Después de 62 años de dictadura comunista y sumida en una crisis económica y social sin precedentes la sociedad cubana dice basta. Esta historia comenzó el 27 de noviembre de 2020 cuando un grupo de jóvenes artistas cubanos se rebelaron contra el poder del omnipotente Partido Comunista de Cuba (PCC). Enero también acogió protestas en la Isla, pero la masividad ocurrió el 11 de julio cuando gran parte del pueblo, en su mayoría jóvenes, tomó espontáneamente las calles al grito de “Patria y Vida”, exigiendo libertad.
La dictadura cubana ha intentado deslegitimar las protestas acusando de antisociales a los participantes, sembrando delitos y celebrando juicios sumarísimos sin derecho a defensa alguna, resultando en condenas ejemplarizantes muy parecidas a “los juegos del hambre”.
Antecedentes
Una combinación de factores comenzó a permear la ya frágil economía comunista de Cuba, una administración republicana en los Estados Unidos, una pandemia que paralizó el mundo, y una dolarización total de los consumibles básicos de la sociedad cubana causaron una reacción en cadena que solo ha hecho crecer la brecha entre gobernantes y gobernados.
En 2019 Donald Trump cancela los permisos especiales que permitían a ciudadanos estadounidenses visitar Cuba y el 1 de abril de 2020 la mayor de las Antillas cierra las fronteras ante la presión social en internet por la creciente aparición de casos de Covid19. Emparejado a esto el PCC comienza el reordenamiento económico, una política que dolarizó virtualmente la economía nacional, creando las llamadas tarjetas de MLC (Moneda Libremente Convertible) una suerte de saldo electrónico que vendría a sustituir la circulación física del dólar estadounidense en el mercado informal cubano.
El ordenamiento económico dio al traste de la ya deteriorada economía familiar cubana, creando una dependencia total de las remesas provenientes de una diáspora despreciada por el mismo gobierno que pretende cobrar sus dólares.
Así llega julio
El 11 de julio llegó con jóvenes cansados de resistir y deseosos de vivir libremente en su tierra, sin necesidad de emigrar o depender de algún emigrado para poder tener pasta dental, un jabón o una botella de aceite para cocinar. Las protestas comenzaron espontáneamente en el poblado de San Antonio de los Baños y horas después se habían extendido a las principales ciudades del país. El dictador de turno Miguel Mario Díaz Canel llamó al enfrentamiento social al verse sorprendido por una situación sin igual y sin la presencia de las figuras “históricas” de su revolución. Envió a la calle a los “revolucionarios” y así salieron, palos en mano, militantes del PCC, integrantes de las Brigadas de Respuesta Rápida, las tropas antimotines y varios policías vestidos de paisano a reprimir un pueblo indefenso y desarmado.
A raíz de estas protestas aún hay desparecidos, cientos; otros tienen prisión domiciliaria y otros amenazados con ir presos si siguen vinculándose a algún tipo de protesta civil.
Noviembre ¿el principio del fin?
A raíz de todo esto aparece el grupo Archipiélago (https://t.me/joinchat/Oj5UoWtSqRphZWRh) que lanza la convocatoria de una marcha pacífica el 20 de noviembre, con este objetivo comienza a entregar notificaciones a las Asambleas Provinciales del Poder Popular (Gobierno Provincial) hasta que dejan de recibirles las notificaciones y comienzan las amenazas, persecuciones y acoso incluso a familiares y amigos de los firmantes, al estilo del más puro gansterismo. El culmen de la situación se dio cuando el dictador cubano decidió realizar ejercicios militares el 18 y 19 de noviembre culminando los mismos con la realización del domingo de la defensa el día 20, el pretexto perfecto para poder sacar el ejército y sus tanques a las calles para reprimir manifestantes pacíficos. A raíz de esta decisión el grupo Archipiélago decide cambiar la fecha de la marcha para el lunes 15 de noviembre, dejando al tardo castrismo envuelto en su propia madeja y comenzando una batalla sin cuartel que puede culminar en una guerra civil ante los ojos cómplice de una comunidad internacional que voltea la cara al dolor de un pueblo.











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