“Fomentar el autocuidado y la prevención en salud mental materna es proteger el vínculo, la vida y el futuro”
Por Sabina Isaura Polanco Almanzar Magister en Psicologia
No es raro escuchar frases como “las madres pueden con todo” o “ser madre es lo más hermoso del mundo”. Pero la realidad es mucho más compleja, mucho más humana y muchas veces más dolorosa. Detrás de cada madre que sonríe cansada en una sala de espera, que hace malabares entre pañales, trabajo y culpas, puede haber una mujer emocionalmente rota. Una mujer que no duerme, que no se reconoce, que se siente sola. Y de esto, casi nadie habla.
Yo sí quiero hablar. Porque el silencio nos enferma.
Una herida invisible que afecta a muchas
La salud mental materna es una de las áreas más descuidadas del bienestar emocional, a pesar de su impacto profundo no solo en las mujeres, sino en sus hijos, familias y comunidades. Según la Organización Panamericana de la Salud (2023), hasta un 20% de las madres en América Latina presenta algún trastorno mental en el embarazo o posparto. Depresión, ansiedad, estrés postraumático… pero también agotamiento extremo, pérdida de sentido, sensación de incompetencia.
La maternidad remueve todo. Identidad, cuerpo, relaciones, sueños. Es una transformación brutal. Pero la narrativa social sigue empeñada en idealizarla, como si reconocer el sufrimiento fuera un acto de ingratitud.
Como bien afirma la antropóloga Dana Raphael, quien acuñó el término “matrescencia” (la transición emocional a la maternidad), “necesitamos entender que ser madre no es solo una experiencia física, sino también una profunda reconfiguración psicológica”. Pero seguimos exigiendo a las madres amor incondicional, entrega absoluta, rendimiento total. Las tratamos como si fueran superhumanas, y eso las deshumaniza.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada cinco mujeres experimenta un trastorno mental durante el embarazo o en el primer año después del parto. La depresión perinatal y la ansiedad son los más comunes. Un metaanálisis publicado en The Lancet Psychiatry (Woody et al., 2017) estima que el 17% de las mujeres en países de ingresos bajos y medios y el 13% en países de ingresos altos sufren depresión posparto. Estas cifras reflejan solo la punta del iceberg, pues los estigmas culturales y la falta de acceso a servicios provocan un subregistro alarmante.
La psicóloga perinatal Laura Gutman advierte que “la sombra emocional que arrastra una madre puede determinar el clima emocional de todo un hogar.” Cuando no se cuida la salud mental materna, las consecuencias se extienden más allá de la mujer: afectan la calidad del vínculo con el bebé, la dinámica familiar y el desarrollo emocional infantil. Estudios del Center on the Developing Child de Harvard muestran que el estrés tóxico durante la infancia —incluyendo la exposición a madres deprimidas o ansiosas— puede alterar el desarrollo cerebral de los niños.
Ignorar la salud mental materna perpetúa ciclos de sufrimiento silencioso, burnout, culpa y aislamiento. En su libro The Motherhood Complex (2021), la periodista Melissa Hogenboom señala que “hemos creado una sociedad que venera la maternidad pero abandona a las madres”.
Las consecuencias de mirar hacia otro lado
¿Qué pasa cuando no cuidamos la salud mental de las madres?
Pasa que muchas mujeres sufren en silencio: Que sienten que algo está mal con ellas porque no están disfrutando de la maternidad como les dijeron que debía ser. Que se aíslan. Que se sienten malas madres por necesitar ayuda.
Pasa que los bebés crecen en entornos emocionalmente frágiles: La ciencia ha demostrado —como lo hizo el Harvard Center on the Developing Child— que el estrés materno sostenido se relaciona con un mayor riesgo de dificultades en el desarrollo socioemocional y cognitivo del niño.
Pasa que las madres abandonan sus trabajos, sus sueños, sus vínculos Pasa que algunas llegan a pensamientos oscuros que nadie ve venir. Según datos de The Journal of Affective Disorders (Howard et al., 2022), el suicidio es una de las principales causas de muerte materna en países de ingresos altos. Y eso, por sí solo, debería escandalizarnos.
