La lengua es un conjunto de signos que posibilita la comunicación entre los seres humanos y, con ello, su integración como entes sociales. Es través de ella que estos —poniéndola en ejecución mediante el habla— pueden construir y manifestar sus ideas y sentimientos a fin de suplir sus necesidades individuales y colectivas. Dada su relevancia, muchos han sido los esfuerzos intelectuales por tratar de explicar dicho fenómeno. Unos de los más renombrados han sido los del lingüista suizo, Ferdinand de Saussure, cuyas reflexiones están contenidas en el libro ¨Curso de lingüística general¨. Esta magistral producción fue publicada en el año 1916 y precedida de numerosas ediciones. En ella, queda definido por vez primera el objeto de estudio de la lingüística: la lengua. Por esta y otras razones, el referido lingüista ha sido considerado el padre de la lingüística moderna.
Desde el primer acercamiento a la obra que nos ocupa, es perceptible el cuidado de Saussure en mantener bien definidas las fronteras entre los dominios que pertenecen al habla y los que pertenecen a la lengua. Estos junto al lenguaje han sido desde siempre conceptos generadores de polémica. Existen quienes no establecen ninguna diferenciación entre este término el de lengua. Tal es el caso del psicólogo Corbin J. (2008) quien define el lenguaje como “un sistema de comunicación formado por signos de tipo oral y escrito…”. En cambio, para Saussure se trata de una capacidad exclusivamente humana implicada en la comunicación lingüística, sin embargo, utiliza poco dicho el término ya que se centra en las diferentes aristas que permiten la comprensión general de esta facultad que solo tiene sentido a través de la lengua y del habla.
En la primera parte, nos ofrece una ojeada sobre el origen de la lingüística, en donde subraya el papel de ciencias como la gramática, a la que a su vez crítica severamente. Saussure considera esta ciencia excesivamente normativa, razón por la cual descuida la verdadera naturaleza de la lengua. A pesar estas las limitaciones de la gramática, no puede dejar de reconocerse el papel significativo que esta disciplina científica ha ofrecido para los estudios lingüísticos. La misma, con errores y virtudes, constituye parte importante de los cimientos para una ciencia de la lengua autónoma.
Uno de los aportes más destacados en la parte inicial de esta producción, es el de Franz Bopp quien con una gramática comparativa logró con un alto grado de asertividad la comprensión de una lengua a partir de su comparación con otras. No menos desdeñables para Saussure es el papel de los neogramáticos encabezados por Whitney. Gracias a ellos, se reconoció en la lengua un carácter social que nuestro lingüista apoya encarnizadamente. Su postura a favor de esta nueva concepción y su posición en contra de la lengua como un producto natural, lo vincula de alguna manera a la teoría interaccionista social, quienes según Gleason (1999), consideran que los factores biológicos son insuficientes y es necesaria la intervención de las fuerzas colectivas. De este modo, Saussure califica esta importante actividad humana como convencional. Sin duda, la misma es una práctica social que influye en los entes sociales y a la vez recibe de ellos sus influencias.
En otro orden, Saussure reconoce la existencia de factores externos a la lengua que inciden considerablemente en sus elementos internos produciendo modificaciones. Unos de estos factores externos es la escritura, la cual ha sido sobre evaluada de tal manera que se ha olvidado su rol como representación de la lengua y se le ha otorgado un lugar no solo igualitario con ella, sino primario. Por esta razón, el referido investigador se revela ante el hecho considerándola como una usurpadora y distorsionadora de la verdadera naturaleza de la lengua.
Aunque es indiscutible la importancia de la escritura, pues ha permitido plasmar hechos de toda índole facilitando su conservación y su aprovechamiento a generaciones posteriores, es cierto que su indetenible prestigio ha entorpecido desde su origen los estudios lingüísticos. Así, la constante evolución de la lengua hablada hace cada vez más amplia la frontera respecto a la escritura, la cual no goza de la misma capacidad de transformación. Es esta falta de correspondencia la que, de acuerdo con Saussure, ha dado cabida a grandes errores ortográficos.
Por las anteriores razones, el nombrado lingüista se interesa por el estudio de los sonidos en sí mismos, sin el apoyo entorpecedor del signo gráfico. La preocupación por el estudio del estado natural de la lengua es lo que permite la aparición de la fonología como ciencia auxiliar. De acuerdo con García y De los Santos (2003), esta disciplina enfoca su atención en el análisis de “aquellas características fónicas que al oponerse a otras determinan diferencias de significados entre términos, expresiones y enunciados”. Con ella, se intenta reparar el error de los lingüistas clásicos y aclarar aspectos que la escritura no permite, pues, como fue señalado, la grafía no guarda una correspondencia exacta con los signos de la lengua. Estos signos, dicho sea de paso, también han sido objeto de serias confusiones, ya que muchos desconocen en él la existencia de un vínculo entre un concepto y una imagen acústica. Así mismo, ponen en entre dicho su carácter arbitrario. Intentando extinguir estos errores, el referido estudioso de la lengua sugiere no hablar de fonemas cuando haya que referirse al signo y se esfuerza en contradecir todas las objeciones hacia las ideas ya destacadas.
