Carta al nuevo obispo, querido obispo, querido amigo, honorable representante de la Iglesia Católica, comenzó como esperaba diciendo que será un obispo de los pobres, también de los ricos. Especialmente por aquellos que puedan pasar con facilidad por el ojo de una aguja y le agregó que estará siempre dispuesto a dialogar y a escuchar a todos los sectores, incluyendo el movimiento feminista, el grupo LGTBQ y no por su integración ética y moral, sino porque son muchos.
También escuchará a los anarquistas porque también son muchos y a la izquierda porque está en peligro de extinción, como los carpinteros dominicanos que perdieron su duro pico para hacer hoyos a las palmas. Señor obispo, jamás le pediré que escriba las 95 tesis de Martín Lutero criticando los males de la Iglesia católica actual, pero sí repitiendo la frase de Santo Tomás de Aquino: No hay doble verdad sobre un mismo tema. Y le agregaba otra frase: Sólo en sociedad puede alcanzar el hombre el desarrollo y la satisfacción de sus necesidades. Pero no dejemos que la fe dé existencia a Dios, si no la razón.
Nada sucede sin una causa. Todo hecho entre paréntesis (requiere una causa). Señor obispo, no le voy a pedir que sea otro don Helder Cámara llamado el obispo Rojo. Pero me gustaría que luchemos por una nueva universidad llamada Católica (UCNE), donde no se práctica para nada un simple cristianismo en la fe, la inteligencia, razonamiento y sobretodo la investigación. Pero tenemos más cumlaúdes que la renegada Universidad Autónoma de Santo Domingo, con más de 400 años de existencia. Mi querido obispo. Decía Ortega y Gasset en 1937 que ser de la izquierda es como ser de la derecha por hoy en día 2021.
Ser cristiano es como no serlo. El amor del primero es el mismo tamaño que el del segundo. Una educación laica ni es atea ni es cristiana. Ni la razón ni la inteligencia, sólo se practica. La habilidad, el individualismo, el emprendurismo, tomando como base única la inteligencia artificial como parte imprescindible de su vida humana, y no pueden existir sin celular, sin calculadora, computadora, la televisión, las redes sociales, el what saap, el YouTube, play Store, pornografía y otros.
Mi respetado obispo y amigo, tenemos que luchar duro para que las misas vuelvan a ser reunión de hermanos colectivos, de cristianos con un propósito humano de salvarnos todos o se rompe la baraja. Donde hay grupos de cristianos, no importa la cantidad, es una muchedumbre, una masa, diría el ingeniero Rafael Fernández, compuesta por individuos divergentes, disociados, distantes, ocupando un sitio tal vez el suyo, sin importarle quién está al lado. Atentamente Manolo Bonilla, amigo del obispo.











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