Estamos en febrero y ya próximo al día del amor y de la amistad. Por eso, las tiendas, los supermercados y otros establecimientos comerciales, comienzan a vender objetos y detalles para obsequiar, y a colocar en muros y puertas símbolos de afecto y cariño. Claro está, las propagandas y los fines, en el fondo, son económicos, pero las personas agradan a sus amigos y compañeros sentimentales con algún regalo para expresarles sus sentimientos, pues, ya se ha vuelto cultural y hasta comprometedor que el 14 de febrero, por ser el día de san Valentín, se intercambien tarjetas y mensajes bonitos con aquellos seres que son importantes en nuestras vidas.
Sin embargo, me da la impresión que en los tiempos que estamos viviendo, el amor está siendo reducido a momentos alegres, placenteros y agradables. La idea del amor “para siempre” cada vez es atacada y hasta ridiculizada, por aquellos que lo miran desde el acto sexual, desde la exploración libertina, y no se diga de esos que promueven la ideología de género, sosteniendo que la decisión de vivir la sexualidad está en manos de cada persona. Es decir, consideran que no hay criterios biológicos establecidos para guiar nuestra conducta, sino que es el ser humano que tiene la responsabilidad de cómo vivir y hacia donde quiere ir, sin medir consecuencia.
A lo mejor, las redes sociales, tales como WhatsApp, Instagram, Facebook, entre otras, han llevado a las personas a entender que amar y seguir creyendo en el amor, como un acto puro y sagrado, ya no vale la pena, incluso, muchos de forma directa o indirecta dejan mostrar en sus vidas y en su manera de actuar, que el amor murió, que existe únicamente pasar ratos “felices”, instantes fugaces pero gozosos, que aunque no duren mucho, quienes asumen este estilo de vida se conforman con saber que pueden disfrutarlos aunque sea por breve tiempo.
Las heridas, los afanes de la vida, los momentos amargos y una gran cantidad de situaciones tristes en las personas, entre otras razones, han llevado a algunos a perder su confianza en el amor y la amistad verdadera. A causa de esto, muchos se han vuelto hipócritas, y han decido vivir de la apariencia, porque ya no saben en quién confiar, precisamente por la cantidad de veces que han sido engañados y maltratados sentimentalmente, provocando que se mate la concepción sublime del amor y de la amistad.
Sin embargo, entendamos algo para que no nos volvamos pesimistas ni mucho menos vivíamos resignados: el que está herido, hiere; el que está confundido, confunde, pero el que ama, es porque fue amado. En otras palabras, todavía sigue existiendo el amor y la amistad, solo que no todos son dignos de amar y de ser amados, algunos quieren acomodar las cosas a su modo, y se les olvida que amar no es un rato, es asumir los riesgos de la vida y llegar hasta el final comprendiendo que la existencia si asume todo o nada.











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