Es de todos conocidos el impacto de la presente coyuntura general educativa, la que nos mueve a compartir algunas disquisiciones. El año escolar 2020-2021 se apertura con 5,860 estudiantes en el sector privado de la Regional de San Francisco de Macorís, menos que en el año escolar 2019-2020. El personal docente se redujo a las dos tercera parte. El número de centros educativos está en erosión… Mientras el señor presidente de la República dice estimular y apadrinar empresas para que estas garanticen empleo, en los Centros Educativos Privados, 200 humildes maestros han pasado ya al desempleo.
El estado invierte en cada alumno del sector oficial cerca de RD$ 100,000 (cien mil pesos) por un año escolar, mientras en el subsistema privado de esta demarcación provincial por la escolaridad de un estudiante se invierte en promedio la tercera parte del costo en lo público.
Las familias de clases medias invierten mucho menos en servicios educativos que lo que pagan por el seguro de un auto, dos días de Resort, un pasaje al exterior, imagen personal, bebidas alcohólicas, juegos de azar y necesidades superfluas… La cuota de los centros educativos en este nordeste no es cara, lo que resta es prestigiar la inversión en Educación y eso es un indicador de sub desarrollo, entre nosotros.
En estos momentos muchas familias muestran angustias ante la posibilidad de que algún centro educativo al que habían confiado la escolaridad de sus hijos pueda terminar su existencia, en este proceso de incertidumbre.
Ninguna familia está secuestrada en un centro educativo porque es un derecho de cada una, inscribir a sus descendientes en el centro educativo de su agrado y confianza, según la diversidad de opciones en lo local, nacional e internacional y conforme a las disponibilidades de inversión. La cobertura privada sigue siendo demandada, a pesar de que desde hace alguna década en este país se ha promovido la teoría del Estado docente, pese a que el imperio Romano y la URSS estén sepultadas.
Hay quienes desean justificar su nihibismo satanizando lo privado y colocando escombros en su trayecto. Comparto la idea de que el presupuesto educacional público se ejecuta con sobrado interés de impactar sectores económicos y empresariales. También de que penosamente lo que se enseña y cómo se aprende tiene la opinión favorable del Banco Mundial y los intereses metropolitanos. De ese paquete ideológico es compromisaria la ADP a través del pacto por la Educación del 2014, por medio del Consejo Económico y Social…
Al cierre del presente año escolar, se percibirá a nivel general alta tasa de deserción, absentismo, retroceso en los indicadores culturales, pérdida de calidad y erosión en la vocación de servicio. No es momento de rendirse sin combatir, hay que resistir y generar luz en medio de la incertidumbre para seguir enriqueciendo iniciativas, para garantizar estar en la vanguardia didáctica de que son merecedoras las jóvenes generaciones, asi lo requiere el contexto del presente.
Siempre en el país después de una gran crisis se había aprobado una ley general de austeridad para todos los sectores. Así aconteció al final de la primera guerra mundial y la primera ocupación norteamericana; cuando la depresión del 1929 y el ciclón de San Zenón; también luego de la guerra civil y patria del 1965, la austeridad se mantuvo hasta el 1971.
Sin embargo, en medio de esta pandemia, sin diagnóstico disponible se penaliza a unos sectores y se incentiva a otros. El sector educacional privado es diverso, desde los espacios territoriales hasta la estratificación social; hay sectores con exenciones fiscales y privilegios en que el Estado ha aportado planta física, pago de recursos humanos y tecnológicos. También acuerdos de amparo en centros que no han sido rentables. Este no es caso de todos, otros están cerrando sus puertas.
Esta realidad impactará en una crisis cultural y el mismo Estado que debía garantizar Educación y Cultura a la población está estimulando la crisis en lo privado. En medio de este drama, el Senado de la República ha aprobado un proyecto de ley que prohibiría la tradición consuetudinaria de la Reinscripción al inicio de cada año escolar, proyecto que está en la Cámara de Diputados en donde los niveles de racionalidad son más escasos.
La reinscripción se concibe como parte de la compensación por derecho académico y la misma figura en el presupuesto de cada centro, porque ante las limitadas disponibilidades de muchas familias, la ausencia de conciencia sobre inversión en Educación, las administraciones de los centros estiran al mayor número de cuotas posibles, a fin de viabilizar que cada familia escoja el centro y cuota adecuada a sus disponibilidades. Se reconoce que muchas personas de limitados ingresos reciben servicios en centros de educación privada y muestran conciencia sobre el valor de invertir en escolaridad, que es el mejor legado que pueden dejar a sus descendientes.
La mejor forma para desprestigiar a los centros privados es multiplicando la calidad en los oficiales para que ellos sean preferidos por todo el espectro social. Pero como sostuvo Dilthey “ Según sea la sociedad, así será la Educación”. El sistema económico, social y político que vive la República Dominicana no es propicio para un Estado-docente y la ley sustantiva de la nación establece “libertad de empresa, (art.50) y derecho de propiedad (art. 51).
Toda empresa para existir debe ser rentable, debe tener plusvalía y ésta reinvertirse en el capital, porque la mercancía por la que usted paga en el 2020, 5 mil pesos, en el 2021 tendrá otro costo. Esto lo describe Karl Marx, el que no avanza retrocede; se queda emparedado en los vericuetos no vencidos y desaparece como decenas de escuelas privadas en este Nordeste sepultadas en el olvido sepulcral.
Ha habido legisladores cuya principal oferta de campaña fue enfrentar la Educación privada. El autor del presente artículo tiene alta autoestima por ser docente, pero si algún colega optara por ser legislador ojalá que fuesen respetuosos de la Constitución, que no legislasen para favorecerse a si mismos, tampoco fijaran los honorarios de las orquestas musicales, no penalizasen sectores sin diagnóstico en medio de esta coyuntura y propugnaran por una ley general de austeridad.
Si el proyecto comentado se convierte en ley sería aplicada y respetada por los centros educativos, los cuales tienen en su ideario cumplir las leyes del país.
Como Sócrates beberemos el veneno porque juró cumplir las leyes de la ciudad. Pero Sócrates, la víctima de ayer es la que ha trascendido ante el Estado Griego, que había caído en el tradicionalismo y arrogante acosaba la crítica y la innovación que se gestaba en lo que había sido la médula de la cultura occidental; igual a la casi totalidad del mundo que nos contiene.
Ojalá que los actores de los centros educativos tanto del sector oficial como del privado nos acerquemos para enfrentar juntos los desafíos del presente…











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