Los sistemas históricos han hecho esfuerzos inmensos en búsquedas de temer a Dios. Por ese proceso ha transcurrido las historias del mundo, el pueblo de Israel es prototipo de esa situación. Se incurrió en luchas terribles por identificar a su Dios, tanto así que se crearon becerros de oro, torres elevadas, en fin, acciones magnificadas de idolatrías.
El antiguo testamento, escritos formulados en procura de establecer el criterio de adorar un único Dios con la previsión de anunciar el cumplimiento de una profecía de un salvador que hará presencia como único señor de la humanidad. Ese anuncio a través de sus escritos se hace realidad con la presencia del hijo de un carpintero llamado Jesucristo, pero ese Jesucristo viene con una misión muy extraña que rompe con todos los parámetros establecidos que servían de base al sistema legalista y dominante existente.
Plantea como principio el valor del ser humano por encima de los valores espirituales internos de muchas doctrinas que buscan un Dios arriba y personalista para usarlo en procura de desplegar una alienación manipuladora que no da lugar a discusión racional de los verdaderos principios enarbolados por Jesucristo.
El mismo plantea que de nada te sirve llevar ofrendas, hacer sacrificios, postrarte de rodillas sin antes ponerte de acuerdo con el hermano que has ofendido, sin mirar y actuar frente al hambriento, al desnudo, al preso, al enfermo, en fin, actuar con espíritu compasivo.
Políticos, comerciantes, gobernantes, burgueses, religiosos, todos quieren tener a Dios. Proceden a manipular la verdadera identidad del evangelio para beneficio personal, ignorando la verdadera esencia de esa sana doctrina liberadora que nos acerca al verdadero Dios. Hoy la Republica Dominicana sigue siendo objeto de manipulación por muchos medios y sectores mediáticos que temen a la verdad y siguen escondiendo la cabeza para no reconocer y enfrentar la verdadera tragedia que hoy fecunda a nuestra sociedad.
Conocer a Dios implica ir donde el hermano, sobre todo el que más sufre ante cualquier circunstancia que le rodee “porque si no conoces al hermano a quien ves, ¿cómo vas a conocer a Dios a quien no ves?”. Hoy se nos plantea un gran dilema social y nos preguntamos ¿dónde está tu Dios? En la apariencia, en el bulto, en el dinero, en la oración sin sentido. A Dios lo encontraras en el otro, debe ser el principio de la búsqueda de tu identidad personal cristiana. Jesucristo siempre se preocupó por el otro, el más pobre en todo el sentido de la palabra.
Hay muchos seres humanos que gozan de todo el material posible, pero su corazón está roto, su identidad está en peligro permanente, no piensan que después en este Estado en que estamos hoy nadie sabrá lo que habrá mañana.
Todo termina y sería buena tener paz interior por haber cumplido nuestra misión en nuestra tierra. Trabajemos por un mundo integral, por una justicia justa, por una mejor distribución de los bienes materiales, por un mayor acceso de los jóvenes a los medios de producción. No ignores al Dios que está en el otro en el más pobre, en el más necesitado, en el herido interiormente, acerquémonos a los demás a sabiendas de que una conversación personal puede redimir un alma interior.










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