New York. – Los abusos de las autoridades nacionales y las líneas aéreas contra los/as dominicanos emigrados deben terminar.
Y esto que es una vieja aspiración de nuestros connacionales emigrados tiene que encontrar más aliento en este último trimestre del año, periodo donde mayor es el flujo de remesas como de pasajeros a RD por las festividades navideñas y fin de año.
Es ahora cuando el gobierno de Luis Abinader debe someter al Congreso un proyecto de ley que prohíba a las líneas aéreas el cobro de los 35 dólares por primera maleta. Sólo con esta disposición el “laborioso y piropeado” emigrante dominicano ahorraría mas de 35 millones de dólares anualmente, dinero que pasa a engrosar a las arcas de los monopolios aéreos.
De igual manera, la diáspora demanda para hoy, no para mañana, que el presidente Abinader derogue por ley la altísima carga impositiva con que legislaturas anteriores grabaron la compra del ticket aéreo para viajar a RD y que hacen del mismo uno de los mas caros a nivel mundial. Al año se estima que por este concepto el Estado más de 165 millones de dólares provenientes del maltrecho bolsillo de nuestros emigrados, señor presidente.
Es imperativo que hoy mismo sea modificado el abusivo e inconstitucional decreto 430-17 que no tan solo nos obliga pagar los 10 dólares de turista para viajar al país, sino, y sobre todo, que nos desgrada en nuestra condición ciudadana.
Con decisiones como estas nuestros emigrados y emigradas estarían ahorrando, en caso de que el mínimo de viajeros al año resulte ser de 1 millón, mas de 210 millones de dólares que muy bien pudieran ser usados en la compra de bienes e inmuebles que brinden comodidad y calidad de vida a sus familiares.
Con estas 3 medidas simples que están sujetas a la voluntad política del presidente y a la acción del Congreso bajo control de su partido, PRM, el gobierno autodefinido del cambio estaría rompiendo con la continuidad de políticas publicas anteriores y haciendo realidad partes de sus propias ofertas para la comunidad dominicana en ultramar.
El tiempo de las ofertas paso; estamos en el tiempo de las realizaciones señor presidente.











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