El gobierno del actual presidente Luís Rodolfo Abinader Corona, desde el inicio de su toma de posesión el pasado 16 de agosto de este años 2020, en el Congreso Nacional; pudimos observar la presencia del secretario de Estado de los Estados Unidos, al señor Mike Pompeo, en la primera fila del hemiciclo, mientras que otras personalidades de gobiernos extranjeros fueron enviados al segundo nivel de dicho salón.
Con la presencia de Pompeo que viene a trazar la línea política exterior al gobierno y posteriormente la firma del acuerdo de cooperación entre Estados Unidos-República Dominicana, con la presencia de Luis Abinader, el canciller Roberto Álvarez y la embajadora de los Estados Unidos, Robin Bernstein y Adán Boehler, quien es director ejecutivo de la Corporación Financiera de Desarrollo internacional. En tal sentido, el gobierno dominicano tendrá acceso a unos 2,000 millones de dólares para financiar el turismo, la energía y proyectos de infraestructura. Esto se enmarca dentro de las intenciones estadounidense: “América Crece”, que según estos, consiste en promover el crecimiento en la región.
La administración Trump, ha encontrado un fiel y gran aliado en el gobierno de Luís Abinader, que va más allá de acuerdos y cooperación, sino también como un plan estratégico en la política exterior de EE.UU. En la lucha contra la expansión de China en la región latinoamericana y el mundo; como parte de su guerra económica con el gigante asiático y contra los países que no se arrodillan ante su política de bloqueo financiero y económico, como son: Cuba, Venezuela, Nicaragua, y en lo adelante con el nuevo gobierno de Luís Arce en Bolivia.
La supuesta “cooperación” del plan América Crece, ya ha venido dando sus primeros resultados en la política exterior del gobierno dominicano, donde el mismo presidente ha dicho:
Cito: “Que no permitirá que el país asiático, China, invierta en telecomunicaciones, puertos y aeropuertos”.
Fin de la cita.
Pero a demás de eso dijo: “que República Dominicana estudia trasladar su embajada en Israel de Tel Aviv a Jerusalén”.
Es lamentable que nuestro país sea cogido como pretexto de “cooperación” para interferir en los asuntos internos de otras naciones hermanas de Latinoamérica, así como también de otras latitudes, como es el caso de China y Palestina. Con esta política exterior, se viola la Carta de la Naciones Unidas (ONU) y nuestra constitución.
Hemos podido ver que la política exterior dominicana, que dirige Roberto Álvarez, es servil y lacaya, al Tío Sam; pero que además, está al servicio de los más oscuros y peores intereses de la administración Trump y el sistema capitalista.
Con esas posturas el presidente Abinader, demuestra que el Estado dominicano es una marioneta, la cual puede manejar el gobierno de los Estados Unidos a su antojo; sin embargo muchos ciudadanos están en desacuerdo con estas medidas, porque la dignidad y la soberanía dominicana no se vende, y menos para agredir a otros pueblos hermanos.
“El Gobierno debe mostrarse justo y enérgico…O no tendremos Patria y por consiguiente ni libertad ni independencia nacional”.
-Juan Pablo Duarte-











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