El mundo está lleno de personas cuyo comportamiento debemos evitar en nuestro proyecto de vida. Líderes políticos, religiosos, académicos, parentales y un gran etcétera de gentes, quienes intentarán instruirte en las cosas que decidas hacer o que debas aprender.
Desde la misma concepción seremos alimentados en base a lo que alguien más decida comer, al nacer se nos pondrá en un lugar, nos asignarán un nombre, nos enseñaran palabras, colores y una línea de pensamiento que ha de influir de manera positiva o negativa en nuestra vida.
El orden natural es que siempre haya alguien que nos instruya en las cosas básicas o especiales que debamos o queramos realizar. A esa persona se le suele llamar maestro (a), profesor, líder, jefe, guía, mentor, entrenador o coach y tendrá como tarea enseñarnos cosas que con anterioridad este o esta haya aprendido y de las cuales haya sacado provecho.
En papel todo muy bien. Un maestro o maestra que te guiará en el trayecto de alcanzar tus metas, sean estas elegidas por ti mismo (a) o impuestas por un sistema u otra persona. ¿Suena prometedor verdad?
Desde tu hogar tendrás la oportunidad de ser guiado en las cosas más básicas de la vida en sociedad, aprenderás que hay horas de comer, dormir, jugar, hablar y callar. Formarás parte de un sistema social en el que se te asignarán guías que no siempre practican lo que enseñan, y esto es lo que motiva la redacción de este texto. Gente diciéndote que hagas lo que ellos no hacen.
En ocasiones es bastante fácil notar la discrepancia entre el maestro y su doctrina. Podrías renunciar a sus enseñanzas, ignorar sus sugerencias o incluso oponerte a su ejercicio de enseñar. Estás en todo tu derecho a impugnar a la persona, pero si eres un buen estudiante o discípulo, sabrás que por más incoherente que sea en tu maestro su enseñanza y estilo de vida, siempre habrá algo bueno que aprender.
Por poner un ejemplo, podrías enfocarte en no ser parcialmente igual. También puedes crear una lista de las cosas que jamás quisieras hacer y todo partiendo de los errores en otros.
A esto llamo yo patrones invertidos.
Gente que decide ser diferente.
No voy a descuidar mi hogar como hizo mi madre.
No maltrataré a mis hijos como hizo mi padre.
No viviré como mi maestro.
No actuaré como vi actuar a los demás donde crecí.
Para que se dé un patrón invertido debió existir un mal maestro y debe haber un buen discípulo.
Hace tiempo leí una historia sobre un maestro, quién no perdía oportunidad para hacer alarde de su sabiduría, llegando incluso a humillar a sus alumnos.
Un día quería dejar en ridículo a uno de sus muchachos y señalándole preguntó
¿Qué prefieres entre riqueza y sabiduría?
Riquezas dijo el joven tras meditar.
El maestro empezó a reír diciendo que mil veces prefería la sabiduría.
Tímidamente el joven pidió la oportunidad de hablar y el maestro hizo callar la clase para escuchar con qué tontería hablaría el muchacho. Este solo dijo “Maestro, es que de usted aprendí que cada quien busca lo que necesita”.
Un buen discípulo hasta de malos maestros aprende.
Puedes aprender a como no ser.
Puedes aprender a evitar que decir, consumir, mirar y hacer.
Tienes la oportunidad de depurar y escoger que poner en práctica.
Sé un buen discípulo por sobre un padre o madre que te corrige cosas que en sí mismo no ha podido corregir.
Sé un buen discípulo por sobre políticos que promueven en leyes la familia y con sus actos la destruyen.
Sé buen discípulo por sobre líderes religiosos que dicen ser un ejemplo y tiene doble vida.
Sé buen discípulo por sobre maestros que dicen formarte como buen profesional y son mediocres.
Sé buen discípulo por sobre ti mismo y dedícate a aprender de todos tomando lo bueno y desechando lo malo.
Sé un buen discípulo y hasta de malos maestros aprende.











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