¿Puede llegar el deseo desenfrenado a destruir nuestra vida y la de quienes amamos?
En la serie Obsesión, observamos cómo un prestigioso cirujano llamado William destruye su vida familiar y profesional tras rendirse al deseo incontrolable por la prometida de su hijo.
La trama de la serie pone en evidencia un peligro latente; cómo la interpretación de nuestros deseos desmedidos puede llevar a priorizar las pasiones por encima de la razón.
William no logra reprimir ni dominar ese impulso, al contrario; la teoría freudiana explica cómo termina convirtiéndose en su prioridad. Esa búsqueda constante de placer sitúa a sus instintos naturales en el centro de su conducta. Este acto, puramente egoísta, termina disolviendo su identidad y fracturando su núcleo familiar.
Ante esta situación, la filosofía estoica nos recuerda que los deseos impulsivos pueden distorsionar el raciocinio a un grado tan peligroso que podemos llegar a ser esclavos de nuestras pasiones, donde muchas veces no llegamos a admitir o distinguir la realidad del problema, cambiando el rumbo de nuestra vida.
Ante esto, cabe preguntarse ¿Debemos renunciar a todos nuestros deseos y aceptar las cosas como son?
Para Epicteto, uno de sus grandes referentes, sostenía que la tranquilidad de los seres humanos suele llegarnos cuando comprendemos que algunas cosas dependen de nosotros y que otras, ya que salen de nuestro control. Aquellas que se escapan de nuestros debemos aprender a soltarlas, aunque nos duela emocionalmente, si de verdad queremos continuar con nuestras vidas.
El filósofo Arthur Schopenhauer coincide con esta idea de Epicteto, frente a nuestros deseos, lo mejor sería la prudencia y alejarnos de toda distracción o ruido. Siendo esa tranquilidad la que nos conduce a la paz interior, y solo así el espíritu logra enriquecerse.
Viktor Frankl, fundador de la logoterapia: “Cuando una persona no encuentra un sentido profundo a su vida, se distrae con el placer”. Cuando una persona carece de propósitos o planes de vida, es decir, de algo que lo conecte con una búsqueda de significado, suele refugiarse en placeres inmediatos como las drogas, el sexo o el alcohol. Sin embargo, estas distracciones suelen conducir al colapso personal. Esto se debe a que, una vez que cesa el estímulo que actúa como dopamina, el vacío existencial retorna igual. La brevedad de esas emociones es incapaz de llenarnos si no tenemos un plan de vida.
Los estoicos aconsejan, ante esta situación, recurrir a la razón antes de dejarnos arrastrar por las emociones.
Esta corriente filosófica proponía alcanzar el estado de apatheia, esa capacidad de neutralizar aquellas pasiones destructivas como la lujuria, la codicia o la envidia, actos que no son amor.
Agregan que el secreto para alcanzar la plenitud interior solo se logra cuando aprendemos a reflexionar y a ejercer autocontrol ante cualquier emoción obsesiva que estemos atravesando, un ejercicio que depende exclusivamente de nosotros. Incluso, la adversidad debemos verla como una fuente para potenciar las virtudes que tenemos, aquellas que nos harán mucho más sabios.
No se trata de aislarnos del mundo, mucho menos de negar la realidad de la condición humana, más bien es hacer las paces con las imperfecciones de la existencia, aprendiendo a interpretar ese hecho no desde lo subjetivo, sino desde la razón; y solo así lograremos la verdadera libertad.











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