La sociedad del cansancio es un libro del filósofo surcoreano Byung-Chul Han publicado en el 2012 por editorial Herder y en Berlín en el 2010 con el título Die Müdigkeitsgesellschaft. La traducción del libro la realiza Arantzazu Saratxaga Arregui.
El prólogo del libro inicia con la alusión al mito del Prometeo Encadenado (contextualizado en la actualidad como Prometeo del Cansancio. El planteamiento del autor es que el mito de Prometeo debe reinterpretarse desde la perspectiva del “aparato psíquico del sujeto de rendimiento que se violenta así mismo y que está en guerra consigo mismo” (Han, 2012,9). En los símbolos del mito del Prometeo aplicado a la actualidad, el águila que devoraba el hígado de Prometeo en constante crecimiento hoy es la lucha del ser humano con su álter ego con el que está en guerra. La relación entre Prometeo y el águila es la relación consigo mismo, el dolor que emana del hígado es inodoro, es el cansancio infinito que embarga a Prometeo como figura del origen de la sociedad del cansancio. Recurriendo al análisis de Kafka en su reinterpretación de Prometeo sostiene que el águila y los dioses se cansaron y la herida cerró por cansancio. Es un cansancio que cura herida y la cierra, por lo que Han quiere reflexionar sobre un cansancio curativo que en sus palabras es: “Un amable desarme del Yo” (Han, 2012,10).
La primera parte del libro se titula “La violencia neuronal”. El autor comienza planteando que toda época tiene sus enfermedades. La existencia de una época bacterial llega a su fin con el descubrimiento de antibióticos. Desde esta perspectiva el comienzo del siglo XXI no es bacterial, es neuronal con enfermedades como la depresión, el trastorno por déficit de atención (TDAH), límite de personalidad (TLP) y el degaste ocupacional (SDO). Estas enfermedades no son infecciosas; son infartos que no los ocasiona la negatividad del otro inmunológico, sino por la positividad. El siglo XX funcionó desde un esquema inmunológico con división entre amigos y enemigos, adentro y afuera. La Guerra Fría fue un ejemplo a través de dispositivos militares. El dispositivo impactó la sociedad en una especie de ceguera que repele lo considerado extraño.
De esta manera, el paradigma inmunológico entra en contraste con la globalización, el otro se opone a la disolución de fronteras, limites, valla, cruces… donde la hiperestesia (sensibilidad) inmunológica impide la hibridación, fundamentándose en una dialéctica de la negatividad, donde la autoafirmación se evidencia desde una negación de la negación. En los aspectos propios entra la reafirmación inmunológica al confrontar el otro en cuanto tal. En este sentido, “las enfermedades del siglo XXI siguen a su vez la dialéctica, pero no de la negatividad, sino de positividad. Consisten en estados patológicos atribuibles a un exceso de positividad. La violencia parte no solo de la negatividad, sino también de la positividad, no únicamente de lo extraño, sino también de lo idéntico” (Han, 2012,19).
Han cuestiona el planteamiento de Baudrillard sobre lo idéntico, defendiendo que su teoría cae en un totalitarismo de lo idéntico desde el ámbito de lo inmunológico. Los sistemas que se organizan desde la perspectiva de lo idéntico se reafirman a partir de lo externo. El autor destaca la diferencia entre el rechazo inmunológico del no inmunológico (que se caracteriza por sobreabundancia de lo idéntico a través de un exceso de positividad), mientras que el inmunológico (reacciona ante la negatividad de lo otro, lo repele, aunque se presente en proporciones insignificantes).
La segunda parte del libro “Más allá de la sociedad disciplinaria”, se enfoca al análisis de la sociedad disciplinaria planteada por Foucault a través de hospitales, psiquiátricos, cárceles, cuarteles y fábricas. Esa sociedad no responde a la sociedad actual, sino que ha sido sustituida por una sociedad de rendimiento donde prevalecen los bancos, gimnasios, laboratorios genéticos y centros comerciales. “Sus habitantes no se llaman ya “sujetos de obediencia, sino sujetos de rendimientos. Estos sujetos son emprendedores de sí mismos” (Han, 2012,25). La sociedad de la disciplina se fundamenta en el “no -poder donde el deber está caracterizado por la obligación. La sociedad de rendimiento se deprende de la negatividad, asumiendo en positivo el verbo poder. Los proyectos y motivaciones son reemplazados por la prohibición y el mandato de la ley. En este sentido, “a la sociedad disciplinaria todavía la rige el no. Su negatividad genera locos y criminales. La sociedad del rendimiento, por el contrario, produce depresivos y fracasados” (Han, 2012,25).
