Hay un cansancio que no siempre viene del trabajo, de las responsabilidades o de los problemas. A veces viene de intentar controlar aquello que nunca estuvo en nuestras manos.
En mis capacitaciones suelo hacer un ejercicio muy sencillo. Dibujo dos círculos, uno dentro del otro. El círculo exterior representa el mundo que nos rodea; el interior, nuestro mundo personal.
Entonces pregunto: ¿qué cosas puedes controlar realmente?
Las respuestas comienzan a aparecer: lo que hacen los demás, las decisiones de nuestros hijos, la opinión de otras personas, lo que ocurrió ayer, el comportamiento de una pareja, las circunstancias que no dependen de nosotros…
Y poco a poco descubrimos algo importante: gran parte de nuestro sufrimiento viene de querer controlar el círculo exterior.
No podemos controlar lo que otra persona piensa, siente o decide. No podemos cambiar el pasado. No podemos impedir que alguien nos critique, que una relación termine, que ocurran determinadas circunstancias o que la vida nos presente situaciones inesperadas.
Pero dentro de nuestro círculo sí tenemos poder.
Podemos decidir cómo responder.
Qué pensamientos alimentamos.
Qué límites ponemos.
Qué palabras elegimos.
A quién permitimos entrar en nuestra vida.
Cuándo pedir ayuda.
Cuándo decir “no”.
Y cuándo aceptar que algo ya no depende de nosotros.
Aceptar no significa rendirse. Significa reconocer la realidad para dejar de luchar contra aquello que no podemos cambiar y comenzar a utilizar nuestra energía en lo que sí está en nuestras manos.
Quizás una de las preguntas más sanadoras que podemos hacernos ante cualquier problema sea:
¿Esto depende de mí?
Si la respuesta es sí, pregúntate: ¿qué puedo hacer?
Si la respuesta es no, quizás la siguiente pregunta sea: ¿qué necesito aprender a soltar?
No tenemos control sobre todo lo que ocurre en nuestra vida, pero sí podemos aprender a recuperar el control sobre nuestra manera de vivirla.
Y cuando dejamos de gastar nuestra energía intentando cambiar el mundo exterior, descubrimos que dentro de nosotros existe un espacio donde todavía podemos elegir.
No todo depende de mí. Pero algo sí. Y empezar por ese “algo” puede cambiarlo todo.











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