Señor Monseñor, no tuve la suerte de conocerlo, pero sí recibí las opiniones de los mezquinos, de los mediocres, de los hipócritas, de los Vinchos Castillo, de aquellos que son capaces de perder su propia personalidad por ocuparse de la vida ajena.
Recuerdo que uno de ellos me contó que usted se gastaba cuarenta mil pesos para la carne de sus triunfadores perros pastores alemanes, que a usted, igual que a mí, le gustaban las mujeres burlonas, con cara bonitas y las nalgas grandes, igual que yo.
Me contaron que era socio en Acero Estrella del Aeropuerto Cibao, del Home, de los camiones cargueros que viajan a Haití. Amigos de todos los ricos y protector del gobierno de Balaguer. Señor Monseñor Núñez Collado hace varios años asistí a una conferencia que dio mi amigo el doctor Manuel Viera por sobre los líderes de América Latina, y él decía que la mayoría de los líderes se gastaban el tiempo elaborando proyectos que se quedaban en la imaginación de ellos.
Hasta la vida material de ellos llegaba a la vejez sin ningún problema resuelto, incluyendo los gastos de salud y alimentación. Casi una carga económica para la familia y la sociedad. Nada de esto es revolucionario y el ser pobre no debe ser una meta para nadie.
Carlos Marx insistía que el ser humano siempre busca el bienestar, el de él y el bienestar colectivo, lo revolucionario no es hacer más pobres, sino menos pobres y Monseñor Agripino Núñez fue un triunfador material creador del aeropuerto.
Si bajo la cama, él, John y otras instituciones que pueden considerarse más honestas que Participación Ciudadana. El llamado virus y algunas ONG que reciben un pago para su mantenimiento de los Estados Unidos y colaboradores de la CIA y otras instituciones de procedencia dudosa.
Además, ser mediador de conflictos sociales entre tigueres, oportunistas, demagogos, lúmpenes, proletarios, chulos, gays, hijos de putas, narcotraficantes, comerciantes, eran agiotistas y morían de ochenta y nueve años eso ser un triunfador, un progresista, un hombre fuera de serie capaz de tener recursos para comprar su propia caja y demuestrar al final llamando a un notario público para entregar a la Universidad parte importante de sus recursos acumulados. Eso es la auténtica voluntad de Dios. Sólo le faltaron algunos fijos clandestinos para que sus enemigos supieran que debajo de la sotana siempre hay un hombre.
Atentamente.
Manolo Bonilla.
Un seguidor.











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