
Los jóvenes son el futuro de nuestra sociedad. En sus manos están puestas las esperanzas de sus progenitores, maestros y la sociedad en sentido general. Todos nos sentimos felices y orgullosos cuando vemos nuestros chicos alcanzar sus objetivos y avanzar hacia sus metas. Resaltamos, aplaudimos y valoramos sus logros en las distintas áreas en que se destacan y confiamos en que tendrán un buen porvenir.
Pero que pensar cuando nos encontramos con realidades muy distintas: jóvenes que no tienen un propósito en su vida, que son influenciados por todo lo que este en boga, otros que solo les interesa vivir el momento sin importar a quienes puedan afectar con su accionar. También están los indolentes, insensibles, fríos, vacíos y sin el más mínimo respeto por los derechos de los demás.
Causa pesar el saber que muchos de los crímenes y desastres acaecidos en la actualidad tienen como protagonistas adolescentes y jóvenes. Da pena la frialdad con que ejecutan acciones dañinas sin el más mínimo remordimiento. ¿De qué material están hechos? ¿Cómo pueden dañar y dañarse con la ingesta de sustancias contraproducentes? ¿Cómo pueden continuar normal después de agredir o hurtar a personas indefensas? ¿Qué está pasando con nuestros chicos? ¿Por qué actúan así?…
Tal vez estos púberes solo son el reflejo de cómo está la sociedad, pero esto no debe ser una excusa para tal comportamiento. No podemos continuar aceptando dichos eventos como normal, pues, ¡NO LO SON! No permitamos que la frecuencia con que suceden hechos violentos nos haga perder la capacidad de asombro. Los jóvenes y adolescentes deben ser enrumbados por mejores senderos y es una tarea de todos. La familia, la escuela y sociedad son el trío perfecto para empezar a educar y reorientar la juventud.
Desde la familia se debe tener control de qué hacen los chicos, con quién andan, cuáles son sus pasatiempos, cómo van en los estudios, en qué necesitan ayuda y sobre todo acompañarlos y darles seguimiento; no esperar que suceda lo peor para empezar a actuar, ¡urge que se haga ahora!
La escuela como segundo hogar, también juega un papel primordial en la formación de estos, debe crear las condiciones para que los muchachos adquieran las competencias que le ayuden a desenvolverse en los diferentes escenarios. Desarrollar proyectos innovadores, altruistas y que resalten los valores. Para que al concluir la misma salgan con una visión clara de lo que pretenden lograr a corto o largo plazo.
Por último, la sociedad y quienes la dirigen, han de ser un guía para los más jóvenes, apoyar sus proyectos, crear espacios recreativos, ofertar opciones de trabajos, tomarlos en cuenta en la toma de decisiones, incentivar el gusto por el deporte a través de la construcción de espacios donde puedan practicar y competir sanamente.
Solo unidos podemos reconducir nuestros jóvenes por el camino correcto, no le dejemos la encomienda a quienes solo buscan su destrucción. Seamos constructores del futuro de nuestra nación, porque de lo contrario, ¿qué se puede esperar en el futuro?
La autora es Licenciada en Educación Mención Filosofía y Letras y Facilitadora de la Formación Profesional. En la actualidad cursa sus estudios del cuarto nivel en Lingüística Aplicada a la Enseñanza del Español; Además, es estudiante de Psicología Escolar. Se desempeña como docente de secundaria del Ministerio de Educación de la República Dominicana.











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