Desde mediados del mes de marzo, cuando se anunció con gran algarabía el primer caso positivo de coronavirus (Covid 19) en el país, los dominicanos hemos sido objeto de múltiples atropellos producto del gran debarajuste que impera en las principales instituciones de servicios. De igual modo, la llegada del virus ha servido para justificar todo tipo de marramucias, convirtiéndose en otra epidemia, tan o más feroz que este nuevo coronavirus.
La primera, se ha llevado entre sus garras centenares de personas, enlutado a miles de familias, afectado a un sinnúmero pequeñas empresas y sepultado las esperanzas de vendedores informales y chiriperos. Además, ha puesto al descubierto las debilidades de dos de los principales sistemas del país: salud y educación.
Un sistema sanitario carente de los insumos básicos para prevenir, detectar y dar seguimiento al virus. Donde los favorecidos tienen nombre y apellido y el ciudadano de a pie no figura como beneficiario, pues para obtener algún servicio debe pasar tantas precariedades que al final se rinde o desaparece. Mientras que, personalidades de renombre gozan de todos los privilegios que le son negados a los humildes. Tal es el caso de las pruebas PCR, las cuales son un sueño inalcanzable para el ciudadano común. No obstante, grupos selectos las tienen a su disposición las veces que requieran.
En cuanto al sistema educativo, no se cuenta con programas más allá del entorno áulico que puedan suplir las necesidades del estudiantado en momento de crisis. Razón por la cual una considerable cantidad de estudiante no pudo ser contactado para recibir reforzamiento porque no cuentan con los recursos mínimos de comunicación a distancia o con otras alternativas para continuar sus labores desde casa.
La segunda epidemia, trae consigo abuso de poder, desigualdad social, corrupción, engaños, proselitismo político, injusticias, despilfarro, y, un largo etcétera. Además, ha servido de excusa para que funcionarios y políticos utilicen la crisis sanitaria para engrosar sus fortunas, con el pretexto de ayudar a paliar la situación. Sin embargo, solo pretenden ganar adeptos, aun violando las normas de bioseguridad y poniendo en riesgo la salud de los ciudadanos.
En fin, ambos panoramas distan de ser alentadores. Pero, de algo podemos estar seguros, del Covid 19 pronto nos libraremos, puesto que, expertos de distintas naciones trabajan en la elaboración de vacunas para enfrentar dicho virus. No obstante, para que termine la segunda epidemia, la espera se hará eterna, pues cada día se observa cómo vamos de mal en peor y sin ningún antídoto que nos pueda curar de todas las marramucias que adornan las políticas públicas de nuestro país.
La autora es Licenciada en Educación Mención Filosofía y Letras y Facilitadora de la Formación Profesional. En la actualidad cursa estudios de cuarto nivel en Lingüística Aplicada a la Enseñanza del Español y especialidad en Lengua Española y Literatura; además de Psicología Escolar en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, Recinto San Francisco. Se desempeña como docente de secundaria del Ministerio de Educación de la República Dominicana.











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