Por: Glennys D. Torres Salazar M.A., Psicóloga
Es común escuchar frases como “La comida es el combustible de nuestro cuerpo”, “Que tu comida sea tu medicina” o “El mal comido no piensa”, y aunque son expresiones populares, encierran una gran verdad: los alimentos proporcionan los nutrientes que optimizan el funcionamiento integral de nuestro cuerpo. Es por esta razón, que se hace necesario ingerir comida que contribuya a mantenernos saludables, especialmente en la infancia, que es la etapa de la vida con mayor requerimiento de nutrientes para un crecimiento sano y debido desarrollo de capacidades físicas e intelectuales.
Es frecuente, en las consultas de Psicología, ver pacientes con dificultades de aprendizaje y que como resultado de la anamnesis encontremos algo que llama poderosamente nuestra atención: mala nutrición en la primera infancia.
Esas carencias nutricionales, sin lugar a duda, están asociadas a un bajo rendimiento; así lo afirma Rodríguez, 2020 “La alimentación juega un papel muy importante en el crecimiento y el aprendizaje de los niños. A través de los alimentos, los niños obtienen la energía que necesitan para que su cerebro se mantenga activo…y adquieran con facilidad todos los conocimientos”.
A partir de este planteamiento se sugiere que los padres se hagan conscientes de lo que ingieren sus hijos y que eviten comprar comida chatarra cargada de azúcares, grasas saturadas y colorantes, para esto, se recomienda preparar en casa menús variados (procurando ser creativos para llamar la atención de nuestros infantes), donde tengan todos los grupos de alimentos: carnes, pescados, verduras, frutas, lácteos, legumbres y grasas saludables (omega 3 y omega 6), como fuentes primarias para conseguir las proteínas, vitaminas y minerales que nuestro cuerpo necesita.
Este regreso a clases es una gran oportunidad para hacer cambios significativos y que incluyamos en la lonchera de nuestros hijos comida sana:
- Jugos naturales bajos en azúcar.
- Frutas variadas, preferiblemente frescas, de temporada.
- Cereales integrales.
- Proteína líquida.
- Galletas bajas en azúcar.
- Productos lácteos.
- Sándwiches integrales con vegetales y productos cárnicos magros.
- Yogurt.
- Frutos secos; nueces.
Con estos cambios en la dieta de nuestros hijos, en combinación con otros hábitos saludables como ejercicios, dormir bien, motivación, ambientes ricos en estímulos, experiencias formativas gratificantes y apoyo pedagógico, auguramos un exitoso año escolar para nuestros hijos.
La autora Glennys D. Torres Salazar M.A., es licenciada en psicología, mención psicología escolar, con maestría en Educación Inicial. Labora como psicóloga para el Ministerio de Educación.
Patrocinado por CODOPSI, Regional Nordeste, como parte de su programa de psicoeducación a la población en general y Divulgación científica. Las informaciones de este artículo son propiedad exclusiva de sus autores.











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