Hoy más que nunca, los seres humanos vivimos inmersos en un constante estado de estrés y agobio. El mundo tecnológico, las redes sociales y el afán de mantenernos siempre conectados han provocado que muchas personas desarrollen una necesidad de estar pendientes de todo, sin centrarse verdaderamente en nada.
De esta realidad surge el deseo de crear una burbuja personal, un refugio psicológico que nos permita evitar que los problemas cotidianos, destruyan la paz emocional que cada persona necesita para continuar con sus planes y proyectos. En este contexto, cada vez se hace más común convertir la vida en una forma de entretenimiento permanente, en un hobby. Como existen muchas situaciones humanas, económicas, sociales y políticas que no podemos controlar, algunas personas optan por vivir como si todo fuera un chiste, un cuento o un paraíso terrenal.
Lo interesante es que esta tendencia no se manifiesta de una sola manera, sino de múltiples formas. Algunas personas pasan su tiempo libre buscando videos graciosos; otras llegan a casa y utilizan el celular sin límite de tiempo. Para un gran número de personas, esto parece normal. Y, en cierta medida, lo es: cuando estamos inmersos en problemas y dificultades en la convivencia con los demás, el entretenimiento puede convertirse en un consuelo, un calmante y una pausa…
Sin embargo, en el fondo sabemos que, en ocasiones, esta actitud puede convertirse en una forma de evadir nuestra responsabilidad. Puede llevarnos a adoptar una postura cómoda, en la que preferimos no comprometernos ni sacrificarnos por la construcción de un mundo mejor. Así, repetimos expresiones como: «Eso le toca al gobierno», «A mí no me corresponde» o «Que lo haga otro».
Ahora bien, entretenerse no es un problema. Todos, en algún momento, lo necesitamos. Incluso es saludable mantener un equilibrio en la vida: ir a la playa, salir de viaje, conocer nuevas personas o compartir con la familia durante el fin de semana. El descanso forma parte de la naturaleza humana. No obstante, convertir el entretenimiento en un estilo de vida, en un paradigma y en un objetivo fundamental, no es lo más adecuado. Si lo hacemos, corremos el riesgo de contemplar los retos y desafíos como una maldición, en lugar de verlos como oportunidades de crecimiento.
Y sabemos que no es así. Nadie crece ni madura en la vida sin enfrentar obstáculos. Por tanto, es necesario cambiar de mentalidad. En vez de huir de aquello que nos inquieta y nos roba la paz, busquemos un espacio de serenidad para analizar cómo podemos superar lo que nos estanca. Hagamos el esfuerzo de descubrir qué podemos aportar desde nuestra inteligencia, creatividad y experiencia de vida para dejar un mundo mejor. Utilicemos el entretenimiento como una pausa, pero nunca como una forma de habitar permanentemente en la evasión. Como bien dice la expresión: «Lo que no nos mata, nos hace más fuertes». En otras palabras, hagamos del caos una oportunidad para poner en práctica nuestros dones y valores humanos.











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