Queridos Compañeros geriátricos o adultos mayores, hoy más que nunca se hace necesario agruparnos de nuevo en el último comando clandestino, ya que en el primero tuvimos muchas bajas por el Covid-19, no por descuido, sino cosas de todas las pandemias que le gusta comenzar por lo viejitos obrevivientes de un aborto cuando niños o la dictadura de Trujillo, Balaguer y los demás gobiernos corruptos, productores de la delincuencia común.
Queridos Compañeros, nuestra lucha violenta es contra la discriminación abusiva de los bancos comerciales que no quieren darnos servicios bancarios a los que pasamos de sesenta y siete años, aún estando con nuestra mente normal o llamados cuerdos. Más que estamos vivos, como dicen los defensores, al derecho a la vida en la Plaza de la Bandera o la Iglesia Católica en su periódico Camino y los evangélicos citando la Biblia, donde hablan de Dios. Hay un propósito divino y sólo Dios puede juzgar a los hombres.
Queridos compañeros geriátricos, por vuestra edad, nuestra lucha debe ser única y más violenta que la que ejerció Juan Pablo Duarte contra el traidor Pedro Santana.
Estamos conscientes que nuestra lucha debe ser con una violencia incontrolada, como dice el mejor filósofo del siglo XX, Jean Paul Sartre, él dice que los viejos normales tienen un sentido que no es la expresión de una voluntad de desorden, sino de la aspiración a un orden diferente o mejor trato a un ser humano que está vivo y quiere vivir su libertad hasta su muerte.
Querido Comando Clandestino Geriátrico, nuestras acciones revolucionarias tienen objetivos humanísticos, pero inspirados en el espíritu islámico, seremos puros talibanes de la lucha contra los desgraciados dueños de los bancos comerciales.
Enemigos a muerte de los clientes viejos de sus bancos, captadores de recursos que nunca son de ellos, pero se hacen ricos aplicando sus políticas antihumanas contra sus propios clientes geriátricos, no tenemos derecho a tomar una línea de préstamo de 100 pesos y lo peor de todo, cuando la joven bien vestida llena de elegancia te dice que por su edad no podemos prestarle. La vergüenza, te deprime y le quita la fuerza de pararse de la silla frente a la joven elegante y lo peor de todo, la tristeza no es buena para la artritis y comienzas a caminar como un viejo que le falta horas para morirse.
Compañeros del comando clandestino, llegó la hora de poner la bomba, pero antes revisemos nuestro pertrecho militar para no fracasar como Manolo Tavares Justo o el fracaso de Camaño o los Palmeros, porque cada fracaso es un retroceso a la lucha del pueblo.
Revisemos nuestras mochilas antes de la acción bancaria. Sin ella la mochila está a lo imprevisible como la pastilla de la hipertensión, la pastilla de la diabetes tamsulosina 0.4 para control de orina, merislon para los vértigos, un papel sanitario por si acaso, gotas de los ojos para la presión y sequedad de los mismos una postalitas del Divino Niño para la suerte, foto de los nietos y por último, que no se nos quede la bomba y los recibos de que estamos vacunados contra el Covid para que nuestro entierro sea masivo bajo el grito.
¡Viva la revolución de mierda! Patria o muerte, venceremos.
Atentamente Manolo Bonilla,
Jefe del Comando Clandestino.











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