El Premio Nacional de Literatura, otorgado en el presente año a Manuel Mora Serrano, es un merecido reconocimiento a su larga trayectoria como poeta, narrador y ensayista, así como a su extraordinaria labor de historiador, crítico, investigador literario, gestor cultural y periodista. Ese aval ha permitido que su premio haya tenido un fuerte y positivo impacto en la comunidad cultural de nuestro país.
Manuel Mora Serrano pertenece dentro de la historia de la literatura dominicana a la promoción literaria denominada Independientes del 50, siendo, además, cofundador de la Sociedad Literaria Admiversa, aglutinadora en su momento de talentosos jóvenes escritores, algunos de los cuales alcanzarían posteriormente trascendencia en la vida literaria de nuestro país.
La investigación y los ensayos de Manuel Mora Serrano le ha permitido iluminar importantes movimientos y períodos de nuestra historia literaria: Postumismo y vedrinismo, primeras vanguardias dominicanas, y Modernismo y criollismo en el siglo XIX, son hoy dos referentes imprescindibles para el estudio de nuestras letras.
Por otra parte, su poesía muestra una gran fuerza lírica y una voz muy personal, tanto la entregada de manera parcial en sus libros Celebración del vino oscuro y Miedo mayor, como la ya publicada en revistas y periódicos durante décadas. La publicación y estudio del conjunto de su poesía permitirá completar el juicio acerca de los aportes estéticos de su promoción a la historia de la literatura nacional.
Su obra narrativa es también de gran relevancia: Juego de dominó, Goeíza, Decir samán y La Luisa, entre otros textos, por sus originales matices formales, así como por el posicionamiento crítico frente a nuestra realidad social, forman parte destacada de la novelística dominicana. Goeiza, su segunda novela, ganó Premio Siboney del año 1979.
Es importante resaltar también el papel de divulgador y gestor literario realizado por Manuel Mora Serrano, para reinvindicar o exaltar a figuras que, según su criterio, estaban siendo injustamente ponderadas o merecían un reconocimiento mayor, como sucede con la obra de Domingo Moreno Jiménez y de Freddy Gatón Arce. Al primero le dedicó tres antologías.
Igualmente loable es el continuo respaldo que ha brindado durante toda su vida a los jóvenes escritores dominicanos, acompañándolos en las tareas de formación, estimulándolos, dándolos a conocer como si fueran verdaderos acontecimientos, relacionándolos en los círculos de poder cultural e intelectual, y conquistando y defendiendo el espacio que los marcaría y consagraría en el tiempo. Cumplir de manera desinteresada y abnegada esa función revela su condición humana.
Manuel Mora Serrano trabajó duro, a dos manos, en tiempos difíciles en los que escaseaban las oportunidades, haciendo lo imposible; con una mano hizo su obra, con la que enriquece la bibliografía nacional, y con la otra respaldó el talento, para no formar parte de la injusticia que hacía que se perdiera. Esos son sus hechos, a su talante ético unió el fruto que lo sitúa en la historia.











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