Señora prostituta, me alegró ver en los periódicos Nacional y Hoy, una noticia que dice su oficio no está penalizado por la ley, que usted es una ciudadana, igual que los senadores y diputados, con la diferencia que usted cobra por su duro trabajo.
Más las famosas Chanel dice que la mujer sólo necesita perfume donde quiere ser besada, pero ella le dice a Chanel que hay noches que echarse perfume allí donde ella quiere ser besada es peligroso porque casi siempre el cliente no paga porque el perfume está echado en el alma y casi siempre huele a Dios.
Señora prostituta, tengo la costumbre de que en Navidad me gusta cometer el pecado de hacer el amor en otra cama, que no es la mía, sino la del motel, más ahora que con esta edad puede ser la última, quizás la segunda o la tercera o la cuarta vez. Lo que estoy seguro que todas huelen a las últimas.
Señora prostituta, antes de llegar al cabaret cometí la imprudencia de leer una frase del ganador del Premio Nobel de Literatura, José Saramago, que dice: He aprendido a no convencer a nadie, el trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización de la otra parte.
Señora prostituta y ahora cómo la convenzo? Cómo le digo? Qué quiero que sea mi esclava sexual, por hora y media, porque tampoco he venido a ser la concepción divina de embarazarla sin tocarla, como hizo Dios con María.
No tengo intenciones de mortificar al pobre José, el carpintero, el esposo de María, que fue embarazada sin tocarla por una concepción divina. Pero la Biblia no cuenta que José jamás pegó un clavo , no por el cuerno, sino por la responsabilidad de tener un hijo llamado Dios.
Señora prostituta estoy aquí en el cabaret, con el pecado realizado, porque ya me tomé la pastilla azulita, la botella de vino por la mitad y una pequeña taquicardia neurológica que me indica que estoy vivo. Pero con la duda si voy a cumplir mi papel de macho. Qué pena!
Que soy hablante y no soy mudo. Porque en este momento sería más fácil hacerte la grosera seña con los dedos de lo que quiero.
De lo que no me queda mucho tiempo. Se que está sentada con otro, pero hay cosas que no tienen dueño, la flor silvestre, el atardecer. Y las prostitutas y parte del horizonte. Ven, siéntate conmigo, tratemos lo que desearía ser, lo que debería ser gratis, como mi perrita, con el perro del vecino que él no me paga y yo no le cobro. Sólo compartimos el grito doloroso de mi perrita, de mi perra cuando termina.
Señora prostituta. Sólo quiero sexo salvaje contigo, porque enamorarse de ti es un problema en cada enamorada es un mar de esperanza compartida con muchos hombres. Pero tampoco quiero la ternura de una mujer con los cuarenta años de cansancio matrimonial, el sonido de una cadena de los nietos jugando en tus piernas cuando esté viendo el juego de pelota.
Sólo quiero hacer el sexo salvaje sin hablar de nada, ni de política, ni de la Iglesia, ni del Código Procesal Penal, ni de Danilo, ni de Leonel, ni de Margarita, ni de la invasión pacífica de los haitianos, ni de los gay ni de las lesbianas con su maldito tercer sexo. Sólo quiero hacer el sexo salvaje y olvidarme de esta realidad, que no quiero ser un colibrí con pocas alas.
Atentamente
Manolo Bonilla, el infeliz.











Discussion about this post