Dieciséis de enero del año 1978, es creada la Diócesis de San Francisco de Macorís la cual comprende tres provincias: Duarte, María Trinidad Sánchez y Samaná.
Su primer obispo fue su eminencia Nicolás de Jesús López Rodríguez, hoy arzobispo jubilado de la Arquidiócesis de Santo Domingo.
Por la diócesis también han pasado unos tres Monseñores como Juan Antonio Flores Administrador Apostólico, Jesús María de Jesús Moya, Obispo Titular y Fausto Ramón Mejía Vallejo, actual representante.
Desde el 1978, estas tres Provincia han tenido el calor esperanzado de un grupo de hombres y mujeres consagrados que acompañados de una legión de laicos han sido y son signos de esperanza en tres Provincias influenciadas por el crecimiento económico, en rubros como el cacao, el arroz, la pesca entre otros.
Por primera vez un hombre de las entrañas de la región nacido en San Francisco de Macorís, pero desarrollado en una gran comunidad llamada Las Gordas, del Municipio de Nagua, asumirá la responsabilidad de continuar el desarrollo eclesiástico en la Región.
Freddy De La Cruz Baldera, Sacerdote formado en Alemania y que viene de ser rector de la gran Universidad Madre y Maestra de Santiago de los Caballeros.
¿Qué panorama nos entusiasma?
La grandeza de unos pueblos que a pesar de los pesares hoy mantienen una enorme resiliencia. Que son ciudades que mantienen una FE muy elevada, con la firme esperanza de que un prelado pueda interpretar los signos de los tiempos, que pueda saber que las grandes necesidades padecidas por la humanidad tienen su origen en un desconocimiento teológico.
Su anuncio debe estar fundado en procura de lograr la unidad de lo interior, unidad que debe significar un modelo de vida hacia lo exterior. Que claramente comulgue con el mensaje de Jesucristo.
Nuestros pueblos requieren de una urgente remodelación comenzando por llegar hasta donde están los más pobres, no con discursos fríos y extravagantes, sino con soluciones prácticas y urgentes.
Acompañar a un pueblo que cada día pierde la FE en las instituciones, que observa con resquemor la complicidad y el silencio de quienes están llamados a levantar la voz ante la vorágine que se nos viene encima. Anunciar el evangelio es un mandato sagrado.
No sigamos permitiendo que la confusión y el afán mundano nos roben ese misterio renovador eficaz y transformante, Monseñor Freddy sus pueblos los esperan, disponga usted de la sabiduría que viene de lo alto en bien de todos.
Licdo. Pedro Tirado










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