Cuando hablamos de cáncer, muchos lo imaginan como una enfermedad que aparece “de la nada”. Pero la realidad es que, en un alto porcentaje de los casos, existen factores de riesgo que lo favorecen… y algunos de ellos están en nuestras manos.
Se estima que hasta 4 de cada 10 cánceres podrían prevenirse si cuidáramos más nuestros hábitos y nuestro entorno. Y no se trata de vivir con miedo, sino de vivir con conciencia.
El tabaco, por ejemplo, es el mayor enemigo: no solo daña los pulmones, también está detrás de cánceres de cavidad oral, garganta, vejiga, páncreas y varios más. El alcohol tampoco se queda atrás: incluso en cantidades “moderadas” aumenta el riesgo de cáncer de mama, hígado, boca y colon.
La alimentación y el peso corporal juegan un papel enorme. Una dieta rica en frutas, vegetales y granos integrales, junto a la reducción de ultraprocesados y azúcares, no solo protege el corazón: también disminuye el riesgo de varios tipos de cáncer, incluyendo colon, mama y estómago. Y si a eso sumamos el ejercicio regular —aunque sea caminar 30 minutos al día—, multiplicamos la protección.
No podemos olvidar la exposición solar: el melanoma, el cáncer de piel más agresivo, está estrechamente relacionado con quemaduras solares acumuladas desde la infancia. El protector solar, la ropa adecuada y evitar el sol directo entre las 10 a.m. y las 4 p.m. no son un lujo: son medidas de prevención.
Claro, hay cánceres que no podemos prevenir, como muchas leucemias, linfomas, tumores cerebrales o la mayoría de los cánceres pediátricos. En estos casos, la genética o el azar biológico tienen un papel importante. Incluso un 5–10% de todos los cánceres tienen un origen hereditario, como los asociados a mutaciones en BRCA1/2 (mama y ovario) o al síndrome de Lynch (colon y endometrio).
Pero ahí entra la otra gran herramienta: la detección temprana. En familias con antecedentes, las pruebas genéticas y los chequeos periódicos pueden marcar la diferencia entre un diagnóstico precoz y uno tardío. En la población general, cumplir con las mamografías, Papanicolaou, colonoscopías y otras pruebas de rutina salva vidas.
El mensaje es claro: no siempre podemos evitar el cáncer, pero sí podemos reducir el riesgo y, sobre todo, encontrarlo a tiempo, cuando es más fácil de tratar y curar. Cada decisión que tomamos hoy —lo que comemos, lo que evitamos, cómo nos cuidamos— es un regalo para nuestra salud futura.
La prevención no es un castigo, es un acto de amor propio y hacia quienes nos quieren.
Por: Dra. Alcestis Salazar Polanco
Oncóloga Radioterápica
Radioterapia con propósito
Buenos Rayos a todos!











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