
Si humanidad es el resultado de ser humano y entendemos como tal la acción de ponerse en el lugar de los demás actuando por amor al prójimo entonces, el alarido de los sapiens debe tocar el cielo, expresando indignación ante lo ocurrido con el cuerpo sin vida, hallado después de tres días de muerto y en avanzado estado de putrefacción, del empleado del departamento de seguridad del recinto universitario de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) ubicado en nuestra ciudad.
José Arismendy Rosario, adulto de 58 años de edad, murió presumiblemente el pasado jueves. Agobiado por el ascedio de cobradores y falta de dinero para honrar sus compromisos económicos para con particulares; no fue hasta el sábado a las nueve y tanto de la noche cuando, por su descomposición avanzada y los olores propios de este estado, fue hallado su cuerpo sin vida por sus vecinos en la casa que residía.
La muerte de Rosario, “sin importar” las causas, es una que, nueva vez, hace pensar en el tipo de sociedad que tenemos.
El fallecido fue encontrado descompuesto y los representantes de las autoridades, médico legista y el INACIF, se limitaron a mirar el cuerpo, dar un diagnóstico sin haber realizado ningún estudio técnico que lo avale (supuestamente murió a causa de un infarto), y acto seguido se marcharon del lugar. Dejando a su suerte el sector donde residió el ciudadano…
Fue terrible el drama humano pues, al fallecido sólo le sobreviven dos tíos mayores y una hija, mismos que eran incapaces de poder hacer algo por si solos. De no ser por la intervención de sus compañeros de trabajo de la UASD-SFM, aún estaría su cuerpo postrado yerto sobre su cama.
El hecho de que, después de llamar a cuántas autoridades y organismos de socorro que existen en San Francisco de Macorís, se tuvo que pagar a dos extraños para que le envolviera en una lona, como un animal muerto y con cuidado de que no les explosione, y le introdujesen en el ataúd como pudiesen… hace que se encrispen los bellos corporales debido a las figuras dantescas que vienen a la mente de un vivo al imaginarse ese momento tan desgraciado… Luego, sin orden de defunción, porque “las autoridades” se negaron a emitirla en ese horario, bajo un tremendo hedor, abrogándose sus compañero de la UASD-SFM derechos que les son ajenos, se realizó la marcha fúnebre.
Sin importar el desacato… a las dos de la mañana, como rateros y saqueadores del Campo Santo, fue introducido al cementerio el muerto; los vecinos no quisieron que se quedara en el lugar por el hedor. a Iglesia, funeraria y hospital se negaron a recibir su cuerpo por la misma situación.
2 a.m., hora de la madrugada, sin documentos oficiales y ante la mirada de una patrulla compuesta de por dos policías, que llegaron tarde como en las películas…, se rompió el candado del llamado Cementerio Nuevo y alumbrados por las luces de los celulares y sin llantos al aire y con el dolor de enterrar al amigo y con la indignación causada por el desahucio de las “autoridades competentes”…, dejaron el ataúd del amigo fallecido metido en un nicho propiedad de su familia, sin tapar…; la bruma de la noche se hizo cómplice de la “turba” y, siendo el cementerio el único lugar en el que nadie protestó para recibirlo dentro de su doble desgracia de muerto y descompuesto, ahí se quedó el desdichado.
Terrible forma de terminar su vida, sin réquiem ni funeral. Terrible forma de saber que valemos si tenemos. Terrible forma de recordar que estamos huérfanos por parte del Estado.
Así fue la desgracia última de finado José Arismendy Rosario.
Que en paz descanse!!











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