Con la segunda parte de este artículo, sobre el vasto tema del patrimonio cultural, continuamos contribuyendo con la responsabilidad social de la Universidad Católica Nordestana ante la comunidad.
Sintetizando el artículo anterior, el patrimonio cultural representa todo lo que se relaciona con la cultura y el ser humano desde las obras de arte, edificios históricos, las ruinas que muestran las civilizaciones anteriores, ciudades históricas, lugares naturales. La noción de patrimonio cultural se ha extendido a categorías que tienen gran valor para la humanidad, tales como, las formaciones físicas, biológicas y geológicas extraordinarias, las zonas con valor excepcional desde el punto de vista de la ciencia, de la conservación o de la belleza natural y los hábitats de especies animales y vegetales amenazadas.
Se ha contemplado otra dimensión, el patrimonio inmaterial (intangible), que abarca el conjunto de formas de cultura tradicional y popular o folclórica, las cuales emanan de una cultura y se basan en la tradición. Éstas se transmiten oralmente o mediante gestos y se modifican con el transcurso del tiempo a través de un proceso de recreación colectiva. Contribuye a entender a otros pueblos y culturas. Para muchas poblaciones, especialmente las indígenas, el patrimonio intangible representa la fuente vital de una identidad profundamente arraigada en la historia y constituye los fundamentos de su vida comunitaria. La protección de este patrimonio es muy vulnerable debido a su índole efímera.
Otra vertiente moderna del patrimonio cultural es la que valora los testimonios presentes que se almacenan en forma digital. Esto incluye páginas de Internet, bases en línea y diarios electrónicos que son parte integral del patrimonio cultural. La rápida obsolescencia de la información digital y la inestabilidad del Internet ponen en riesgo todo el testimonio acumulado en formato HTM. La protección de este patrimonio necesita del consenso internacional para su almacenaje, preservación y diseminación.
El patrimonio cultural tangible (material) tiene gran significado sociocultural y valor económico, porque constituye una parte importante de la herencia de toda comunidad. Actualmente se refleja un considerable deterioro del mismo y la ausencia de los recursos suficientes para su protección y conservación. A diferencia de gran parte de los bienes naturales, todos los bienes de patrimonio cultural son recursos no renovables. Allí radica la responsabilidad de asegurar la preservación de nuestra herencia cultural para el deleite de las generaciones presentes y futuras.
Los bienes culturales materiales, se distinguen en patrimonio mueble (que puede ser trasladado) del patrimonio cultural inmueble. Los museos, las bibliotecas y los archivos son quienes conservan el patrimonio mueble, además de algunos sujetos individuales y distintas instituciones quienes comparten la responsabilidad de preservar el patrimonio inmueble. Esta idea fue reforzada por el peligro de que desaparecieran grandes manifestaciones culturales debido a la enorme destrucción causada durante la Segunda Guerra Mundial.
El valor de los bienes y manifestaciones culturales no está en un pasado rescatado, sino, en la relación que en el presente establecen las personas y las sociedades con dichas huellas y testimonios. El patrimonio cultural es pasivo, existe como objeto, independientemente del reconocimiento o no de su valor cultural, y es la comunidad la que en un momento determinado de su desarrollo lo escoge como elemento que debe ser conservado por valores que trascienden su uso o función primitiva, así queda definido como bien cultural. El patrimonio cultural se conforma a partir de un proceso social y cultural de atribución de valores, funciones y significados, es producto de un proceso social permanente, de construcción de significados y sentidos. Los ciudadanos deben conocer esa realidad, posibilitando el surgimiento de nuevos bienes patrimoniales.











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