El cambio de un paradigma social disciplinario a uno de rendimiento implica que el esquema negativo de la prohibición desde el ámbito disciplinario evoluciona a un aumento del rendimiento y la productividad fundamentado en un esquema positivo del poder hacer (Können). En este sentido, la positividad del poder tiene mayor impacto que la negatividad del deber, donde el inconsciente social pasa del deber al poder. Es importante destacar siguiendo el planteamiento de Han que: “Sin embargo, el poder no anula el deber. El sujeto de rendimiento sigue disciplinado. Ya ha pasado por la fase disciplinaria. El Poder eleva el nivel de productividad obtenida por la técnica disciplinaria, esto es, por el imperativo del deber. En relación con el incremento de productividad no se da ninguna ruptura entre deber y poder, sino una continuidad” (Han, 2012,28).
Han sigue el planteamiento de Alain Ehrenberg sobre la depresión. Plantea que la depresión ocurre cuando se pasa de la sociedad disciplinaria a la de rendimiento. En este imperativo social el pertenecerse a sí mismo es el causante de las depresiones. Esta es la condición del hombre tardomoderno de devenir él mismo, sin vínculos, lo atomiza y fragmenta, produciendo depresión. Han le crítica a Ehrenberg que deja de lado en su análisis la violencia sistémica que provoca la sociedad del rendimiento a la que Han denomina: infartos psíquicos. Desde este ámbito, Ehrenberg defiende que la depresión surge por los mandatos y prohibiciones de la sociedad disciplinaria ante la responsabilidad y las iniciativas propias. Para Han, lo que enferma no es la responsabilidad y las iniciativas, sino el imperativo del rendimiento como el esquema de mandato de la sociedad del trabajo tardomoderna.
Han le cuestiona a Ehrenberg que equipara de manera equívoca el ser humano contemporáneo con el hombre soberano de Nietzsche al plantear que el ser humano por venir se está convirtiendo en realidad de masa al considerarse dueño de sí mismo. Han sostiene que Nietzsche diría que si el ser humano que está por venir se convierte en una realidad de las masas no es un superhombre soberano, sino uno que trabaja convirtiéndose en un animal laborans que se explota a sí mismo. Él se convierte al mismo tiempo en verdugo y víctima.
La tercera parte titulada “El aburrimiento profundo”, se enfoca en analizar el exceso de positividad que se expresa por un exceso de estímulos donde prima la administración del tiempo y la atención multitasking que en nada ayuda la civilización. Provoca una especie de situación de supervivencia, en las que las personas realizan dos o más actividades que aumenten el trabajo y la producción. Esto genera al igual que los juegos en los ordenadores un estado de vigilancia con atención superficial parecida a la de un animal salvaje. Utilizando la frase de Walter Benjamín, denomina el aburrimiento profundo como “el pájaro del sueño que incuba el huevo de la experiencia” (Han, 2012,35). En este sentido, sostiene que el sueño se constituye en lo más importante para la relajación corporal y el aburrimiento en el punto máximo de la relajación espiritual. Sin relajación la comunidad que escucha se desvanece y aparece la comunidad activa.
El aburrimiento lo entiende el autor como el proceso de la vita (vida) contemplativa que cuestiona lo establecido, se asombra del Ser-Así de las cosas. Para Han, la duda moderna heredera de la cartesiana reemplaza el asombro. La capacidad contemplativa está ligada a lo volátil que lleva a una actitud contemplativa, Siguiendo a Paul Cézanne se enfoca en la atención profunda de las cosas saliendo de sí mismo. Merleau-Ponty analizando la mirada contemplativa de Cézanne sobre el paisaje; la visualiza como como desprendimiento y desinteriorización donde los ojos entran en contacto con el paisaje originando el recogimiento contemplativo y superando la mirada vaga que no lleva a ninguna expresión.