Por su parte, resulta paradójico el planteamiento de Saussure sobre la inmutabilidad y mutabilidad del signo ¿puede el signo lingüístico ser estático y cambiante a la vez? Ciertamente, en el signo lingüístico existen aspectos que cambian y otros que permanecen. El lingüista expresa que si bien el significante es elegido libremente en relación con el significado que designa, este es impuesto a la comunidad lingüística y la llama cara forzada. No significa esto que no ocurran en él modificaciones. La lingüística diacrónica nos muestra que con el paso del tiempo evolucionan en menor o mayor medida todos los aspectos de la lengua. De manera que no es de extrañar que ocurran desplazamientos en la relaciones entre significado y significante. Sin embargo, estas alteraciones solo son posibles mediante la acción de la fuerza colectiva y del factor tiempo como agente que actúa sobre dichas fuerzas, modificando los estados de la lengua.
Reconociendo que los estados de la lengua son unas de las aristas más importantes que de la misma puede estudiarse, en la segunda parte de la producción que nos ocupa, Saussure nos expone ampliamente sobre la lingüística sincrónica. Como bien aclara dicho investigador, la lingüística sincrónica desdeña los factores históricos concentrando su atención en los estados de la lengua a los que concibe como un periodo de tiempo más o menos largo en el cual los cambios son pocos. Saussure se preocupa por no incluir el término época para no dar la impresión de referirse con él a los factores externos de la lengua y evitar posibles enredos. En esta parte, además, abunda sobre los signos como entidades concretas de la lengua y su interdependencia. También señala la dificultad para la definición de la unidad lingüística, que comúnmente se ha confundido con la palabra. Sin duda, junto a la definición de un objeto de estudio, ha resultado ser unas tareas difíciles de los estudios lingüísticos y el tropiezo de mayor envergadura para la lingüística sincrónica.
Saussure, con una actitud crítica, se empeña en aclarar otros términos difusos como la entidad, la realidad y los valores, agotando sus esfuerzos en este último por ser elemental para la lingüística sincrónica. Su importancia radica en que todo elemento lingüístico es lo que es de acuerdo con su valor en la cadena hablada. En otras palabras, su valor es adquirido por “ser lo que otros no son”, con lo que retoma y corrobora el papel primordial de las oposiciones. Estas oposiciones, que se mueven en diferentes direcciones, son las que nos permiten comprender la operación de los elementos que componen la lengua y a la vez dan cuenta de cuán intrincado es el lenguaje como totalidad.
Además de las oposiciones, la lengua está basada en relaciones que, en su primera fase, tienen carácter virtual. Esto significa que las asociaciones tienen origen en la mente de los sujetos para luego presentar su aspecto material. Saussure las clasifica en sintagmáticas y asociativas y, por las razones expuestas, García (2001) las califica como relaciones reales y virtuales, respectivamente. Las primeras se refieren al vínculo o dependencia de las unidades lingüísticas con las unidades que le anteceden y le siguen en la cadena hablada, mientras que las asociativas son un tipo de relación entre la unidad elegida y las demás unidades que podrían haber sido elegidas dentro del repertorio lexical de quien enuncia. Ambas están estrechamente vinculadas al término valor ya señalado debido a que dependiendo del tipo de relación entre el elemento elegido y los otros en el discurso también dependerá el valor que adquiera.
La dependencia recíproca de las unidades de la lengua y la importancia de las agrupaciones son demostradas por Saussure al tratar el tema de los mecanismos sintagmáticos. De acuerdo con el lingüista, se refiere a la subordinación que las unidades de la lengua tienen respecto a los que le anteceden y siguen en la cadena hablada. Difiere notablemente de la asociativa, ya que esta última surge de la evocación que cualquier palabra hace de todo lo que se asocia a ella sin tomar en cuenta la sucesión. Durante la explicación de estas diferencias, el autor introduce el término arbitrariedad para referirse a que el signo es inmotivado. No obstante, habla también de una motivación relativa. Esta limitación encontrada por Saussure es una de sus grandes preocupaciones, ya que pese a ser un concepto prioritario, hasta el momento ha sido poco tomado en cuenta. Saussure además plantea el problema de la división de la gramática. Cuestiona y se muestra en contra de separación de la morfología y la sintaxis, así como de la exclusión de la lexicología, pues estas disciplinas son interdependientes.
La tercera parte de “Curso de lingüística general” está dedicada a la lingüística diacrónica. Es aquí en donde Saussure deja definido con más claridad el contraste entre esta y la lingüística sincrónica. En este apartado, explica los cambios generados en la lengua con la acción del tiempo. Resalta el papel de la fonética en la explicación de parte de esos cambios. El lingüista nos invita a abandonar la superficialidad, mediante la exposición de las fallas de todas las posturas que han surgido para explicar las causas de las transformaciones y que necesitan de un análisis más detallado. Al mismo tiempo, coloca la analogía como un procedimiento sustancial para la explicación de las transformaciones, demostrando que todas las formas innovadoras están hechas a imagen de otra. Coseriu (1986) se refiere a este procedimiento como “una tendencia a la regularidad”. Los planteamientos sostenidos al respecto por Saussure sugieren que es la incompetencia de los lingüistas tradicionales lo que dificulta determinar el origen de una forma nueva.
