El 26 de Enero del 2021, el Jurado del Premio Nacional de Literatura de la República Dominicana decidió escoger, como ganador de ese galardón para este año, al Poeta, Ensayista, Crítico Literario, Prosista e Historiador Manuel Mora Serrano, basados en su obra de 60 años dedicados a la escritura y animar la cultura dominicana a través de sus trabajos literarios y de investigación.
Manuel Mora Serrano es además abogado egresado de la antigua Universidad de Santo Domingo en 1956 con el título de doctor en derecho, pero su pasión—así lo ha manifestado en diversas ocasiones—es la literatura y afirma que “aunque no estudié letras ni filosofía, pero me apasiona escribir”. Manuel Mora Serrano —Manolito— como lo llaman sus amigos y conocidos nació en Pimentel un 5 de Septiembre de 1933 en la Provincia Duarte, fue Fiscalizador en Pimentel, en Villa Altagracia, en Mao y Juez de Paz en San Francisco de Macorís.
Conversador impenitente, Manolito se granjeó en San Francisco de Macorís unas amistades en el derecho y la literatura que aún conserva. Cayo Claudio Espinal y Orlando Morel han disfrutado de su verbo fluido, su enjundia y sus genialidades. Apurador insaciado de la quinta esencia de la melaza —la que en estos años ha cambiado por el fruto de la vida— era el numen con que acompañaba sus largas tenidas verbales, en el derecho por igual Manuel Mora Serrano se granjeó grandes amigos. ¿Quién no recuerda los encuentros con el Magistrado Felix Espinal acompañados del Colombiano Luis Carlos Tamayo? Rindiendo largos ritos al Dios Baco.
Pero su producción literaria es más importante que su impronta social y jurídica. Manuel Mora Serrano es sin lugar a dudas una de las plumas más prolífica que tiene la República y una de las que más huellas ha dejado en la literatura nacional, la investigación literaria y la difusión literaria.
La obra de Manuel Mora Serrano no ha sido comprendida quizás porque no ha sido difundida como debiera de ser. El autor comenzó muy joven su obra literaria y no solo escribió poesías, sino ensayos, prosas, textos de la educación formal dominicana y novelas, ha ganado el premio Siboney, el Premio Nacional de Literatura entre otros, es miembros de círculos de autores y de literatura y, en fin, es un icono de la literatura y la cultura nacional.
Abrevado en las mejores prácticas del pueblo del interior de la República, Mora Serrano consumió todo el costumbrismo que le proporcionó Pimentel, anteriormente llamado “Barbero”, esas vías ferroviarias que cruzaban todo el norte de la República desde Samaná hasta La Vega, la misma que trajeron consigo el acordeón a principio de 1900 son las que con sus herrumbre le enseñaron la sencillez de la sabiduría “campuna”. Manolito representa todo eso: Costumbrismo, sabidurías, refranes y las historias urbanas que le formaron.
“Recuerdo que la gente consideraba a los poetas una lumbrera, yo nunca he entendido que quiere decir el pueblo con lumbrera” y suelta una carcajada. Su humildad pueblerina no le permite aceptar tranquilamente que él representa el último batallón de la literatura real, le nace de la pasión por la escritura, la que concentra una línea comunicacional entre el corazón y el cerebro que permite hacer belleza con la pluma, ese es Manolito.
Hijo de un hogar particularmente interesante un juez de pueblo Manuel Maria Mora Jimenez y de una maestra de escuela Maria Ofelia Serrano encontró en el hogar todo cuando se requería para cultivar el sentido lúdico de la vida y el amor por las letras.
Como obras narrativas se cuentan en su haber “Celebración del vino oscuro” (1987), Sinfonía en miedo mayor con Cristianne Grande” (2010) “La Luisa” una obra que le costó más de cincuenta años escribir, la inició en el 1964 y la concluyó en el el 2016, “el precio del fervor” (2000).
En el cuento, Manolito Mora escribió “El día que Dios oye al pobre” (1987), “Juego de Dominó” (1973) reeditada en el 2005, “El ángel plácido” (2010). Una de sus obras más importantes, sin que por ello las demás no lo sean, fue “Historia de la Literatura Dominicana e Hispanoamericana” (1978).
El autor se queja amargamente de cómo ha cambiado el Interés (o el desinterés) por la poesía en la sociedad nuestra, recuerda que en Santiago mientras visitaba el palacio de justicia dentro de su práctica como abogado apareció alguien que habiendo usado al limpiabotas (un personaje obligado en cada Palacio de Justicia del país) cuando él fue a lustrar sus zapatos le dijo al muchacho con sobrado orgullo “limpiale bien que ese señor es un poeta”. Ese señor era Agustín Guzmán, un sonetero santiaguero que ya nadie recuerda.
El mundo cambia, eso es inevitable, podemos perder el gusto y la valoración de la poesía y la buena literatura pero lo que nunca cambiará son las letras que ha escrito un alma poética, un escritor de luces, una pluma lúdica como la de Manuel Mora Serrano.
El autor es abogado y periodista
Samaná, 12.03.2021











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