La cuarta parte del libro “Vita activa” se fundamenta en el análisis del ensayo de Hannah Arendt sobre “La condición humana”. Arendt se plantea articular la vita activa y la contemplativa enfatizando la atención interna. La nueva definición de la vita activa se enfoca a la acción como su maestro Heidegger, con la diferencia que este orientó la acción decisiva a la muerte. “La posibilidad de muerte impone unos límites a la acción y convierte la libertad en algo finito. Por el contrario, Hannah Arendt orienta la posibilidad de la acción al nacimiento, lo que da un énfasis más heroico a la acción. Según la autora, el milagro consiste en el hecho mismo de haber nacido y en el nuevo comienzo de los seres humanos, en virtud de su condición de ser nacidos, han de llevar necesariamente a efecto” (Han, 2012,43).
La sociedad moderna de acuerdo con el análisis de Arendt se fundamenta en el trabajo y aniquila la posibilidad de la acción reduciendo al ser humano a animal laborans como especie de animales trabajadores, terminando en pasividad. La absolutización del trabajo provoca la evolución del ser humano a una especie animal siguiendo el planteamiento de Darwin. Han cuestiona el análisis de Arendt del animal laborans tardomoderno. No es pasivo ni está animalizado, es hiperactivo e hiperneurótico donde prevalece lo efímero y nada se considera duradero. La sociedad del trabajo no es libre, reproduciendo la lógica del amo y el esclavo. La sociedad del trabajo implica que: “El amo mismo se ha convertido en esclavo del trabajo”. En esta sociedad de obligación, cada cual lleva consigo su campo de trabajos forzados. Y lo particular de este último consiste en que allí se es prisionero y celador, víctima y verdugo, a la vez” (Han, 2012,48).
El proceso de los seres humanos que se someten a explotación es comparado con los Muselmänner de los campos de concentración que padecían de depresión por su condición. Se han vuelto apáticos y no le importaba ni lo frío ni caliente. El animal laborans tardomoderno sufre trastornos neuronales como el Muselmänner, con la diferencia de que está nutrido y obeso. Al final de su tratado siguiendo a Cicerón, Arendt termina elogiando la vida contemplativa.
La quinta parte del libro “Pedagogía del mirar”, el autor la dedica al análisis de la vida contemplativa desde la pedagogía del mirar. Partiendo del libro de Nietzsche El ocaso de los dioses se enfoca en las tres tareas del educador: aprender a mirar, a pensar y a escribir. Aprender a mirar significa dejar que las cosas se acerquen a los ojos para atender de manera contemplativa. Desde la perspectiva de Nietzsche, reaccionar de inmediato a un impulso sería una enfermedad. Nietzsche privilegia la vida contemplativa que no consiste en un “Abrir-se pasivo”, que diga Sí a todo, opone resistencia a los impulsos manteniendo su soberanía.
Nietzsche en su análisis contemplativo de la realidad plantea que la rabia es una facultad que ayuda a interrumpir un estado para iniciar uno nuevo. En la actualidad prima el enfado que no abre la posibilidad de ningún cambio, en ese sentido “el enfado es para la rabia lo que el temor es para el miedo. A diferencia del temor, dirigido a un determinado objeto, el miedo se refiere al Ser como tal. Comprende y quebranta toda la existencia (Dassein). Tampoco la rabia se refiere a un determinado estado de cosas” (Han, 2012,57).
La negatividad desde la perspectiva de Hegel enfoca la existencia llena de vida. En esta visión, Nietzsche concibe dos clase de potencia: La positiva que se enfoca en hacer algo y la negativa es decir No. La negatividad es un rasgo característico de la contemplación en cuanto posibilidad de pensar no solo de hacer cosas. La negatividad del no supera la pasividad alcanzando la soberanía del pensamiento. Para Nietzsche la potencia negativa posibilita cambio y no se queda en lo establecido, sino que provoca el cambio.
