Hay estadísticas que simplemente llenan una tabla. Pero hay otras que cuentan una historia.
Mientras muchos dominicanos seguimos pendientes del medallero de Santo Domingo 2026, decidí detenerme a revisar el medallero histórico de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Y créanme, los números hablan por sí solos.
Primero, pongamos el contexto.
Los Juegos Centroamericanos y del Caribe nacieron en 1926, convirtiéndose en la competencia multideportiva regional más antigua del mundo. Cien años después, el evento celebra su centenario precisamente en suelo dominicano, una coincidencia que nos obliga a mirar hacia atrás para valorar el camino recorrido, tomando en cuenta que la República Dominicana no estuvo desde el principio.
Nuestro debut llegó veinte años después, en Barranquilla 1946. Aquella primera delegación regresó al país con apenas siete medallas: cuatro de oro, dos de plata y una de bronce, siete (7).
Hoy esa cifra parece pequeña, pero en ese momento representó el nacimiento de una historia deportiva que todavía se sigue escribiendo. Ochenta años después, el panorama es completamente diferente.
Antes del inicio de Santo Domingo 2026, el medallero histórico oficial registraba a la República Dominicana con 886 medallas, suficientes para ocupar el sexto lugar histórico entre todos los países que han participado en estos Juegos.
Y aquí viene uno de los datos que más me llamó la atención.
Nuestro país necesitó 20 participaciones para llegar a esas 886 preseas, eso significa un promedio histórico de 44 medallas por edición, pero ese promedio ya no representa al deporte dominicano de hoy;
• En Veracruz 2014 ganamos 77 medallas.
• En Barranquilla 2018, 107.
• En San Salvador 2023, 111.
Es decir, en la última década el promedio dominicano prácticamente se duplicó, acercándose a las 100 medallas por Juegos, y eso no ocurre por casualidad, eso ocurre cuando un país deja de participar para empezar a competir, cuando deja de celebrar una clasificación y comienza a perseguir medallas, y cuando sus atletas ya no se sorprenden por ganar una, sino que generan expectativas reales de ganar mucho más.
Pero mientras nosotros seguimos creciendo, también vale la pena observar el panorama regional.
México es el único país que ha superado las mil medallas de oro, de plata y de bronce, su consistencia durante cien años ha sido extraordinaria, sin embargo, el líder histórico sigue siendo Cuba. ¿Por qué?
Porque los Juegos no premian la cantidad total de medallas, sino la cantidad de oros, y nadie ha ganado más oro que Cuba, con 1,919 doradas, pero más allá de quién encabece el medallero, hay otra cifra que debería llenarnos de orgullo. De las 25 ediciones celebradas en un siglo de historia, República Dominicana ha organizado tres: Santo Domingo 1974, Santiago 1986 y ahora Santo Domingo 2026.
No solo crecimos como potencia deportiva, también hemos crecimos como organizadores, y eso también habla del respeto que el deporte regional siente por nuestro país.
Ahora bien…
Las 886 medallas históricas corresponden al acumulado oficial hasta San Salvador 2023. Las obtenidas en Santo Domingo 2026 todavía no forman parte de ese registro histórico, cuando estas sean incorporadas, la República Dominicana quedará mucho más cerca de una cifra que hace apenas unas décadas parecía imposible: LAS MIL MEDALLAS HISTÓRICAS.
Y ahí está, para mí, la verdadera noticia.
No es simplemente que estamos ganando más. Es que el deporte dominicano ha construido una cultura de alto rendimiento.
Pasamos de regresar a casa con siete medallas en 1946, a llegar a unos Juegos con la expectativa de conquistar cerca de un centenar, y eso no ocurre de la noche a la mañana. Eso es el resultado de generaciones completas que decidieron empujar el deporte dominicano hacia adelante, y viendo el ritmo con el que seguimos creciendo, tengo la impresión de que las primeras mil medallas no serán el destino final.
Serán apenas otra estación en un camino que todavía tiene muchas páginas por escribir.
A razón de todo lo escrito, pido a todos que tomemos un momento para felicitar a nuestros atletas y federaciones, a disfrutarnos el momento, y luego al finalizar Santo Domingo 2026 y pasar la resaca de las celebraciones de estos centro americanos, entonces pasemos a evaluar y clasificar las federaciones con la que contamos, porque no crean que todo es flores y felicitaciones, esta edición también ha dejado evidenciado que hay federaciones cuales no solo hay que auditar y cuestionar, sino que hay que INTERVENIR con carácter de urgencia.
Pero dejemos eso para otro escrito.
Armando Rendón
MIOPIDEPORTES











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