A raíz de la proliferación en nuestro país de una gran cantidad de estaciones de radio y canales de televisión, tanto nacionales como locales, muchos de ellos sin licencias para operar, han surgido una gran cantidad de programas de opiniones, de comentarios y de interacción social, cuyos directores en su mayoría, no están autorizados para operar, pues no cuentan ni con los permisos ni con la capacidad requerida.
La Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía, de acuerdo a la ley 1951 y al Reglamento No. 824, es el organismo regulador y responsable de emitir dichos permisos para el ejercicio de la profesión de locutor y comunicador, tanto para la radio como para la televisión, luego de aprobar un riguroso examen.
Algunas personas consideran que el estar delante de un micrófono o de una cámara de televisión, les da derecho o potestad para irrespetar, insultar, ofender a nuestras autoridades y a las figuras públicas, sobre todo, a la del señor Presidente de la República, a quien se le debe respeto y consideración, aunque no se comulgue con su forma de gobernar y pensar, independientemente del partido a que se pertenezca.
Los medios de comunicación: radio, televisión, periódicos, tanto físicos, como digitales y las propias redes sociales (Wasap, twiter, instagram, facebook, entre otros), deben ser utilizados para educar, orientar, informar y formar a toda la ciudadanía, jamás para desinformar, confundir, difamar, injuriar, desacreditar, insultar, ofender, irrespetar, extorsionar o destruir la integridad de las personas.
De acuerdo a los artículos 84 y 105 del Reglamento 824, dicha Comisión puede prohibir la transmisión de aquellos programas, así como la suspensión de sus productores, que corrompan el lenguaje o que actúen contrarios a la moral, al pudor y a las buenas costumbres. En los actuales momentos, no se está cumpliendo con estas tareas y no se está aplicando ningún tipo de régimen de consecuencia.
Los directores de las estaciones de radio y televisión, además del carnet reglamentario de locutor o de periodista, deben exigir a los productores de programas cumplir con un código de ética y del uso racional del lenguaje, lo que antes era una obligación para poder hacer uso de dichos medios. Lamentablemente estos solo se preocupan por cobrar la renta de los espacios radiales o televisivos.
Se puede denunciar un hecho, criticar con energía, mostrar desacuerdos, decir grandes verdades, pero haciendo un uso correcto del lenguaje, guardando siempre la prudencia, el equilibrio emocional y el comedimiento, sin caer en la vulgaridad, en la bajeza, en el insulto personal y en la blasfemia. No hay necesidad de utilizar un lenguaje soez, porque esto nos hace daños, nos afecta nuestra imagen, y por tanto, nos descalifica ante la ciudadanía.
Hablar con bravuconería, arrogancia y prepotencia, utilizando un lenguaje vulgar, soez e insultante, no es sinónimo de hablar con autoridad y no nos conduce a nada bueno, pues estaríamos enviando un mensaje equivocado y contrario a los valores más sanos de la sociedad, sobre todo para las presentes y futras generaciones. Cuando utilizamos un lenguaje descompuesto perdemos autoridad, credibilidad y objetividad ante los demás.
Si tuviéramos conciencia del poder y la influencia que ejercen los medios de comunicación en la ciudadanía, cuidaríamos cada vez más, nuestro lenguaje y la forma de decir las cosas, pues así logramos ganarnos el respeto, la confianza y la credibilidad de los demás, pues la pasión es mala consejera. ¡Cuidemos pues nuestro lenguaje, que es como cuidarnos a nosotros mismos!











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