El domingo 19 de julio, el Pabellón Bajo Techo Mario Ortega estaba repleto cuando concluyeron los 40 minutos del sexto partido de la serie final. La victoria 91-80 sobre los Metros de Santiago desató una celebración que no representó solamente el desenlace de un encuentro ni el cierre de una eliminatoria.
Fue la culminación de una temporada concebida meses antes, construida alrededor de una identidad renovada, un núcleo joven, refuerzos cuidadosamente seleccionados y una cultura organizacional que procuró colocar a todos sus integrantes en una misma dirección.
Los Gigantes Basketball Club derrotaron 4-2 a los Metros y conquistaron el tercer campeonato de la franquicia en la Liga Nacional de Baloncesto. Detrás de la copa levantada en el Mario Ortega existía una historia más amplia: la de una organización que redefinió su proyecto, superó momentos difíciles y convirtió la distribución de funciones en una de sus principales fortalezas.
No fue únicamente un gran campeonato. Fue una gran temporada.

Una transformación que comenzó fuera de la cancha
La construcción del título comenzó durante la temporada muerta con la designación de Rafael Almánzar como director general de la franquicia y la integración de Junior Matrillé como asesor de operaciones, además de sus responsabilidades como director de Comunicaciones.
La nueva estructura contó con el apoyo incondicional de la familia Rizek y el liderazgo de José Ernesto Marrero Rizek “Cheny”, presidente del equipo. Posteriormente, la organización completó el cambio de identidad de Indios de San Francisco a Gigantes Basketball Club como parte de una renovación institucional, comercial y deportiva orientada a fortalecer el vínculo de la franquicia con la ciudad.
Almánzar, quien anteriormente se desempeñaba como gerente de Mercadeo, explicó que la modificación venía analizándose desde hacía varios años y respondió al propósito de unificar a la fanaticada francomacorisana bajo una marca de mayor reconocimiento y arraigo local.
El proceso no se limitó al nombre o a la línea gráfica. Incluyó una nueva visión administrativa, comercial y deportiva.
Los resultados fueron visibles. Durante los tres meses de competencia, el equipo acumuló más de 13 millones de visualizaciones en sus plataformas digitales y celebró alrededor de ocho partidos a casa llena, incluidos seis llenos consecutivos entre la semifinal y la serie final.
La nueva identidad también favoreció la proyección comercial del equipo, la recepción de los patrocinadores y la identificación del público con la franquicia.
La temporada demostró que el cambio no representaba una ruptura con la historia del baloncesto francomacorisano, sino una evolución de esa tradición.
Luismal La Bestia del Jaya, el centro del proyecto
Una de las primeras decisiones estructurales fue asegurar por tres temporadas al francomacorisano Luismal Ferreiras y convertirlo en la figura alrededor de la cual se construiría el conjunto.
La organización no comenzó reuniendo nombres aislados. Primero definió la clase de equipo que pretendía formar, el estilo que debía representar a la franquicia y las características necesarias en el dirigente, los asistentes y los jugadores importados.
La Bestia del Jaya respondió con la mejor temporada de su carrera y fue seleccionado Jugador Más Valioso de la serie regular.
Su impacto trascendió la producción ofensiva. Fue el principal reboteador del equipo y se convirtió en una referencia para el núcleo joven. En los primeros cinco encuentros de la final acumuló 82 rebotes, una cifra muy superior a la de sus compañeros.
Su evolución también reflejó el trabajo técnico realizado durante la campaña. Después de lanzar alrededor de un 41 % desde la línea de tiros libres en la temporada anterior, elevó su efectividad hasta aproximadamente un 70 %, luego de introducir ajustes en su mecánica.
Sin embargo, uno de los momentos que mejor retrató la cultura del equipo ocurrió en el partido decisivo. Ferreiras entró en problemas de faltas y Juan Junior Rosario ocupó su lugar. El conjunto encontró una rotación efectiva y el Jugador Más Valioso de la serie regular permaneció fuera durante buena parte del tramo final.
En lugar de mostrar inconformidad, Ferreiras se colocó detrás de la banca, sirvió agua, animó a sus compañeros y respaldó al grupo mientras se aseguraba el campeonato.
Esa escena explicó el título tanto como cualquier estadística.
Las piezas correctas para funciones concretas
Con la nueva estructura organizacional, el gerente de Operaciones, Aneudis Rivera, recibió el respaldo necesario para conformar una plantilla con piezas capaces de complementarse.
Una de las decisiones principales fue la contratación de Víctor Peña como dirigente. Peña condujo al equipo hasta el campeonato y fue reconocido como Dirigente del Año después de una serie regular en la que los Gigantes registraron marca de 12-4.
Charles Brown Jr. asumió el liderazgo ofensivo y fue seleccionado Jugador Más Valioso de la serie final. El importado anotó 132 puntos en los seis partidos frente a Metros y respondió en los momentos de mayor presión.
Su capacidad para generar ofensiva y defender distintas posiciones justificó la apuesta realizada por la gerencia.
BJ Fitzgerald, contratado desde los primeros meses del año, aportó anotación, tamaño y tiro exterior. Marquis Wright asumió la conducción del equipo y ofreció el equilibrio necesario para distribuir el balón entre las diferentes opciones ofensivas.
Stephen Zimmerman agregó presencia interior, defensa y rebotes, mientras Edgar Tejeda, Juan Junior Rosario, Franklin Batista, Jean Karlo Iciano, Miguel Miranda, Jeffrey Abreu y los demás integrantes de la segunda unidad se mantuvieron preparados para responder cuando recibieran su oportunidad.
Los Gigantes no ganaron porque todos intentaran convertirse en protagonistas. Ganaron porque cada jugador entendió su función.

Juan Miguel Suero determinante para ganar
La integración de Juan Miguel Suero, después de concluir sus compromisos en Venezuela, representó uno de los movimientos determinantes de la temporada.
Su llegada planteaba una interrogante: cómo encajaría una figura de su trayectoria dentro de un equipo que ya tenía establecidas sus funciones y jerarquías.
Su respuesta fue profesional.
Suero comunicó que no llegaría como un salvador ni exigiría protagonismo. Estaba dispuesto a salir desde la banca, disputar los minutos que determinara Víctor Peña y respaldar a sus compañeros cuando no estuviera en cancha.
“He anotado 35 puntos en una final, también 27 y 29, y nunca he ganado. Si tengo que pasar la pelota y aplaudir para que ganemos, eso es lo que haré. Necesito ganar un torneo en la LNB”, expresó durante una reunión del equipo.
Su integración fortaleció la segunda unidad, agregó experiencia en los momentos de presión y proporcionó una alternativa capaz de producir sin alterar la química del conjunto.
Ante un rival que disponía de numerosas figuras, la disposición de Suero para aceptar una función colectiva terminó convirtiéndose en una de las diferencias de la serie.
La gran temporada de los Gigantes concluyó con récord global de 24-11: 12-4 en la serie regular, 5-5 en la fase de eliminación, barrida 3-0 sobre los Héroes de Moca en semifinales y triunfo 4-2 frente a los Metros de Santiago en la final. La campaña también consagró a Luismal Ferreiras como Jugador Más Valioso de la serie regular, a Víctor Peña como Dirigente del Año y a Charles Brown Jr. como Jugador Más Valioso de la final, distinciones que coronaron una temporada histórica para la franquicia.















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