderazgo no es una condición del azar, ni de la divina providencia, Leonel se levanta y se erige como la fuerza a decidir las elecciones.
A escasos treinta días de las elecciones (esto se escribe el 5 de junio), no hay una idea clara de quién ganará las elecciones ni los lugares en que quedarán en la primera vuelta los que tercian en ella, porque lo que sí está claro, es que nadie tiene números para ganar esa primera contienda. El PRM y los perremeístas desarrollan una campaña alegando su segura victoria en primera vuelta, nada más falso, igual posición tienen los peledeístas pero saben en realidad que ningunos gana en la primera vez. El error del PLD ha sido minimizar la figura de Leonel intentando polarizar las elecciones, pero están conscientes de que el expresidente sigue siendo una piedra en el zapato y lo que probablemente le obligue a perder las elecciones.
Es lógico que así sea, teniendo en cuenta sus cualidades. Lo que olvidaron los oficialistas es que hay líderes para los que no hay ni cuartos de finales, ni peores condiciones, Leonel Fernández es uno de ellos.











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