Me parece muy necesario, que empiece este breve ensayo,haciendo referencia a la siguiente aseveración del insigne intelectual francés Jacques Delors, quien en la introducción del informe que presentara la UNESCO por ante ONU, en 1996, sentenció lo siguiente.
“Estamos en los albores de un siglo caracterizado por el ruido y la furia, pero también vivimos y actuamos en un momento, en el que se enfrentan la angustia y la esperanza, viéndose esta última muy entorpecida por la presencia casi hegemónica en la psicología social del sujeto actual, de los contravalores que representan la mentira, el engaño y la manipulación”.
En un escenario como este, todos los que cumplimos funciones orientadoras, educadoras y edificadoras, desde el ámbito de la educación formal e informal, debemos poner especial atención en cultivar los valores ético-educativos por excelencia a la hora construir ciudadanos probos, críticos y reflexivos como son la sinceridad y la integridad.
Orientados por la sinceridad y la integridad los seres humanos aprendemos a no fingir, es decir, siempre o casi siempre, quien incorpora a su personalidad la sinceridad como principio rector de su práctica social, hace que coincidan; lo que piensa, lo que dice y lo que hace.
De igual forma, la integridad; abonada por la sinceridad,construye al propio tiempo en las personas, la fortaleza necesaria para caminar lleno de fe y de confianza por los distractores y confusos senderos por los que el relativismo ético ha puesto a transitar al hombre y la mujer del presente siglo.
Solo valiéndonos de la SINCERIDAD y la INTEGRIDAD, podremos los seres humanos del presente.
No sucumbir frente a la manipulación embrutecedora que el capitalismo salvaje ha puesto a circular en todo el mundo, como arma ideológica eficaz, con tal de seguir exprimiendo a la naturaleza y oprimiendo a los pobres de todo el planeta.
Concluyó insistiendo, en que en un momento tan nebuloso como es el actual, los que hemos asumido el compromiso de militar en ideas redentoras y transformadoras, debemos mostrarle a los demás, que nuestra vida y nuestras acciones son valiosas porque hemos logrado que coincidan, nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones y por tanto, la confianza y la credibilidad que despertamos en todos aquellos con los que nos interrelacionamos, también haga visible, que somos personas que nunca actuamos animados por actitudes ambiguas e inconsistentes y por lo mismo somos dignos de su entera confianza.
¡Es este,el justo momento en el cual debemos librar la gran batalla ético-cultural, con tal de derrotar a los fingidores y simuladores, ya que ellos entorpecen, el necesario predomino de la verdad sobre la mentira y así construir la Libertad, la Justicia y La Paz que todos anhelamos!











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