En la cuarta sección del curso, Saussure abandona la lingüística interna y profundiza en las relaciones del fenómeno lingüístico con el espacio, resaltando lo sorprendente que resultan las divergencias entre una y otra comunidad lingüística y cómo esta divergencia hace que cada comunidad sea consciente de su idioma. Plantea que cada pueblo cree en la superioridad de su idioma, sin embargo, como ya muchos sabemos esto no siempre es así. Es sabido que esta situación está muy ligada a factores socioeconómicos. Existe el llamado complejo de inferioridad lingüística, concebido como la inseguridad de un hablante en manifestar en sus actos de habla las particularidades de su lengua por considerarla menos prestigiosa en relación con las demás. Esta coyuntura tiene su origen en la lucha de clases, pues los grupos que poseen el poder son quienes imponen como prototipos sus patrones culturales y lingüísticos. Alba (2003) alude a esta situación cuando se refiere a los términos estigma y prestigio como condicionantes de los usos o preferencias lingüísticas.
Por otro lado, el afamado lingüista plantea dos problemas sobre la diversidad geográfica. El primero consiste en la imposibilidad de encontrar un parentesco universal entre las lenguas. La segunda es la imposibilidad de establecer los límites de la lengua en correspondencia con los límites geográficos, pues no existe una repartición precisa entre unas determinadas lenguas para unos determinados territorios. Lo que es indiscutible es que con la acción del tiempo la lengua habrá evolucionado, aunque dicha evolución no será uniforme en toda la superficie del territorio que abarque.
En la quinta y última parte de “Curso de lingüística general” Saussure hace evidente la necesidad de renunciar al método prospectivo y sugiere el empleo del método retrospectivo para el estudio de la lingüística diacrónica ya que mediante este es posible reconstruir la forma primitiva de una unidad mediante la comparación entre esta y otra con el mismo origen. Además critica el exagerado rol que se otorgó al sánscrito en la comparación pues era visto como el representante adecuado de un grupo completo sin intentarse siquiera conocer más claramente el estado primitivo que estos tenían en común.
Como podemos apreciar, desde sus orígenes, los estudios de la lengua han estado impregnados de concepciones erróneas. Sin embargo, estas erratas resultan hasta cierto punto justificables, pues la lengua es un campo muy vasto y la cantidad de aristas que se desprenden de ella complican su abordaje. Es precisamente por dicha condición que ha requerido del auxilio de otras disciplinas. Pese a esta situación, hay que destacar que han sido numerosas e impresionantes las conclusiones a las que han arribado los estudiosos del área desde sus inicios. Algunos superficialmente, otros con mayor grado de profundidad han llegado a asumir posturas que de forma gradual se hacen más lógicas y llevan a la lingüística por caminos cada vez más sistemáticos. Así, los estudios de la lengua pueden compararse con un niño que, como es natural, ha aprendido a caminar de forma progresiva. Sin duda, el curso de lingüística general de Ferdinand de Saussure representa la fase determinante con la que pudo lograr sus primeros pasos.
El análisis Saussureano cuenta con la limitación de estar enfocada en la palabra, lo cual dista mucho de ser el centro de estudio de la lingüística contemporánea que aboga por la primacía del sentido de totalidad del discurso. Sin embargo, se caracteriza por un alto grado de reflexión y profundidad. Buscando a lo largo de la historia todas las fallas que han enmarañado los estudios de la lengua, Saussure logra estructurar sus ideas mediante comparación y contraste. Con ello, ha logrado marcar un antes y después en la lingüística al aclarar conceptos necesarios para su maduración. Si bien muchos conceptos han quedado aun a obscuras, no hay uno solo de ellos en el cual el padre de la lingüística moderna no haya despertado al menos la curiosidad, diligenciando así la gestación de nuevas e interesantes investigaciones. Por las condiciones descritas, “El Curso de lingüística general” es incuestionablemente un tesoro para la lingüística moderna.
Finalmente, hay que destacar que no hay nada simple en lo que respecta a la lengua. Su dificultad no solo está determinada por los complejos procesos mentales que la envuelven, sino que su realidad cambiante imposibilita encontrarse con un objeto estático que permita arribar a una culminación de sus investigaciones. Muy al contrario, la lengua es y seguirá siendo generadora de nuevos e interminables estudios, así como de rivalidad de opiniones. Los analistas de la lengua tendrán siempre un universo inmenso por explorar, en donde la comprensión de las asociaciones, analogías y oposiciones continuarán siendo claves para desenredar las nuevas imprecisiones y arribar a importantes conclusiones.











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