Querido don Quijote, a mi me pasa lo mismo que a usted, tengo una Dulcinea de Tolvoso. Pero la mía es de Tenares, a quien amo y me tiene loco, pero ella no sabe que la amo. Don Manolo, a nuestra edad lo mejor es que ella desconoce nuestros nobles sentimientos, porque no tenemos respuestas para darle a sus virtudes de mujer más joven que nosotros, porque amándola solo podemos usar nuestro cuerpo en la madrugada, cuando los brazos estén más descansados antes de hacer pipí y la próstata, nos dé la sensación que aún podemos y estamos vivos.
Don Quijote los gigantes de ahora son más grandes, más desgraciados que los molinos de viento. Sus aspas tienen forma de brazos con bolsillos y no sólo sacan agua, sino dinero que pertenece al pueblo y el pueblo no lee libros de caballería, sino que usa todo su tiempo para ver caballeros desnudos y estúpidos que salen por whatsapp.
Querido Don Quijote, le dijiste a Sancho Panza que las oportunidades son como los amaneceres, si uno espera demasiado, se los pierde, entonces la revolución dominicana es un amanecer perdido, porque ha perdido mucho tiempo creyendo en falsos líderes a quienes terminan siendo los mismos rastreros de siempre desde el 27 de febrero de 1844. Hemos tenido 177 amaneceres perdidos porque tú dijiste que no se puede volver atrás y cambiar el principio o comienzo. Pero puede comenzar donde está y cambiar el final de la forma desgraciada de la vida del pueblo dominicano.
Querido Don Quijote, ayúdame, como lo hiciste con Sancho Panza, a imaginarse que él era gobernador de un gobierno diferente a los que hemos tenido en los últimos cuarenta años, algo más de los siete meses del gobierno de Juan Bosch. Creernos que valió la pena el viaje de Manolo Tavares Justo, a la escarpada montaña de Quisqueya y Camaño está vivo, que no murió junto a Holguín Marte, que el comandante no está muerto. Como canta Ramón Leonardo. “Francisco Alberto, te hiciste el muerto en la tierra y ellos te lo creyeron, qué bueno! Dijeron que estabas muerto. Ellos contaron el cuento, pero ellos no lo creyeron que tú estaba sembrado en el pueblo.
Querido don Quijote, te pido de corazón que me enseñes a no ser cuerdo o los llamados anormales, porque quiero seguir como tú, luchando en contra de gigantes como con forma de molino de viento, que hoy están presos por corruptos, y yo te prometo regalarte para Dulcinea un poema de Pellerano que dice “Yo quisiera mi vida ser burro, ser burro de carga y llevarte en mi lomo a la fuente en busca del agua con que riega tu madre, el conuco con que tu, mi trigueña, te bañas. Yo quisiera mi vida ser burro, ser burro de carga y llevar al mercado tus frutos y traer para ti dentro de la árgana, el vestido que ciña tu cuerpo, el pañuelo que cubra tu espalda, el rosario de cuentas de vidrio con Cristo, de plata que cuál rojo collar de cerezas rodeé tu garganta, yo quisiera mi vida ser burro, ser burro de carga desde el día que en el sierro del monte cojida la falda, el arroyo al cruzar me dijiste sonriendo: “me pasas” y tus brazos ciñeron mi cuello y al pasarte sentí muchas ganas de que fuera muy hondo, muy ancho el arroyo de que fueran muy hondas sus aguas, desde el día que te cuento trigueña, yo quisiera ser burro o ser burro de carga.
Atentamente Manolo Bonilla,
amigo de Sancho Panza.











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