Los primeros pasos; nueve (9) meses dentro de sus entrañas, y como parte de misma de su ser aparece nuestra vida, una vida llena de mimos, amor, ternura, todos envueltos en un gran sacrificio desde el primer momento que nos pare, y sin querer o poder, sólo aparece por primera vez la primera palabra que aprendemos a decir: ¡Mamá!
Y nuestra madre, once (11) veces hizo el milagro de los nueve (9) meses, haciendo de once (11) hijos, uno sólo, porque al convertirnos en una familia, sus ojos y corazón nos veían a todos como un sólo hijo, ya que nos cuidó siempre de manera igual.
Pero tengo que hablar de un doble parto, ya que cuando nací yo, después de mis nueve meses dentro de sus entrañas, veinte (20) años después volví a nacer, y no necesariamente con 9 meses a su lado, sino 5 años de dedicación completa a nuestra persona, ya que estuvimos enfermo, y día y noche, por cinco años al lado nuestro, en mi lecho de enfermo, así por su cuido, volví a salud, y empecé a vivir de manera normal y saludable.
Así era nuestra madre Consuelo Ortiz viuda Bonilla, cuando se casó con nuestro padre Celestino Bonilla, apenas contaba con 16 años de edad, o sea, que nuestro padre le triplicaba en edad, por lo tanto nuestra madre sólo tuvo dos etapas en su vida: su niñez, y cuando apenas alcanzaba sus primeros pasos de juventud, empezó a pasar a ser lo único que supo hacer, ser Madre.
Desde que tuvo su primer hijo, una niña que le llamó Dinorah, viniendo luego otros 10 (diez) para completar los once (11) hijos, divididos en 4 hembras y 7 varones, no tuvo otro oficio que no fuera el de ser Mamá, y lo hizo de esa manera especial, que sólo las buenas madres saben hacerlo.
Nos enseñó el Cristianismo, en una forma bastante ‘libre”, porque nos decía que a Cristo se va de manera espontánea y voluntaria, mantenía siempre en sus labios la frase: “Cristo y Yo, mayoría aplastante”.
Sabemos que no somos perfectos, pero los Bonilla-Ortiz, aún con nuestra falla, no sabemos mentir, no sabemos odiar, no sabemos engañar, y lo más importante, tenemos como herencia lo más sagrado en el hombre: “Nuestra honradez”. Y todo eso gracias a la crianza de Mamá.
Sí Mamá, nos diste una fe cristiana.
Nos diste Mamá, demasiado amor.
Nos dijiste que Cristo es vida eterna.
Que la muerte es el camino a Dios, cuando se vive con Cristo.
Tu moriste en la Paz de Cristo. ¡Sí, Mamá has muerto!
¡Que viva Mamá!
Gracias Mamá, tu recuerdo es para siempre.










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