Los sentimientos se manifiestan de manera distintas y en ocasiones inexplicables, mediante risas, lágrimas o simplemente uno se queda sin respiración, a veces se siente algo en el pecho que no se puede identificar o definir. Pero cuando muere la mamá…. duele el alma.
Aún cuando se espera el desenlace final en la puerta de una sala de cuidado intensivo, se alberga la esperanza de que el Creador hará el milagro y de pronto todo va a cambiar. Pero no, eran las 3:57 de la interminable tarde del miércoles 28 de julio, cuando la doctora abrió la puerta, avanzó dos pasos, quienes esperamos también nos anticipamos; le tomó la manos a mi hermana y nos miró con una profunda tristeza, para decir…. lo sentimos pero hicimos todo cuando estaba a nuestro alcance.
Todos los planes familiares, fiesta y el cumpleaños de Aurora Monegro de Jiménez, que este 15 de agosto cumpliría 79 años, estaban flotando en el aire, porque los planes de Dios eran otros. Y todavía en mis oídos resuenan…..Hicimos todo lo que pudimos….
Para poder soportar algo tan fuerte, hay que buscar el apoyo del Padre, y decirnos una y mil veces que Dios lo quiso así. Que nadie se marcha ni un minuto después, ni uno antes. Que está está en el lugar por el cual trabajó. En la gloria eterna, en la presencia de Dios.
Además nos ayuda recordar que Aurora Monegro, fue una semilla que dio fruto, porque siempre se caracterizó por su humildad, sencillez, responsabilidad y su inquebrantable fe, la cual le llevó a inculcar en sus siete hijos, el amor a los demás, el servicio y el respeto.
Por más de 20 años sirvió como animadora de asamblea de la parroquia Nuestra Señora de Fátima, y siempre estuvo atenta a brindar cariño de esposa a José Irene Jiménez; con quien tenía 54 años de casada; ternura de madre a su siete hijos y afectos a su 20 nietos y 8 bisnietos.
La comunidad de Las Guázumas la recuerda hoy como una gran líder, siempre entregada, dispuesta y sincera. Sus vecinos la cuidaban y respetaban y sus hermanos hoy la lloran sin consuelo porque era su orgullo.
Sus hijos nos sentimos en paz por haber disfrutado de su cuidado y amor, por reciprocar toda la ternura, cariño y respeto que de ella recibimos, por estar siempre a su lado y nunca dejar sola en especial en los días finales de su vida terrenal. Mi madre Aurora Monegro de Jiménez, no ha muerto, quienes la amamos nos encargaremos de no dejarla morir, continuando su ejemplo, demostrando que la semilla que sembró cayó en tierra fértil.
Los seres queridos siempre viven, si sus continuadores demuestran con los hechos que son digno de pertenecer a su descendencia, de llevar su apellido y continuar su legado de servicio y unidad familiar.










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