¿Qué implica no cuidar la salud mental materna?
- • Aumento del riesgo de depresión crónica en las madres.
- • Desarrollo de trastornos emocionales o conductuales en los hijos.
- • Mayor riesgo de violencia intrafamiliar.
- • Baja productividad laboral y alta carga en los sistemas de salud.
- • Deterioro de relaciones de pareja y aislamiento social.
No es debilidad. Es salud.
Hablar de salud mental materna no es un capricho moderno, ni una queja de mujeres débiles. Es un tema de derechos humanos, de salud pública y de justicia social. Necesitamos entender que cuidar a una madre es cuidar a toda una familia.
Las madres no necesitan que las endiosemos, ni que les digamos que “esto también pasará”. Necesitan redes, políticas reales, y un entorno que reconozca sus emociones como válidas. Necesitan que dejemos de decirles que “di sfruten cada momento” cuando están al borde del colapso.
¿Qué podemos hacer? Algunas ideas necesarias
- • Formar a profesionales de salud en salud mental perinatal, para detectar señales tempranas de sufrimiento emocional.
- • Implementar licencias más humanas, no solo por maternidad, sino por salud mental postnatal, que incluyan también a las parejas.
- • Fomentar espacios seguros de conversación entre madres, sin juicios ni presiones.
- • Normalizar la terapia, el descanso, la ayuda externa. No hay nada heroico en quemarse.
- • Educar a la sociedad para derribar mitos sobre la maternidad perfecta. Basta de exigencias irreales.
Una causa que es de todos
Soy madre, hija, hermana, amiga, nuera, cuñada; pero sobre todo soy una profesional de la salud mental empeñada en promoverla en todas las esferas de la vida. He acompañado, escuchado, caminado junto a muchas mujeres en ese proceso, y me atrevo a decirlo con fuerza: no podemos seguir ignorando esta crisis silenciosa. Si queremos construir comunidades sanas, necesitamos poner la salud mental materna en el centro de la conversación.
Cada vez que cuidas a una madre, estás cuidando a una generación entera. Y eso sí que es sagrado.
La salud mental materna: una prioridad urgente y olvidada
Por años, la maternidad ha sido envuelta en una narrativa romántica y sacrificada, muchas veces invisibilizando el costo emocional que conlleva. Hoy, más que nunca, urge reconocer y actuar sobre un hecho contundente: la salud mental de las madres está en crisis y nuestra sociedad no está haciendo lo suficiente para protegerla.
¿Cómo podemos fortalecer la salud mental materna?
- 1. Validar y visibilizar la experiencia materna: Hablar de salud mental en la maternidad sin juicio ni idealización es el primer paso. Las madres necesitan sentirse vistas y escuchadas, no evaluadas.
- 2. Acceso a atención psicológica especializada: Los servicios de salud deben integrar la salud mental perinatal como parte esencial del cuidado materno. Esto incluye tamizajes regulares, terapias accesibles y formación del personal de salud.
- 3. Corresponsabilidad familiar y social: Cuidar no puede ser una carga exclusiva de la mujer. Las parejas, familias, empleadores y políticas públicas deben garantizar el derecho de las madres al descanso, al autocuidado y al apoyo emocional.
- 4. Redes de apoyo y acompañamiento entre madres: Espacios comunitarios, virtuales o presenciales, permiten romper el aislamiento y compartir experiencias desde la empatía.
- 5. Educación emocional desde el embarazo: Preparar emocionalmente a las mujeres para los desafíos del puerperio es tan importante como los controles médicos. Incluir la salud mental en los cursos prenatales es clave.
En palabras de la psiquiatra Alexandra Sacks, pionera en el estudio de la “matrescencia”: “La transición a la maternidad es una transformación tan profunda como la adolescencia, y aun así la tratamos como si no existiera”. Cuidar la salud mental materna no es un acto de compasión individual, es una inversión colectiva en el bienestar presente y futuro de nuestras sociedades.
“Es hora de que dejemos de romantizar la maternidad para empezar a humanizarla”.










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