Nacido en Cantón, China, en el año 1836, Mang Yin, hijo de un chino y una irlandesa, estuvo entre los más de 140 mil de su raza que a mediados del siglo XIX fueron llevados a Cuba, desde las costas del Atlántico, contratados para trabajar en las plantaciones de caña y otras labores agrícolas, en tiempo de la colonización hispánica en la mayor de las Antillas, donde eran explotados por sus patronos, logrando, junto a otros chinos, emigrar a nuestro país, después de restaurada nuestra república, llegando por la bahía de Samaná, en 1865 o 1866, identificándose como José Añil.
En principio, se ubicó en la comunidad rural de La Paja para cultivar tabaco, yéndose después a La Joya, donde compró tierra dedicándose a la agricultura, convirtiéndose luego, en la ciudad, en próspero comerciante almacenista de productos y mercancías, casando con la francomacorisana Bibiana Paulino, con quien procreó a Francisco Martín, Juan Ramón, José del Carmen, Juana, María Dionisia, Rafaela y Víctor. Francisco casó con Maximiliana Álvarez, Juan con Olimpia Rosario, Juana murió joven, María D., consagrada a la medicina, formó familia con el maestro musical César Oguis Negrete, y Víctor con Vitalina Then. De la unión matrimonial Negrete Añil, de siete hijos, cuatro varones, Jesús Salvador y Olga médicos; Berenice farmacéutica, y Nelly profesional del derecho. Los demás fueron César, Rafael y Luis José.
Don José Añil tuvo una larga vida de 90 años, fallecido el 24 de septiembre, 1926, dejando como herencia a sus descendientes un bello legado de laborismo y honestidad, quienes, a su vez, hicieron y siguen haciendo grandes aportes a nuestra sociedad, en las áreas comercial, educativa, administración pública y judicial, etc. Del tronco Añil Paulino son también los Añil Bello, Añil Hernández, Durán Añil, Herrera Añil y otros.
La familia Bonó local, por su parte, tuvo origen en una pareja francesa formada por Lorenzo Bonó y Eugenia de Port, entre cuyos hijos, José Bonó de Port, comerciante, se estableció en la ciudad de Santiago desde principio del siglo XIX, casando con Inés Mejía, de ascendencia española, para ser los padres de Alejandrina, Carolina, Pedro Francisco, Manuel de Jesús y Sixto.
Familia honorable de ideales patrióticos y nacionalistas, sobre todo los hermanos Pedro y Sixto, quienes tuvieron una destacada participación en la guerra de la Restauración (1863-1865). Pedro F., nacido en 1828, fue asistente del Gral. Juan L. Franco Bidó, líder conductor de la victoriosa batalla de Sabana Larga (1856), figurando entre los promotores de la constituyente de Moca, en 1857. Sixto aparece en la lista de Próceres de la Restauración, en el libro del mismo nombre de Emilio Rodríguez Demorizi, citado por el autor Ramón A. Ferreras en su obra Jayael, pág. 129.
A raíz de la división del liderazgo político dominicano ante la anexión de nuestro territorio a España, en 1861, durante la presidencia de Pedro Santana, y la guerra feroz surgida entre los mismos grupos que luchaban por la restauración de la república, que dio al traste con el primer gobierno restaurador, encabezado por José Antonio Salcedo (Pepillo), derrocado y asesinado en el año 1864 en una trama dirigida por Gaspar Polanco, Pedro Francisco, el líder político de la familia, muy decepcionado por esos hechos, influyó para que todos sus parientes se mudaran a San Francisco de Macorís, donde don José Bonó había comparado una vivienda, ubicada en la entonces calle Camino al río, después Colón, donde muchos años después estaría el colegio La Milagrosa.
En su segunda y última morada, en la que viviría y serviría durante 41 años, Pedro Francisco, abogado, médico, comerciante, escritor, sociólogo y filántropo, fue regidor, síndico, notario público e inspector de Agricultura, y dio continuidad a la obra literaria iniciada en Santiago, donde publicó su famosa novela “El Montero” (1856), y su primer ensayo, “Apuntes para los cuatro ministerios de la república” (1857). Aquí dio a la luz “Apuntes sobre la clase trabajadora dominicana” (1885), y el “Congreso Extraparlamentario” (1895), entre otros libros.
Procreó dos hijas con María Fernández: Florencia y María Casimira, y falleció el 14 de septiembre de 1906, descansando sus restos mortales aquí hasta el 16 de abril de 1989, cuando fueron trasladados al Panteón Nacional. Se le considera el primer sociólogo dominicano por el contenido de sus obras de contenido social, sobre todo “El Montero”, un retrato de la realidad del campesinado dominicano de su época.
Su hermana Alejandrina casó con el abogado-notario Tomás Glass; de Carolina y Sixto no encontramos información sobre sus descendientes, y Manuel de Jesús (Masú), el más joven y único nacido en este pueblo de esa familia, casó con María A. Araujo, entre cuyas hembras procreadas estuvo María Altagracia, quien, en 1906 casa con José del C. Añil Paulino, comerciante que fue síndico y juez de instrucción, matrimonio en que nació Carmen C. Añil Bonó, consagrada maestra, promotora cultural y distinguida dama de nuestra sociedad, quien casó con Virgilio de Peña, y fueron los padres de María Altagracia y Virgilio de Peña Añil, el varón, reputado médico.












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