Sócrates, entendía que para ser buenos ciudadanos debemos adquirir el conocimiento. Ya poseído, es una invitación para el cumplimiento de la ley, la cual nos conduce a ser mejores ciudadanos en la polis.
De no hacerlo bien, el precursor de lo que hoy conocemos como intelectualismo moral o padre de la ética nos diría que, “una vida sin examen, no merece ser vivida”.
Y es lo que les ocurre a la mayoría de los funcionarios públicos. Durante el desempeño de sus funciones se les olvida reflexionar para lo que fueron escogidos.
Esto ocurre porque muchos se desvinculan de todo principio ético y axiológico, para los fines que están llamados en la sociedad, por lo que terminan incurriendo en actividades ilícitas, antiéticas.
La corrupción como el mal en todas las sociedades, impide que los ciudadanos puedan adquirir del conocimiento adecuado para insertarse en la sociedad.
Ese colectivo sin paradigma, termina escogiendo a individuos no calificados o carentes de virtudes, los cuales hacen que se instauren los regímenes autoritarios.
Son aquellos individuos que hacen leyes a su conveniencia, en la que el erario público pasa a ser parcela privada de los gobiernos de turno, los que operan en el tiempo y crean un clima de injusticias, represiones, secuestros, apresamientos, caos, robos y abuso de poder.
Esos que mutan como los virus más letales en la sociedad e impiden el progreso y desarrollo, aumentando la brecha entre ricos y pobres; Aristóteles le llamó la “desnaturalización de ente” haciendo referencia a la corrupción.
Por tanto, es necesario gobernantes sabios que contribuyan al verdadero progreso social. Los que se enfocan con políticas sociales que mitigan las desigualdades sociales, que garantizan el orden para la nación y fortalecen las leyes. Esos que saben custodiar el erario público como verdaderos templarios.
Esas enseñanzas no solo las encontramos en la Grecia Clásica con la figura de Aristóteles, quien entendía que a través de esa convivencia social entre los seres humanos, podemos adquirir buenos hábitos, los cuales nos hacen mejores personas como expresaba Sócrates.
También las encontramos en la filosofía oriental, la que nos invita a llevar una vida apegada a principios éticos, como lo planteó el filósofo Kong Fu Tzu (Confucio) quien sostuvo que: “los sentimientos que pueda poseer el gobernante es la garantía del comportamiento de sus ciudadanos”.
Para eso, debemos contar con una población bien formada e informada. Aquella que posea un nivel de conciencia y responsabilidad como fuente que emane sabiduría, ante la diversidad de ideas, creencias y preferencias que se producen en todas las sociedades.
Platón nos hace una invitación en su Alegoría de la Caverna, a que salgamos de la cueva. Dejando atrás las ataduras de la ignorancia y que busquemos la verdad, aquella que está más allá de lo que perciben los sentidos.
Aún estamos a tiempo para dejar de asumir actitudes estoicas como simples habitantes que ocupan un espacio, y empezar a ser ciudadanos responsables. Ciudadanos capaces de pensar, analizar e interpretar ante las problemáticas sociales que no solo impiden el desarrollo personal, sino también el de toda la sociedad.










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