En apenas una semana de transmisión, la segunda temporada de La Casa de Alofoke se ha consolidado como un auténtico fenómeno global del streaming, ocupando el primer lugar en audiencias internacionales según varios ranking de alta credibilidad como el de #StreamersHispanos. Aquí, en la República Dominicana, este programa no solo entretiene, también pone al país en un mapa de visibilidad mundial en producción de contenidos digitales.
Y yo me pregunto, si ¿todos conoceremos la dimensión de lo que está ocurriendo?
Una inversión millonaria para una producción local que combina música urbana, convivencia y entretenimiento puro. Miles de personas implicadas, desde participantes hasta trabajadores en producción, logística, cámaras, sonido, transmisión, etc. Un canal de empleo real que va más allá del maquillaje del “solo entretenimiento”.
Un programa en un formato 100 % digital, sin restricciones de geografía, que permite a la diáspora dominicana conectarse y al mundo hispano escucharnos. Señores esto es un hecho hasta simbólico, países que antes mirábamos como “mercado” ahora nos miran como “plataforma”. Hay un valor simbólico y económico en favor de nuestros colores.
Pero sin embargo me llama la atención que muchos comunicadores y figuras del medio opten por el desdén, el calificativo fácil de “basura” para el programa. ¿Por qué? ¿Porque no encaja en su molde tradicional de “televisión de calidad”? Tal vez. Pero permitámonos la siguiente reflexión:
¿No hay mérito en que un producto nacido en Santo Domingo tenga visibilidad global y mueva cadenas de valor, empleo, conversación social?
¿No hay mérito en que genere miles de comentarios en redes, que familias vean, participen, discutan? ¿O es que solo se valora lo pretencioso, lo “alto arte” y el trabajo de la supuesta élite?
Por supuesto, entretenimiento no es educación formal; no tiene que serlo. El público decide si lo ve o no, si le gusta o no. Y allí es que radica precisamente su fuerza, NO PRETENDE ENSEÑAR, sino conectar, divertir, movilizar. Y si en ese proceso genera oportunidades directas e indirectas para dominicanos, para trabajadores, para la industria local, deberíamos verlo como parte del desarrollo cultural y economico, no desecharlo como BASURA solo por el prejuicio de un grupito clasista.
A esos “comunicadores de casta” que ven el espejo y sólo señalan manchas, les digo lo siguiente: Si un proyecto dominicano puede invertir a gran escala, posicionarse globalmente y generar ecosistema, eso vale tanto como cualquier galardón tradicional, nacional e internaciol. Criticar está bien, todos lo hacemos, pero ignorar lo positivo, no, eso no, porque en la era digital, en el mundo del streaming y de la visibilidad global, el que no se adapta, se queda fuera. Y hoy, República Dominicana está dentro.
Con programas como La Casa de Alofoke, se abre camino y se abre orgullo. Y eso también debe celebrarse, además pregúntense ustedes mismo, porque las GRANDES MARCAS están volteando a ver y a apoyar este tipo de proyectos y realidades, simple “EL MUNDO CAMBIÓ” “LA COMUNICACIÓN Y EL ENTRETENIMIENTO CAMBIARON” y nosotros somos bendecidos y debemos sentirnos orgullosos por tener a la mejor plataforma de toda latinoamerica (Alofoke) en nuestro país.











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