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Orar o rezar

Isaac García de la Cruz por Isaac García de la Cruz
20 enero, 2020
en Iglesia Peregrina, Opiniones
Reverendo Padre Isaac García de la Cruz

Reverendo Padre Isaac García de la Cruz

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Con mucha frecuencia en conversaciones coloquiales escuchamos expresiones como: “Yo no rezo, porque eso de estar repitiendo ‘Dios te Salve María’, no está en la Biblia” o también: “Yo no rezo porque yo le oro directamente a Dios”.

Este tipo de conversaciones, son cada vez más frecuentes y me han motivado a interesarme por el tema, debido a que me resulta extraño creer, que una distorsión, hecha en modo intencional o no, sobre una realidad tan delicada como el tema religioso, podría llevar a personas incluso a alejarse de Dios, sobre la base de una interpretación no ajustada a la verdad.

Por tratarse de un artículo breve, veamos el tema desde tres aspectos conclusivos: Diccionario, Biblia y Teología.

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define el concepto “rezar” (del latín recitare) como la acción de “dirigir a Dios o a personas santas oraciones de contenido religioso”, al mismo tiempo, define cuáles son sus sinónimos: “Orar, rogar, adorar, invocar, pedir, suplicar, implorar” y su antónimo: “blasfemar”.

Mientras que define “orar” (del latín orare) como “dirigirse mentalmente o de palabra a una divinidad o a una persona sagrada, frecuentemente para hacerles una súplica”.

El nombrado diccionario refiere el listado de sinónimos de orar: “Rezar, suplicar, rogar, pedir, implorar, invocar”; también aquí el antónimo es “blasfemar”.

Como podemos constatar, en español no existe, por definición, nada que indique que orar y rezar son dos realidades contrapuestas, todo lo contrario, una reclama de la otra. De hecho, “orar”, es el primer sinónimo nombrado del verbo “rezar” y “rezar”, a su vez, es el primer sinónimo del verbo “orar”.

Por lo que, desde la literatura, no se sostiene el argumento que establece una contraposición entre estos dos verbos.

Al echar una mirada sobre nuestro tema en la Biblia, tenemos que apelar inmediatamente a nuestros “hermanos mayores”, los judíos (Antiguo Testamento).

Un judío puede elegir, libre e individualmente, el modo de orar que desee, sin embargo, en la Sagrada Escritura existen “rezos o telifá” preestablecidos, mandados por Dios a su Pueblo, que tienen milenios de años de existencia y que, desde sus orígenes hasta el día de hoy todo judío devoto recita.

De hecho, el pueblo judío, siguiendo la práctica de Daniel 6, establece básicamente tres (3) momentos fundamentales de oraciones al día, donde se “rezan” textos tomados especialmente de la Torá (Pentateuco: 5 primeros libros de la Biblia), el Talmud (libro que contiene la tradición oral del Pueblo de Israel sobre la Religión, las leyes y sus comentarios) y los Salmos.

Estas oraciones reciben nombres dependiendo la función que vayan a cumplir: Barajot: fórmula para agradecer a Dios; Bircat Hamazon: oración que se hace para agradecer la comida consumida; Kriat Shema: rezos para levantarse y acostarse (Dt 6,4-9; 11,13-21; Núm 15,37-41); Amidá o Shemone Esrei: rezo central de los servicios religiosos compuesto por 19 oraciones divididas en tres (3) bendiciones, trece (13) peticiones y tres (3) plegarias de agradecimiento a Dios.

Esta tradición la vivió y aprendió Jesús y por eso cuando sus Discípulos le piden enseñarle a orar, porque “también Juan el Bautista enseñó a sus discípulos”, Jesús recurre al rezo: “Cuando oren, digan: Padre Nuestro” (Orar-recitando).

Desde ese momento, Jesús nos regaló la oración más hermosa y repetida que existe en la historia de la Salvación (Mt. 6,9-13; Lc. 11,1-4).

Como podemos ver, esta forma de oración, está presente en toda la Sagrada Escritura, resultando ser la forma más fiel para orar, no sólo porque oramos con la misma Palabra de Dios, sino porque nos recuerda de dónde venimos: somos hijos del Dios de Israel (judaísmo), que es una religión eminentemente fiel a la Palabra.

