Tal vez sea por eso de la llamada percepción, que está tan de moda, pero yo la tengo de que después que Rio de Janeiro ganó la sede para las Olimpiadas dejando a un lado la tan trabajada y deseada candidatura de Madrid, las noticias que se reciben de Brasil en los telediarios españoles ya no son como las de antes, ni tienen el mismo tono. Pareciera como si se hubiera trazado una estrategia comunicacional de retaliación, de desquite, del tipo “me las pagarás por lo que me hiciste”.
Y esto así, porque desde hace un buen tiempo, que coincide sobre todo con la construcción de las instalaciones deportivas y aún más con la aproximación de la inauguración de los juegos, las informaciones que se llegan de Brasil no tienen la misma línea de siempre. Antes, el gigante de la Amazonia sólo parecía en las pantallas peninsulares de tanto en tanto, casi exclusivamente por sus famosos carnavales mostrando las típicas legiones de señoras gordas, de nalgas aún más gordas, con chillones vestidos redondos, moviéndose incansablemente al ritmo sensual de la samba, y a las señoras estilizadas y buenamocísimas que a pie o en carrozas especiales de reinas de belleza se atrevían a exhibir sus cuerpazos hasta donde uno pudiera imaginarse, y más allá.
O el Brasil era noticia por una guagua que se despeñaba causando cincuenta muertos, o unas inundaciones que se llevaban medio pueblo con un paquete de ahogados desaparecidos, o sea por los grandes desastres que tienen los países grandes, y a veces más como anécdotas folclóricas, sus famosas favelas llenas de pobres aplacando sus miserias cantando y bailando por sus plazas y callejuelas. Pero ahora, Brasil es noticia un día sí y el otro también, y siempre en un tono negativo, y creemos que a veces excesivamente negativo.
Claro, que sucesos y avatares políticos en estos últimos tiempos no le han faltado para estar en las portadas de los principales diario o noticieros, las implicaciones de corrupción, reales o supuestas de Lula, la destitución válida o no, de Vilma, lo de si Temer ha sido o no, un golpe de estado, los enormes escándalos del gigante Petrobas y otros asuntos por el estilo.
Pero si uno analiza el contenido de las noticias españolas de Brasil respecto a las Olimpiadas, siempre se han centrado o se centran en lo deficiente o en lo malo, que si las instalaciones no iban a estar a tiempo, que si se derrumbó una estructura, que si el zika iba a afectar a los atletas y los espectadores, sobre todo a las mujeres, que se cuiden las embarazadas, que si la bahía de Río está totalmente contaminada peligrando la salud de los nadadores, que si hay robos, asaltos y asesinatos por todos los sitios, que si Río es una de las ciudades más peligrosas del planeta … y además acompañadas por las políticas ya mencionadas anteriormente.
Todo ello, en lugar de mostrar los espectaculares estadios, las múltiples pistas… las instalaciones que se han llevado a cabo, como cabría de esperarse para contribuir al ambiente festivo internacional que esas justas ameritan, se recrean largo tiempo en las noticias negativas, que si las delegaciones de Australia y otros países salieron de sus apartamentos porque no tenían aún la luz, que si los apartamentos tiene filtraciones… que si el las ampliaciones del metro no iban a estar listas a tiempo…
Hasta un dirigente del equipo español se atrevió a decir ante las cámaras de Televisión Española que si las olimpiadas se hubieran celebrado en Madrid, eso no hubiera pasado. Es posible, porque Madrid es un lugar perfecto para esa competencia única y mundial, y uno de los mejores que existen para pasarlo bien mientras se llevan a cabo, pero al dirigente se le vio el resabio de haber sido desplazados saliéndole por todos los poros. Debería haberse atado la lengua.
España, como nación que fue de tipo colonial, no perdona fácilmente, es rencorosa y no olvida sus ofensas, prueba de ello es la venganza que casi un siglo después tramó por la derrota que sufrió con los Estados Unidos, en la absurda y desigual guerra que sostuvo en 1898, falsamente motivada por la explosión del buque militar Maine en los muelles de la Habana, y atribuida falsamente al gobierno español para apoderarse así de Cuba y otras colonias como Puerto rico, Filipinas y Guam.
España esperó pacientemente casi un siglo para desquitarse de ese agravio histórico ¿cómo lo hizo? Primero le envió a Julio Iglesias a Miami para que les cantara por una larga temporada, y después les dejo como herencia a su hijo Enrique Iglesias durante muchos años para que continuara torturándolos con sus experiencias religiosas. Más retorcidos y malévolos no se puede ser.
Ahora, en serio. Es posible que en lo del desquite con Brasil estemos equivocados por aquello de que la percepción no siempre obedece a la realidad, pero como dice el dicho, cuando el río suena… es porque muchos turistas se están bañando. Los tiempos cambian.






Sergio Forcadell Nacido en Barcelona. Catalán hasta los dientes y Publicista desde mucho antes de nacer. Candidato al Premio Nobel de la Literatura Mordaz y Pendeja.





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