La diócesis de San Francisco de Macorís (SFM) concluyó el Año Jubilar de la Esperanza 2025 con dos significativos encuentros diocesanos que evidenciaron la vitalidad de la fe y el profundo sentido eclesial del pueblo de Dios.
En horas de la mañana, la Parroquia Santuario Nuestra Señora de la Altagracia de Nagua acogió a una gran cantidad de fieles provenientes de distintas comunidades, mientras que, en la tarde, la Catedral Santa Ana reunió a una representación numerosa de todas las parroquias de la ciudad, llenando el templo no solo en número, sino también de un palpable espíritu jubilar, marcado por la alegría, el entusiasmo y un ambiente festivo.
La celebración contó con una amplia participación de fieles laicos, diáconos y sacerdotes, reflejando la comunión diocesana y el compromiso pastoral vivido a lo largo del Jubileo.
La animación estuvo a cargo de la Pandilla de la Amistad, que contribuyó a crear un clima de gozo y acción de gracias, acorde con el sentido celebrativo del cierre del Año Santo.
Durante la homilía, Mons. Alfredo de la Cruz Baldera subrayó que el cierre del Año Jubilar no significa el fin de la reflexión teológica y pastoral sobre la esperanza. De manera elocuente, afirmó que la Iglesia diocesana está llamada a pasar de ser “peregrina de esperanza” a convertirse en “testigo de esperanza”, a ejemplo de los discípulos que dieron testimonio de la resurrección del Señor.
En este sentido, destacó a la familia como un espacio privilegiado para encarnar dicha esperanza, reconociendo que, aunque con frecuencia se le responsabiliza de múltiples problemáticas sociales, existen numerosas familias que viven y transmiten los valores cristianos, siguiendo el ejemplo de José y María en el cuidado y la protección de los hijos.
El Obispo recordó que los valores no se han perdido, sino que, en muchos casos, se ha debilitado su práctica cotidiana.
Insistió en que el testigo de esperanza debe ser misericordioso y bondadoso, promotor de la unidad, la sencillez y la mesura, capaz de corregir con amor y de comprender a los demás.
Subrayó, además, la importancia del perdón en la vida familiar y comunitaria, afirmando que donde no hay perdón no puede haber esperanza.
Concluyó invitando a cultivar un corazón agradecido, capaz de reconocer los dones de Dios incluso en las cosas más pequeñas, como camino para experimentar la paz que proviene del Señor.
Finalmente, expresó su confianza en una diócesis que sigue creciendo en la esperanza, con un clero joven y comprometido y laicos fervientes en el servicio, anunciando la ordenación de tres nuevos sacerdotes para el próximo año.
Por su parte, el delegado diocesano para el Jubileo, P. Amable Fernández, ofreció un balance de las principales actividades realizadas durante este año jubilar.
Tras la apertura en diciembre de 2024, se desarrolló un proceso formativo para unos 250 peregrinos de esperanza; se realizaron lanzamientos zonales para animar parroquias y movimientos; se llevaron a cabo numerosas peregrinaciones tanto a nivel diocesano como a santuarios nacionales; y en el mes de octubre se celebró la Misión Diocesana de la Esperanza.
Asimismo, los distintos movimientos apostólicos vivieron sus encuentros diocesanos con un marcado acento jubilar y se administraron abundantemente los sacramentos, especialmente bautismos, confesiones y matrimonios.
Al finalizar la celebración, el Vicario de Pastoral, P. Ángel Díaz, recordó que con el cierre del Jubileo no se cierra la “puerta de la gracia”, sino que continúa el llamado a profundizar en la esperanza cristiana. Introdujo, además, la temática del próximo año pastoral, adelantando el lema: “Bautismo y sinodalidad, camino de santidad”, e invitó a la diócesis a prepararse espiritualmente para el próximo Año Jubilar del 2033, cuando se conmemorarán los 2000 años de la redención de la humanidad.
La clausura del Año Jubilar de la Esperanza deja así una huella profunda en la vida pastoral de la diócesis, renovando el compromiso de ser una Iglesia que, en medio de los desafíos del tiempo presente, continúa anunciando y testimoniando la esperanza que no defrauda.













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