Esto es cierto a tal grado, que orar recitando la Palabra es ser fiel a la primera forma en cómo existió la Palabra de Dios, es decir, como tradición oral, hasta que luego se puso por escrito. De esta forma coinciden, Palabra de Dios y oración dirigida a Dios: quien la lee y aprende, la eleva de nuevo a Dios hecha vida (Lectio Divina).

De aquí parte el primer mandamiento y el más importante de todos: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza” (Dt 6,5; Mt 22,37), por eso, vemos a los judíos especialmente en el Muro de las Lamentaciones, “rezando”, con palabras, con la cabeza y el cuerpo, los textos bíblicos aprendidos desde la niñez.

En conclusión: rezar es la forma más recurrida del Pueblo de la Biblia (pueblo judío), porque se trata de oraciones fijas que esencialmente en su forma oral existen para ser recitadas una y otra vez, como hemos hecho notar más arriba en los textos citados, es decir, rezar o recitar repetidamente las fórmulas de las oraciones ya establecidas está, ante todo, en consonancia fiel con la tradición del Pueblo elegido y, por tanto, es fidelidad a Dios.

Teológicamente se comprende que hay diversos modos de leer la Biblia, pero existen normas, que van más allá de su interpretación libre e individual.

De hecho, la Iglesia afirma que “la Sagrada Escritura hay que leerla e interpretarla con el mismo espíritu con que se escribió para sacar el sentido exacto de los textos sagrados” (Dei Verbum, 12), como afirma San Gregorio Magno: “El mismo espíritu que tocó el alma del profeta, toca el alma del lector”.

Por ello, una exégesis (las herramientas de acercamiento, estudio, conocimiento y compresión del texto sagrado) y su correspondiente hermenéutica (adecuada interpretación) teológica no puede contradecir ni distorsionar la esencia misma de la Sagrada Escritura fundada en la Tradición.

Poner a reñir entre sí la oración mental y la oración recitada, cuya fuente ha de ser necesariamente la Sagrada Escritura, es fruto del desconocimiento histórico de la misma tradición bíblica.

De hecho, los grupos religiosos que no aceptan dentro de sus normas algunas doctrinas católicas, tildan que los “católicos rezan” y “nosotros oramos”. En frases así o parecidas, hay una clara intención de confundir, de marcar una distancia irracional y de encontrar una idea válida en medio de un argumento débil.

Las oraciones que propicia la Iglesia dirigidas a Dios, a Jesucristo, al Espíritu Santo, a la Virgen María, a los Santos o a cualquier otra entidad divina, tienen su modelo en las Sagradas Escrituras y ya sea dirigiéndose a la Santísima Trinidad o invocando la intercesión en Jesucristo, Único Salvador, tienen como meta a Dios, desde donde salimos y hacia donde nos dirigimos durante nuestra peregrinación por este mundo.

Como podemos ver, los verbos orar y rezar, tienen el mismo significado, tanto en el diccionario como en la Biblia. Orar mentalmente o hacerlo recitando un texto bíblico, es entrar en consonancia con el querer de Dios, que nos ha hablado por su Palabra encarnada, que es una tradición viva y perenne. Lo contrario, es alejarse, consciente o inconscientemente, del tronco vivo y eficaz de la Palabra de Dios.

El que entiende que cuando lee un salmo o un texto del Evangelio no está “rezando-orando”, en verdad, no ha comprendido nada.

La Biblia no es una novela que se lee de cualquier modo, sino el Libro Sagrado de los judíos y de los cristianos y el simple hecho de leerla, es un modo de hacer oración.

Orar con la Biblia es “recitar” la Palabra que Dios inspiró hace miles de años a su Pueblo, a sus profetas y a los autores sagrados; por eso, la Iglesia pide a sus fieles “rezar” con la Palabra y los Salmos, que es el mejor modo de conocer a Dios, aceptar su voluntad y vivir la fe.

No en vano, el rezo oficial de la Iglesia Católica está fundado en la Palabra de Dios.

Por lo tanto, orar y rezar, son palabras consuetudinarias donde una refiere a la esencia y la otra a la forma.

En fin, es el medio y el modo más fidedigno de unirnos espiritualmente a Dios.

 

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Isaac García de la Cruz

Isaac García de la Cruz

Presbítero Isaac García de la Cruz, es doctor en Teología, Rector de la Universidad Católica Nordestana UCNE, Presidente ADRU y Párroco Parroquia Santa Teresa de Jesús.

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