La sexta parte “El caso de Bartleby” analiza el relato de Melville Bartleby de Wall Street que se reduce a un mundo de trabajo inhumano, es decir, un animal laborans. Presenta la atmósfera lúgubre de un bufete de abogados en la marañas de los rascacielos. El paisaje es un muro de ladrillo corroído por el tiempo. Al despacho como forma de cisterna le falta vida y todo está envuelto en melancolía y aflicción. Los asistentes del abogado padecen trastornos neurótico como lo muestra Turkey atrapado en una temeridad fogosa de actividad. El ayudante de Nippers está atrapado por la ambición y lo trastorna un psicosomático trastorno digestivo. En este relato que describe Melville es el ejemplo de una sociedad disciplinaria donde prevalecen los muros atrapados en la prisión que simulan Toms y muerte; la vida se extingue, sin reproche a sí mismo, siendo el ejemplo de la sociedad tardomoderna.
Bartleby es pura potencia, está ausente del mundo como una hoja en blanco porque se niega a escribir, ejemplifica “el ser sin predicado alguno. Agamben hace de Bartleby un mensajero angelical, un ángel de anunciación, la cual no afirma nada de nada” (Han, 2012,66).
La séptima parte está dedicada a “La sociedad del cansancio” como se titula el libro. Es una sociedad activa donde prima el rendimiento, en definitiva, es una sociedad de dopaje donde se rinde sin rendir. El tipo de sociedad que se ha construido tiene consecuencia en los seres humanos. “El reverso de este proceso estriba en que la sociedad de rendimiento y actividad que produce un cansancio y un agotamiento excesivos. Estos estados psíquicos son precisamente característicos de un mundo que es pobre en negatividad y que, en su lugar, está dominado por la positividad” (Han, 2012,72).
La positividad a la que se refiere Han, es un estado en el que los seres humanos solo piensan en el rendimiento, lo que provoca la muerte del alma. El cansancio de la sociedad de rendimiento provoca soledad, aísla y divide. En boca de Handke, es el cansancio que separa y nos sitúa en estado de mudez. La peligrosidad de ese cansancio es su impacto violento al separarnos de la comunidad. Es un cansancio sin habla forzado por la violencia y la mirada distorsionada del otro. En este sentido: “Handke contrapone el cansancio elocuente, capaz de mirar y reconciliar, al cansancio sin habla, sin mirada y que separa. El cansancio como un “Más del Yo aminorado, abre un entre al aflojar el constreñimiento del Yo” (Han, 2012,74).
El cansancio del Yo a solas es al mismo tiempo cansancio del mundo y aniquila el mundo. El abrirse posibilita que el Yo sea permeado por el mundo, donde uno ve y he visto. El cansancio fundamental inspira abandonando la soledad del Yo y dejando que surja el espíritu como en la comunidad de Pentecostés al recibir el Espíritu Santo. Siguiendo a Handke, Han defiende el cansancio profundo, como el que posibilita el asombro y entra en contacto con otros Yo, como Ulises al ganar el amor de Nausícaa. El cansancio fundamental nos sitúa en el mundo, suprime el aislamiento egológico y nos inserta en la comunidad. Como en la comunidad de Pentecostés el no- hacer se opone a la comunidad activa. La propuesta de terminar con la vida activa. Es la sociedad del cansancio como lo ocurrido en Pentecostés donde el cansancio elocuente que cambia se opone al sin habla.
En conclusión, Han se enfoca en superar una sociedad de aislamiento donde los seres humanos se consideran libres, pero son esclavos de sí mismo y el trabajo. La sociedad tardomoderna sufre de exceso de positividad que impide que el ser humano se niegue y provoque cambios. La negatividad como proceso que niega la positividad y la vida activa posibilita la contemplación y la superación del Yo que no contempla el mundo y excluye la vida comunitaria. Reducir los seres humanos al rendimiento y al aislamiento rompe con la convivencia en comunidad y potencia el egoísmo. La consecuencia sería seres neuróticos que conviven en un solo espacio, pero están aislados. El cansancio elocuente como en Pentecostés, es el que reconcilia y posibilita la convivencia con los demás y debe imponerse al cansancio sin habla que no posibilita cuestionamientos y provoca la positividad del hacer por hacer sin contemplar.











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