Hoy, cuando la aplicaciones y alternativas en un espacio cibernético en expansión ya prácticamente controlan la psicología individual y podríamos decir las diferentes sociedades humanas y sus identidades culturales.
Hoy cuando la economía mundial se desnuda en su parcialidad a favor de grupos selectos que, en bajos, promedios y altos perfiles, se encuentran calculadamente confabulados para repartirse el poder, y la mundana gloria que este absorbe, como si se tratara de un alimento imprescindible para sobrevivir en su status espiritista de inmedibles ambiciones.
Hoy, cuando los valores morales se alejan a peligrosas distancias de los seres humanos, hasta el grado de institucionalizarse la aberración e infiltrarse el malvivir con aire de normalidad en los diferentes grupos sociales incluyendo la familia.
Hoy, cuando el espíritu del arte se aleja del cielo, para ofrecernos espectáculos infernales.
Hoy, cuando la gratitud de la humanidad desaparece, barajándose en acusaciones y en creencias alegres, que descargan venablos puntiagudos sobre grupos sociales y personas que, han roto las cadenas de los más grávidos patrones de la sociedad, para comprometerse a favor de la regeneración de la humanidad doliente.
Hoy, cuando el conocimiento se ahoga en los múltiples estereotipos de la información, formulada en su mayoría por voces descalificadas, y por agüeros que esparcen veneno a través de los tantísimos medios de comunicación, cuya inocente tecnología, ha de sufrir hondamente la vergüenza de ser tan pobremente utilizada.
Hoy cuando los sofisticados telescopios, descubren mundos y principios vitales, en lejanos sistemas estelares, y paradójicamente, los ojos humanos no miran las estrellas.
Hoy, cuando los abusos contra la madre tierra y su naturaleza, se manifiestan galantemente camuflados en “tecnocracia”, “confort”, “progreso” y “desarrollo”.
Hoy, cuando los “encumbrados” grupos de poder trabajan duro para impedir que los desposeídos descubran el poder de la unidad y de la organización social.
Hoy, cuando los sistemas educativos fundamentan su esencia en el trágico desahogo de la competitividad, descalificando la autoridad de los padres para garantizar el orden en las familias que responden a las más conocidas culturas del planeta tierra…
Hoy resulta entonces, que como un fenómeno inesperado, con el respeto de los pocos para quienes no ha sido sorpresa, nos golpea con arrogante maso, un conjunto de microscópicas entidades, que ha mostrado un poder tal, que ha sido capaz de paralizar la dinámica social, cultural y económica del mundo, consiguiendo desafiar los poderes ocultos y visibles que hasta ahora se creían invulnerables.
Esas simplezas existenciales, muchas de ellas cien veces más pequeñas que una bacteria, adquieren su poder al encontrar en las células, un medio para reproducirse y por ende multiplicarse, causando alteraciones tanto en el organismo atacado, como en sí mismo.
Su potencia consiste en su presencia pluralizada, que le permite atacar constantemente y de esta forma procurar su sobrevivencia como especie microbiana.
Ya de antiguo sabemos que en la unión está la fuerza, y por tanto ya principia usted a entender la terrible enseñanza que deviene de la embestida del famoso Covid 19.
Ahora entendemos que el peor de los virus que afecta a hombres y mujeres de este mundo, es el virus implacable del individualismo rapaz, intolerante y arrogante, y penosamente certificado por las diversas marcas que, como ejercitadas bacterias, garantizan la marcha de las sociedades de extremados consumos y de los grupos económicos que las sustentan.
Existen como usted sabe, otros virus perversos que el egoísmo humano ha creado para satisfacer su existencia: el amor propio que motiva el falso orgullo y persigue llamar la atención aunque esto implique, la desconsideración del humano como especie; la vanidad que retira la conciencia de los individuos que compiten más por impresionar que por ser impresionados; la avaricia, que imprime al sueño individual, un carácter subjetivo y engañoso solícitamente disfrazado de “positiva actitud”; la lujuria que liberada de las más elementales normas morales y de los más elevados conceptos de pudor y pulcritud, fomenta un mercado sexual cuyo descaro es tan pronunciado, que supera con creces las más potentes visiones Proféticas; el odio, que ha separado a la mayoría de los empobrecidos terrícolas, por espinosas barreras de tan gran consistencia, que son capaces de producir multiplicidad en los obstinados niveles de la mente, donde ni siquiera la más refinada diplomacia consigue efectos constructivos; la envidia, patología animada por el sistema social a fin de que las personas hagan esfuerzos indecibles, por no decir diabluras, para conseguir tener lo que otros poseen y disfrutan; los celos, enfermedad psicológica que se manifiesta en el afán desmedido por la exclusividad de lo que se tiene, la insistencia en que otros no pueden, ni deben tener, lo que yo tengo, estos han convertido en propiedad privada hasta a los seres humanos, sí, la esclavitud no ha pasado, usted sabe lo que eso significa: mis gentes, mis seguidores, mi público, mi partido, mis clientes, mi doctrina, mi estilo, mi conocimiento, mi raza, mi equipo …; la violencia, producto directo de los tres últimos defectos psicológicos mencionados, en contubernio con el orgullo, de por sí, es la incapacidad de tolerar el derecho de los demás a ser libres en los múltiples desacuerdos que se presentan entre las gentes; el fanatismo, defecto de carácter verdaderamente antiguo, causa mayor de las guerras en el mundo, y que hoy luciendo el vistoso traje de la competencia, y hasta la competitividad si mejor suena, se mueve sobre las multiplicadas pasarelas, de todos los estratos sociales … Aquí vienen las dos preguntas de los millones aquellos: ¿Cuántas vidas inocentes, en el transcurso de la historia, no ha cobrado el conjunto de entidades tenebrosas, que hemos referido sólo como ejemplos?
¿Podremos esperar mejores cosechas, ya vista la siembra?
La buena noticia es que hay esperanzas todavía, pero hacer cambios genuinos en el planeta, implica reprogramar las sociedades con: amor respeto, tolerancia, justicia, voluntad, coraje y dignidad.











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