Se distingue como una conquista tangible de la actual gestión de la Academia Dominicana de la Historia haber logrado la promulgación del Decreto 562-20, agregando el 13 de enero como preámbulo introductorio de las Efemérides del mes de la patria en R.D., lo que contribuye a justificar y argumentar la racional explicación y comprensión de nuestros ideales patrios.
La ejemplar vida cívica y profesional de José Gabriel García constituye un aporte relevante al valorar a la nación como la confluencia de lo aborigen, europeo y africanía. Asimismo identifica con certidumbre a Juan Pablo Duarte como la máxima figura de la identidad nacional, al expresar en su vida profesional como soldado de la patria, praxis docente y periodística, el ideario ético del patricio y proyectarlo en sus anhelos para la colectividad nacional.
El legado de eticidad del más encumbrado padre de la patria y de José Gabriel García tiene carácter trascendente. Se aprecia en la actitud de Américo Lugo, pese a las limitaciones por sus concepciones hispanófilas, pero se distingue la verticalidad nacionalista ante la primera ocupación militar norteamericana y al no dejarse doblegar por Rafael L. Trujillo al querer instrumentalizarlo como historiógrafo del régimen.
El pensamiento y praxis ciudadana del cientista social trasciende porque mira más allá de lo efímero, coyuntural, tiene idea de totalidad social, del devenir y los nexos endógenos y exógenos que impactan la realidad.
Se aprecia contenido ético y labor de cruzada cultural en la gestión del Dr. Roberto Cassá, quien hace cerca de dos décadas asumió la gerencia del Archivo General de la Nación en base a un proyecto de trabajo, mereciendo el respeto de diversos gobernantes y de toda la población, porque no ha laborado para un funcionario, para un partido, ni para sí, sino para la patria y su porvenir. El devenir está en la cultura y la vida ciudadana.
La función social del historiador como la del cientista es una labor revolucionaria, en la medida en que propende como Pedro Francisco Bonó y Pedro Henríquez Ureña, a la descripción, explicación y exposición racional de hechos relevantes que acontecen a los humanos, terrerizando progresivamente el saber, el cual tiene energía transformadora y perfectible. Toda la realidad material y espiritual es susceptible de ser abordada por la Historia, cada ciencia es historiable y refleja las peripecias de los investigadores al impugnar ideas vigentes, el mundo de los prejuicios, creencias y apariencias.
Como se enuncia en la declaración de esta delegación del 13 de enero del 2020: «Esta fecha no debe ser aprovechada para creernos merecedores de laudos ni distinciones, sino de compromisos, al precisar que la función social de quienes incursionan en investigación histórica debe propender conforme al padre de la historiografía nacional a juzgar con rigor cada vez más consistentes los hechos relevantes del pasado, asumiendo un rol crítico, orientador, de autogestión dignificante para el porvenir.
Por otra parte, cumplo con el deber de informar que la Delegación Provincial Duarte de la Academia Dominicana de la Historia hace un año sometió una instancia al Concejo Municipal de esta capital provincial para que en esta fecha se inaugurase la rotulación de una calle del municipio con el nombre de José Gabriel García. Se deplora participar que pese a la actitud de flexibilidad y colaboración de esta Delegación Provincial, la anemia y nihibismo institucional que caracterizan a nuestro ayuntamiento local no han facilitado el logro de este objetivo-meta.
Se aprecia como una actitud ética exponer juicios de valor ante la disfuncionalidad municipal, la cual no es coherente con el espíritu del decreto 562-20, ni las ideas municipalistas de Juan Pablo Duarte, tampoco de José Gabriel García como Servidor Público.











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