Jaime Alberto Rojas Tejada licenciado en psicología, Explora cómo la falta de atención a la salud mental en República Dominicana contribuye al aumento de la violencia, destacando problemas en la formación de psicólogos, intrusismo y la débil regulación por parte del CODOPSI.
En los últimos días, República Dominicana ha sido testigo de un alarmante aumento en los casos de violencia. Este fenómeno, que ha permeado cada vez más sectores de la sociedad, tiene raíces profundas que van más allá de las circunstancias inmediatas. Uno de los factores determinantes en esta crisis es la salud mental, un tema que, lamentablemente, no ha recibido la atención adecuada tanto por parte de las autoridades como de los profesionales de la salud.
El Rol de la Salud Mental en la Escalada de Violencia
La violencia no surge en el vacío; está impulsada por una serie de factores interrelacionados, entre los cuales la salud mental juega un papel crucial. La falta de acceso a servicios de salud mental de calidad y la estigmatización de los trastornos mentales han contribuido significativamente a la exacerbación de esta problemática. En un país donde la atención psicológica es insuficiente y muchas veces inadecuada, los ciudadanos se enfrentan a una creciente vulnerabilidad emocional y social.
La Deficiencia en la Preparación de los Psicólogos
En este contexto, los psicólogos deberían ser los principales agentes de cambio, brindando apoyo y herramientas a la población para manejar sus conflictos internos y prevenir actos de violencia. Sin embargo, en República Dominicana, una gran parte de estos profesionales no cuentan con la preparación necesaria para enfrentar los desafíos actuales. Esto se debe en parte a la falta de estándares rigurosos en la formación académica, además, muy pocas universidades en R.D. no exigen que antes de graduarse los estudiantes de psicología deben llevar certificaciones de haber tomado terapia, lo que pone en duda como personas que no han resuelto sus traumas, situaciones emocionales o conductuales trabajan ayudando a los demás y a la escasa supervisión en la práctica clínica.
La consecuencia de esta preparación deficiente es que muchos psicólogos carecen de las competencias para manejar casos complejos de trastornos mentales y situaciones de crisis, lo que no solo pone en riesgo a los pacientes, sino que también deslegitima la profesión ante la sociedad.
El Intrusismo: Un Problema Crítico
Aunado a la falta de preparación, el intrusismo es otro problema crítico en la práctica de la psicología en el país. Este fenómeno se refiere a la práctica profesional por parte de individuos que no cuentan con las credenciales o la capacitación necesaria, adjudicándose competencias que no poseen. En el ámbito de la salud mental, esto es especialmente peligroso, ya que el manejo inadecuado de los problemas psicológicos puede agravar las condiciones de los pacientes y, en el peor de los casos, contribuir a la manifestación de conductas violentas.
El intrusismo en la psicología no solo afecta a los individuos que buscan ayuda, sino que también distorsiona la percepción pública de la profesión y socava la confianza en los verdaderos expertos. La falta de regulación efectiva y de sanciones adecuadas para quienes practican de manera ilegal exacerba este problema, creando un entorno donde la salud mental es tratada de manera irresponsable tanto en instituciones públicas como en centros privados de salud mental.
La Débil Actuación del Colegio Dominicano de Psicólogos
El Colegio Dominicano de Psicólogos (CODOPSI) tiene, según la Ley 22-01, el mandato de regular el ejercicio de la psicología en el país. Sin embargo, su actuación ha sido, en gran medida, débil y deficiente. Aunque cuenta con las facultades necesarias para supervisar y garantizar que la práctica de la psicología se realice de manera ética y profesional, sus esfuerzos han sido breves y lamentables, sin el rigor que la situación amerita.
El CODOPSI ha fallado en establecer controles estrictos que eviten el intrusismo y aseguren que solo los profesionales capacitados ejerzan la psicología. Su intervención en casos de práctica ilegal o poco ética ha sido mínima, permitiendo que la falta de profesionalismo y la mala praxis proliferen en el país. Esta falta de acción efectiva no solo compromete la integridad de la profesión, sino que también pone en peligro la salud mental de la población dominicana, contribuyendo indirectamente a la escalada de violencia que actualmente vivimos.
El Papel del Gobierno en la Crisis de Salud Mental
El gobierno dominicano tiene una responsabilidad fundamental en la protección de la salud mental de sus ciudadanos. No obstante, la realidad muestra un panorama de negligencia y falta de políticas públicas efectivas para abordar esta crisis. La ausencia de programas de prevención, la falta de inversión en la formación de profesionales competentes y la inexistencia de una supervisión rigurosa para evitar el intrusismo son evidencias de un manejo deficiente del tema.
La falta de atención por parte del Estado en la promoción y protección de la salud mental ha permitido que la violencia crezca sin control. Además, la inacción en regular y sancionar el intrusismo en la psicología agrava la situación, dejando a la población desprotegida y expuesta a prácticas que no cumplen con los estándares profesionales adecuados.
En conclusión, la violencia en República Dominicana es un reflejo de una crisis más profunda en la salud mental, una crisis que ha sido ignorada y mal manejada tanto por los profesionales como por las autoridades. Es imperativo que se implementen medidas para mejorar la formación de los psicólogos, regular la práctica de la psicología y establecer políticas públicas efectivas que promuevan la salud mental en todo el país. Solo así se podrá comenzar a revertir la creciente ola de violencia y proteger a la población de sus devastadoras consecuencias.
Sobre el autor
Jaime Alberto Rojas Tejada es licenciado en psicología, mención psicología clínica. Cuenta con un diplomado internacional en educación en valores y un diplomado en psicometría. Además, ha realizado varias capacitaciones, entre ellas en primeros auxilios psicológicos, prevención del suicidio y manejo de duelo, gestión emocional en las organizaciones, entre otras. Actualmente, es maestrante en investigación científica y es el CEO de PsicoEducate, una organización dedicada a la psicoeducación. Con una pasión por la salud mental y el bienestar de la comunidad.












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