San Francisco de Macorís.-La comunidad educativa, social y comunitaria de la sección La Yagüiza. lamenta profundamente el fallecimiento del maestro Ramón Eduardo Reyes Rosario (Doro), ocurrido el miércoles 25 de marzo a la edad de 96 años, dejando tras de sí una trayectoria ejemplar de servicio, formación académica y compromiso humano que marcó a varias generaciones en esa comunidad otras vecinas.
Doro, econocido ampliamente como maestro de generaciones, dedicó gran parte de su vida a la enseñanza en comunidades La Peña, Atabalero, la Yagüiza, entre otras donde su vocación educativa trascendió el aula para convertirse en una auténtica misión social.
Durante décadas formó niños, jóvenes y adultos, sembrando conocimientos, valores y disciplina en centenares de familias que hoy recuerdan con gratitud su entrega desinteresada.
Su figura fue también altamente valorada dentro del sistema educativo dominicano, donde desempeñó funciones como supervisor distrital en el municipio de Tenares, cargo en el que acumuló méritos, reconocimientos y respeto institucional por su disciplina, capacidad organizativa y cercanía con docentes, estudiantes y directores de centros educativos.
En el año 1965 viajó a Venezuela para realizar una especialidad en educación de adultos, formación que luego aplicó en beneficio de comunidades vulnerables, fortaleciendo procesos de alfabetización y capacitación dirigidos a personas adultas, en momentos en que ese tipo de enseñanza representaba una necesidad social urgente.
Más allá de sus funciones oficiales, Ramón Eduardo Reyes Rosario fue considerado un auténtico dirigente humanista y promotor comunitario.
Su residencia se convirtió durante años en un espacio abierto de consulta y aprendizaje, donde mantenía una biblioteca accesible para estudiantes de escasos recursos que acudían a realizar tareas escolares, investigar y recibir orientación académica, en una época en que el acceso a libros y materiales educativos era limitado.
Exalumnos, profesores, comunitarios, familiares y allegados recuerdan aquella casa como un verdadero centro de formación, donde nunca faltó un libro, una explicación paciente o un consejo oportuno.
Su disposición permanente de ayudar convirtió ese hogar en referencia educativa para numerosas generaciones.
Su legado también permanece en su familia. Le sobreviven su esposa Porfiria Burgos y sus hijos Rosanma Reyes Burgos, exdirectora del Distrito Educativo 07-06; Kelvia, Ramón Marcelino (Henri), Seatiel Reyes, junto a otros familiares que hoy reciben múltiples muestras de solidaridad y acompañamiento
En comunidades como La Yagüiza, donde era ampliamente querido y respetado, su partida ha provocado profundo pesar, pues muchos lo recuerdan como un hombre de palabra serena, trato afable y gran sensibilidad social, siempre dispuesto a orientar, escuchar y colaborar.
La trayectoria queda marcada como la de un educador de vocación profunda, cuya influencia trascendió las funciones oficiales para convertirse en referencia moral, pedagógica y humana en varias generaciones del nordeste dominicano. Su memoria permanecerá viva en cada alumno formado, en cada consejo ofrecido y en cada familia que recibió su mano solidaria.











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